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éxodo Que es, Concepto y Definicion


éxodo - Diccionario Español

(Del lat. exodus, y este del gr. codo*s, salida).

1. m. Emigración de un pueblo o de una muchedumbre de personas.

Éxodo - Diccionario Perspicacia

Nombre que recibe la liberación que experimentó la nación de Israel de la esclavitud a Egipto. Después de haber prometido a Abrahán que su descendencia heredaría la tierra, Jehová le dijo (a. 1933 a. E.C.) las siguientes palabras: “Puedes saber con seguridad que tu descendencia llegará a ser residente forastera en tierra ajena, y tendrá que servirles, y estos ciertamente la afligirán por cuatrocientos años. Pero a la nación que ellos servirán yo la voy a juzgar, y después de aquello saldrán con muchos bienes [...]. Pero a la cuarta generación ellos volverán acá, porque todavía no ha quedado completo el error de los amorreos”. (Génesis 15:13-16).

El comienzo del período de cuatrocientos años de aflicción debía esperar a que llegara la “descendencia” prometida. Abrahán aún no tenía hijos cuando, algún tiempo atrás, había visitado Egipto durante un período de hambre en Canaán y había tenido algunas dificultades con Faraón. (Génesis 12:10-20). No mucho después de la declaración de Dios sobre los cuatrocientos años de aflicción, cuando Abrahán contaba ochenta y seis años de edad (en 1932 a. E.C.), su esclava egipcia y concubina le dio un hijo, Ismael. Pero catorce años más tarde (1918 a. E.C.), su esposa libre, Sara, también le dio un hijo, Isaac, a quien Dios designó como aquel por medio de quien vendría la descendencia prometida. Sin embargo, todavía no había llegado el tiempo de Dios para dar a Abrahán o a su descendencia la tierra de Canaán, de modo que fueron, como se predijo, ‘residentes forasteros en una tierra que no era suya’. (Génesis 16:15, 16); (Génesis 21:2-5); (Hebreos 11:13).

Tiempo del éxodo. ¿Cuándo, por lo tanto, comenzaron y terminaron los cuatrocientos años de aflicción? La tradición judía los calcula a partir del nacimiento de Isaac. No obstante, en realidad la aflicción se manifestó por primera vez el día en que se destetó a Isaac. Por consiguiente, todo parece indicar que comenzó en 1913 a. E.C., cuando Isaac tenía cinco años e Ismael, diecinueve. Fue entonces cuando Ismael, ‘quien nació a la manera de la carne’, “se puso a perseguir al que nació a la manera del espíritu”. (Gálatas 4:29) «Pero como entonces el que había nacido según la carne perseguía al que había nacido según el Espíritu, así también ahora». Ismael, que en parte tenía sangre egipcia, mostró celos y odio hacia Isaac, entonces un niño muy pequeño, y comenzó a ‘burlarse’ de él. Esto era algo más que una mera riña infantil. (Génesis 21:9) «Y vio Sara que el hijo de Agar la egipcia, el cual ésta le había dado a luz a Abraham, se burlaba de su hijo Isaac». Otras versiones dicen que le “embromaba” (CI, BC [nota: con burlas de mala ley]). La aflicción de la descendencia de Abrahán continuó durante toda la vida de Isaac. A pesar de que Jehová lo bendijo en su vida como adulto, los cananeos lo persiguieron y se vio obligado a ir de lugar en lugar debido a las dificultades que estos le acarrearon. (Génesis 26:19-24, 27). Por último, cuando la vida del hijo de Isaac, Jacob, tocaba a su fin, la predicha “descendencia” entró en Egipto para residir allí. Con el tiempo, esta descendencia llegó a estar en esclavitud.

¿Mediante qué pruebas internas de la Biblia se puede fijar la fecha del éxodo de Israel de Egipto?

Por lo tanto, el período de cuatrocientos años de aflicción se extendió desde 1913 a. E.C. hasta 1513 a. E.C. Asimismo, fue un período de gracia o tolerancia divina para los cananeos, una de cuyas tribus principales eran los amorreos. Para cuando acabase este período, su error se habría completado. Entonces merecerían, sin ninguna duda, ser expulsados por completo de la tierra. El primer paso que Dios daría en este sentido sería volver su atención a su pueblo, que estaba en Egipto, liberándolo de la esclavitud y poniéndolo en camino a la Tierra Prometida. (Génesis 15:13-16).

El período de cuatrocientos treinta años. Otro modo de hacer el cálculo se basa en las palabras que se encuentran en (Éxodo 12:40, 41): “Y la morada de los hijos de Israel, que habían morado en Egipto, fue de cuatrocientos treinta años. Y aconteció al cabo de los cuatrocientos treinta años, sí, aconteció en este mismo día, que todos los ejércitos de Jehová salieron de la tierra de Egipto”. La nota al pie de la página sobre (Éxodo 12:40) «El tiempo que los hijos de Israel habitaron en Egipto fue cuatrocientos treinta años». dice concerniente a la expresión “que habían morado”: “En heb[reo] este verbo está en pl[ural]. El pronombre relativo ´aschér, ‘que’, puede aplicar a los ‘hijos de Israel’ más bien que a la ‘morada’”. La Versión de los Setenta vierte el versículo (40) como sigue: “Pero la morada de los hijos de Israel que ellos moraron en la tierra de Egipto y en la tierra de Canaán [fue de] cuatrocientos treinta años”. El Pentateuco samaritano dice: “En la tierra de Canaán y en la tierra de Egipto”. Todas estas versiones dan a entender que el período de cuatrocientos treinta años no abarca solo el tiempo de la morada de los israelitas en Egipto.

El apóstol Pablo muestra que este período de cuatrocientos treinta años mencionado en (Éxodo 12:40), comenzó cuando se dio validez al pacto abrahámico y finalizó con el éxodo. Pablo explica: “Además, digo esto: En cuanto al pacto [abrahámico] previamente validado por Dios, la Ley que vino a existir cuatrocientos treinta años después [en el mismo año del éxodo] no lo invalida, para así abolir la promesa [...]; mientras que Dios bondadosamente la ha dado a Abrahán mediante una promesa”. (Gálatas 3:16-18).

Entonces, ¿cuánto tiempo pasó desde que se validó el pacto abrahámico hasta que los israelitas se mudaron a Egipto? Según (Génesis 12:4, 5), Abrahán tenía setenta y cinco años cuando se marchó de Harán y cruzó el Éufrates camino de Canaán, momento en el que entró en vigor el pacto abrahámico, la promesa que se le había hecho con anterioridad en Ur de los caldeos. Las referencias genealógicas de (Génesis 12:4) «Y se fue Abram, como Jehová le dijo; y Lot fue con él. Y era Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió de Harán». (Génesis 21:5) «Y era Abraham de cien años cuando nació Isaac su hijo». (Génesis 25:26) «Después salió su hermano, trabada su mano al calcañar de Esaú; y fue llamado su nombre Jacob. Y era Isaac de edad de sesenta años cuando ella los dio a luz». así como la declaración de Jacob en (Génesis 47:9) «Y Jacob respondió a Faraón: Los días de los años de mi peregrinación son ciento treinta años; pocos y malos han sido los días de los años de mi vida, y no han llegado a los días de los años de la vida de mis padres en los días de su peregrinación». permiten deducir que pasaron doscientos quince años desde que se dio validez al pacto abrahámico hasta que Jacob se mudó a Egipto con su familia. De modo que los israelitas en realidad vivieron en Egipto doscientos quince años (1728-1513 a. E.C.). Esta cifra armoniza con otros datos cronológicos.

Desde el éxodo hasta la edificación del templo. Otros dos datos cronológicos concuerdan con este punto de vista y vienen a corroborarlo. Salomón comenzó la edificación del templo en el cuarto año de su gobernación (1034 a. E.C.), que, según (1 Reyes 6:1) «En el año cuatrocientos ochenta después que los hijos de Israel salieron de Egipto, el cuarto año del principio del reino de Salomón sobre Israel, en el mes de Zif, que es el mes segundo, comenzó él a edificar la casa de Jehová». era “el año cuatrocientos ochenta” después del éxodo (1513 a. E.C.).

“Unos cuatrocientos cincuenta años.” El discurso de Pablo ante un auditorio de Antioquía de Pisidia, registrado en (Hechos 13:17-20), es otra de las fuentes de información. En él se hace referencia a un período de “unos cuatrocientos cincuenta años”. El repaso que hace Pablo de la historia israelita comienza cuando Dios “escogió a nuestros antepasados”, es decir, cuando Isaac nació para ser la descendencia prometida (1918 a. E.C.). (El nacimiento de Isaac aclaró de forma definitiva a quién iba a reconocer Dios como la descendencia, algo que había estado en duda debido a la esterilidad de Sara.) Desde este punto de partida, Pablo pasa a referir los hechos de Dios en favor de su nación escogida, hasta el tiempo en que “les dio jueces hasta Samuel el profeta”. Por lo tanto, el período de “unos cuatrocientos cincuenta años” debió extenderse desde el nacimiento de Isaac, en 1918 a. E.C., hasta el año 1467 a. E.C., es decir, cuarenta y seis años después del éxodo de 1513 a. E.C. (Cuarenta de esos años los pasaron vagando por el desierto y seis, conquistando la tierra de Canaán.) (Deuteronomio  2:7) «pues Jehová tu Dios te ha bendecido en toda obra de tus manos; él sabe que andas por este gran desierto; estos cuarenta años Jehová tu Dios ha estado contigo, y nada te ha faltado». (Números 9:1-2). (Números 13:1, 2, 6); (Josué 14:6, 7, 10). El total encaja con la cifra que da el apóstol, “unos cuatrocientos cincuenta años”. Así, estas dos referencias cronológicas apoyan 1513 a. E.C. como el año del éxodo, y ambas armonizan también con la cronología bíblica concerniente a los jueces y reyes de Israel. (Véase CRONOLOGÍA [Desde 1943 a. E.C. hasta el éxodo].)

Otros puntos de vista. Algunos críticos creen que las fechas de 1513 a. E.C. para el éxodo y, como consecuencia, 1473 a. E.C., cuarenta años después, para la invasión israelita de Canaán y la caída de Jericó, son demasiado tempranas, y ubican estos acontecimientos en el siglo XIV o incluso en el XIII a. E.C. Sin embargo, aunque algunos arqueólogos sitúan la caída de Jericó en el siglo XIII a. E.C., lo hacen basándose en los restos de cerámica encontrados, y no en antiguos documentos históricos u otros testimonios al respecto. Los cálculos basados en restos de cerámica son muy especulativos, como lo muestran las mismas excavaciones de Jericó. Los hallazgos han llevado a los arqueólogos a conclusiones y fechas contradictorias. (Véanse ARQUEOLOGÍA [Diferencias en la datación]; CRONOLOGÍA [Fechas arqueológicas].)

De igual manera, las diferencias de las fechas que dan los egiptólogos para las dinastías egipcias se elevan a siglos, por lo que no son confiables para períodos específicos. Por esta razón, es imposible saber con seguridad quién fue el Faraón del éxodo. Algunos dicen que fue Tutmosis III, otros, Amenhotep II, Ramsés II y otros, pero con muy poco fundamento en todos los casos.

Autenticidad del relato del éxodo. Una objeción que se presenta al relato del éxodo es que los faraones de Egipto no registraron el suceso. Sin embargo, esto no debe extrañar, pues dirigentes de tiempos modernos han registrado solo sus victorias y no sus derrotas, y han intentado encubrir cualquier suceso histórico que perjudicara su imagen personal o nacionalista, o la ideología que tratan de inculcar en su pueblo. Incluso en tiempos recientes los gobernantes han procurado obliterar las obras y logros de sus predecesores. En las inscripciones egipcias, cualquier asunto desagradable o embarazoso para la nación o no se incluía o se borraba tan pronto como era posible. Tutmosis III, por ejemplo, borró el nombre y representación de su antecesora, la reina Hasepsut, de un registro monumental en piedra descubierto en Deir al-Bahari (Egipto). (Véase Archaeology and Bible History, de J. P. Free, 1964, pág. 98 y la fotografía de la pág. 93.)

El sacerdote egipcio Manetón, que debía odiar a los judíos, escribió en griego sobre el año 280 a. E.C. Según el historiador judío Josefo, Manetón (Maneto) dijo que los progenitores de los judíos “llegaron a Egipto en muchas decenas de miles y que sometieron a sus habitantes”, y a continuación Josefo escribe que Manetón “reconoce que posteriormente salieron de aquella región y ocuparon la zona que ahora se denomina Judea, y luego de edificar Jerusalén levantaron el Templo”. (Contra Apión, libro I, sec. 26.)

Aunque en general el relato de Manetón es muy poco fiel a los hechos históricos, lo significativo es que diga que los judíos estuvieron en Egipto y que salieron de allí, y que en otros escritos, según Josefo, identifique a Moisés con Osarsif, un sacerdote egipcio, indicando, aunque los monumentos egipcios no lo registren, que los judíos estuvieron en Egipto y que Moisés fue su caudillo. Josefo habla de otro historiador egipcio, Jairemón, que comenta que José y Moisés salieron de Egipto al mismo tiempo; Josefo también se refiere a una historia similar contada por Lisímaco. (Contra Apión, libro I, secs. 26, 32, 33, 34.)

Cuántas personas salieron en el éxodo. En (Éxodo 12:37) «Partieron los hijos de Israel de Ramesés a Sucot, como seiscientos mil hombres de a pie, sin contar los niños». se da el número redondo de 600.000 “hombres físicamente capacitados a pie”, además de los “pequeñuelos”. En el censo real que se tomó alrededor de un año después del éxodo, tal como se registra en (Números 1:2-3, 45-46), la cantidad ascendió a 603.550 varones de más de veinte años de edad, además de los levitas (Números 2:32, 33), quienes contaban con 22.000 varones de más de un mes. (Números 3:39) «Todos los contados de los levitas, que Moisés y Aarón conforme a la palabra de Jehová contaron por sus familias, todos los varones de un mes arriba, fueron veintidós mil». La palabra que se usa aquí en hebreo para “hombres físicamente capacitados”, gueva·rím, no incluye a las mujeres. (Compárese con (Jeremías 30:6) «Inquirid ahora, y mirad si el varón da a luz; porque he visto que todo hombre tenía las manos sobre sus lomos, como mujer que está de parto, y se han vuelto pálidos todos los rostros». El vocablo “pequeñuelos” traduce el término hebreo taf y hace referencia a los pequeños que andan con pasos cortos y menudos. (Compárese con (Isaías 3:16) «Asimismo dice Jehová: Por cuanto las hijas de Sion se ensoberbecen, y andan con cuello erguido y con ojos desvergonzados; cuando andan van danzando, y haciendo son con los pies». A la mayor parte de estos niños habría que llevarlos, ya que no podrían hacer todo el trayecto andando.

“En la cuarta generación.” Debemos recordar que Jehová le dijo a Abrahán que sus descendientes regresarían a Canaán en la cuarta generación. (Génesis 15:16) «Y en la cuarta generación volverán acá; porque aún no ha llegado a su colmo la maldad del amorreo hasta aquí». En el transcurso de los cuatrocientos treinta años que iban desde que entró en vigencia el pacto abrahámico hasta el éxodo, hubo más de cuatro generaciones, incluso considerando, de acuerdo con el registro, la longevidad de los hombres de aquellos tiempos. No obstante, los israelitas no estuvieron realmente en Egipto más de doscientos quince años. Las ‘cuatro generaciones’ que siguieron a su entrada en Egipto pueden calcularse, usando como ejemplo a una de las tribus de Israel, la tribu de Leví, tal como sigue: 1) Leví, 2) Qohat, 3) Amram y 4) Moisés. (Éxodo 6:16, 18, 20).

El hecho de que saliesen de Egipto 600.000 hombres físicamente capacitados, sin contar las mujeres y los niños, puede indicar que el número total quizás haya sobrepasado los tres millones de personas. Esta conclusión no es de ningún modo exagerada, a pesar de que hay quien la discute. Si bien tan solo transcurrieron cuatro generaciones desde Leví hasta Moisés, cuando se toma en cuenta la longevidad de estos hombres, es posible que cada uno de ellos hubiera visto nacer varias generaciones a lo largo de su vida. Aun en nuestros días, un hombre de sesenta o setenta años a menudo tiene nietos e incluso hasta puede tener bisnietos, lo que haría que cuatro generaciones fuesen contemporáneas.

Aumento extraordinario. El registro dice: “Y los hijos de Israel se hicieron fructíferos y empezaron a pulular; y siguieron multiplicándose y haciéndose más poderosos a muy extraordinaria proporción, de modo que el país llegó a estar lleno de ellos”. (Éxodo 1:7) «Y los hijos de Israel fructificaron y se multiplicaron, y fueron aumentados y fortalecidos en extremo, y se llenó de ellos la tierra». Llegaron a ser tantos que el rey de Egipto dijo: “¡Miren! El pueblo de los hijos de Israel es más numeroso y poderoso que nosotros”. “Pero cuanto más los oprimían, tanto más se multiplicaban y tanto más seguían extendiéndose, de modo que los egipcios sintieron un pavor morboso como resultado de los hijos de Israel.” (Éxodo 1:9, 12). Además, si se tiene en cuenta que se practicaba la poligamia y el concubinato y que algunos israelitas se casaron con mujeres egipcias, no es de extrañar que la población alcanzara los 600.000 varones adultos para el tiempo del éxodo.

Setenta almas de la casa inmediata de Jacob se mudaron a Egipto o nacieron allí poco tiempo después. (Génesis 46). Si excluimos a Jacob mismo, a sus doce hijos, a su hija Dina, a su nieta Sérah, a los tres hijos de Leví y tal vez a otros de los varios cabezas de familia que empezaron a multiplicarse en Egipto, podemos quedarnos con solo cincuenta de los setenta. (Se excluye a los hijos de Leví puesto que no se contó a los levitas en la cifra posterior de 603.550.) Si partimos de la cifra moderada de cincuenta cabezas de familia, y tomando en consideración la declaración bíblica de que “los hijos de Israel se hicieron fructíferos y empezaron a pulular; y siguieron multiplicándose y haciéndose más poderosos a muy extraordinaria proporción, de modo que el país llegó a estar lleno de ellos” (Éxodo 1:7), es fácil demostrar que era factible que hubiese 600.000 hombres en edad militar, entre veinte y cincuenta años, para el tiempo del éxodo. Examine lo siguiente:

En vista del gran tamaño de las familias de aquellos tiempos y del deseo de los israelitas de tener hijos para cumplir la promesa de Dios, no es irrazonable calcular que cada cabeza de familia tuviera, entre los veinte y los cuarenta años de edad, un promedio de diez hijos (más o menos la mitad de los cuales serían varones). Para ser moderados, podríamos considerar que los cincuenta primeros que llegaron a ser cabezas de familia no empezaron a tener hijos sino hasta unos veinticinco años después de haber llegado a Egipto. Podemos, asimismo, reducir en un 20% la cantidad de varones nacidos, debido a que la muerte u otras circunstancias impedirían que algunos tuvieran hijos o que los tuvieran hasta la edad de cuarenta años que hemos propuesto. En otras palabras, esto significaría que en un período de veinte años, los cincuenta cabezas de familia habrían tenido unos doscientos hijos, en vez de doscientos cincuenta, quienes, a su vez, podrían tener familia.

El decreto de Faraón. Otro factor que debe tenerse en cuenta es el decreto de Faraón de dar muerte a todos los varones hebreos que nacieran. Parece ser que este decreto no fue muy efectivo ni duró mucho tiempo. Aarón nació unos tres años antes que Moisés (en 1597 a. E.C.), y al parecer aún no se había emitido el decreto. La Biblia dice de forma explícita que no tuvo mucho éxito. Las mujeres hebreas Sifrá y Puá, posiblemente las encargadas de las parteras, no cumplieron la orden del rey. Parece ser que no instruyeron a las parteras que estaban bajo su supervisión según se les había ordenado. Como resultado, ‘el pueblo siguió haciéndose más numeroso y llegó a ser muy poderoso’. Luego Faraón mandó a su pueblo que arrojara al río Nilo a todos los hijos varones que les nacieran a los hebreos. (Éxodo 1:15-22). Sin embargo, no parece que la población egipcia odiara a tal grado a los israelitas. Incluso la propia hija de Faraón rescató a Moisés. Es posible que Faraón llegara pronto a la conclusión de que perdería valiosos esclavos si el decreto seguía en vigor. Sabemos que más tarde rehusó dejar salir a los hebreos porque no quería perderlos como esclavos.

No obstante, para que la cifra sea aún más moderada, podemos reducir en una tercera parte la cantidad de varones que sobrevivieron durante un período de cinco años, a fin de reflejar los posibles efectos del infructuoso edicto de Faraón.

Un cálculo. Aún con todas estas concesiones, el aumento de la población se aceleraría con la bendición de Dios. La cantidad de hijos nacidos durante cada uno de los períodos de cinco años desde 1563 a. E.C. (es decir, cincuenta años antes del éxodo) hasta 1533 (o veinte años antes del éxodo) sería como sigue:

AUMENTO DE LA POBLACIÓN MASCULINA

a. E.C. Hijos nacidos

De 1563 a 1558 47.350

De 1558 a 1553 62.300

De 1553 a 1548 81.800

De 1548 a 1543 103.750

De 1543 a 1538 133.200

De 1538 a 1533 172.250

Total 600.650

[Notas a pie de página]

Población masculina teórica entre los veinte y cincuenta años de edad al tiempo del éxodo (1513 a. E.C.)

Debe notarse que una pequeña variación en el cálculo, como, por ejemplo, aumentar en uno el promedio de los hijos que le nacen a cada padre, elevaría esta cifra a más de un millón.

¿De qué importancia era la cantidad de personas que salió de Egipto con Moisés?

Además de los 600.000 hombres físicamente capacitados que menciona la Biblia, hubo una gran cantidad de hombres de edad avanzada, una cantidad todavía mayor de mujeres y niños y “una vasta compañía mixta” de personas que no eran israelitas. (Éxodo 12:38) «También subió con ellos grande multitud de toda clase de gentes, y ovejas, y muchísimo ganado». De modo que quizás fueron más de tres millones los que salieron de Egipto. No sorprende que la realeza egipcia no estuviera dispuesta a perder un contingente de esclavos tan importante, pues supondría un duro golpe para su economía.

El registro bíblico muestra que la cantidad de hombres en edad militar era temible: “Y Moab se atemorizó mucho del pueblo, porque era numeroso; y Moab empezó a sentir un pavor morboso a causa de los hijos de Israel”. (Números 22:3) «Y Moab tuvo gran temor a causa del pueblo, porque era mucho; y se angustió Moab a causa de los hijos de Israel». Por supuesto, el temor de los moabitas se debía en parte a los milagros que Jehová había realizado a favor de Israel, pero también era debido al tamaño del pueblo. Difícilmente se hubieran sentido así ante un pueblo de unos cuantos miles de personas. La población israelita varió poco durante su peregrinaje por el desierto debido a que muchos murieron a causa de su infidelidad. (Números 26:2-4, 51).

En el censo que se hizo poco después del éxodo, se contó a los levitas por separado, un total de 22.000 de un mes de edad para arriba. (Números 3:39) «Todos los contados de los levitas, que Moisés y Aarón conforme a la palabra de Jehová contaron por sus familias, todos los varones de un mes arriba, fueron veintidós mil». Puede surgir la pregunta de cómo es que solo había 22.273 primogénitos varones de un mes de edad para arriba en las otras doce tribus. (Números 3:43) «Y todos los primogénitos varones, conforme al número de sus nombres, de un mes arriba, fueron veintidós mil doscientos setenta y tres». Es fácil de entender si tenemos en cuenta que no se contaron los cabezas de familia, que debido a la poligamia un hombre podía tener muchos hijos aunque solo un primogénito y que se contaba el primogénito del varón y no el de la mujer.

Cuestiones en juego. De acuerdo con la promesa que Dios le había hecho a Abrahán, había llegado Su tiempo debido para librar a la nación de Israel del “horno de hierro” de Egipto. Para Jehová Israel era su primogénito en virtud de la promesa hecha a Abrahán. Jacob se había mudado a Egipto con su casa voluntariamente, pero más tarde sus descendientes habían llegado a ser esclavos. Como nación, Jehová los consideraba su amado primogénito, y tenía el derecho legal de librarlos de Egipto sin el pago de una recompensa. (Deuteronomio 4:20) «Pero a vosotros Jehová os tomó, y os ha sacado del horno de hierro, de Egipto, para que seáis el pueblo de su heredad como en este día». (Deuteronomio 14:1, 2); (Éxodo 4:22) «Y dirás a Faraón: Jehová ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito». (Éxodo 19:5, 6).

Faraón se opuso al propósito de Jehová y no estuvo dispuesto a permitir que se marchara esa gran nación de trabajadores esclavos. Es más, cuando Moisés le pidió en el nombre de Jehová que enviara a los israelitas para que le celebraran a Él una fiesta en el desierto, contestó: “¿Quién es Jehová, para que yo obedezca su voz y envíe a Israel? No conozco a Jehová en absoluto”. (Éxodo 5:2) «Y Faraón respondió: ¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehová, ni tampoco dejaré ir a Israel». Faraón se consideraba a sí mismo un dios y no reconocía la autoridad de Jehová, aunque quizás había oído a los hebreos usar el nombre muchas veces con anterioridad. El pueblo de Jehová conocía Su nombre desde el principio, y Abrahán mismo se había dirigido a Dios por su nombre personal, Jehová. (Génesis 2:4) «Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados, el día que Jehová Dios hizo la tierra y los cielos». (Génesis 15:2) «Y respondió Abram: Señor Jehová, ¿qué me darás, siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa es ese damasceno Eliezer?».

La actitud y acciones de Faraón hicieron surgir una cuestión relacionada con la divinidad, de modo que era necesario que Jehová Dios se exaltara a sí mismo por encima de los dioses de Egipto, incluido Faraón, a quien se reverenciaba como un dios. Para ello envió diez plagas sobre Egipto, que culminaron con la liberación de Israel. (Véase DIOSES Y DIOSAS [Las diez plagas].) Se mandó a los israelitas que durante la última plaga, la muerte de los primogénitos, estuvieran preparados en la cena de la Pascua para salir de Egipto. Aunque partieron apresuradamente, instados por los egipcios, que dijeron: “¡Todos podemos darnos por muertos!”, no se fueron con las manos vacías. (Éxodo 12:33) «Y los egipcios apremiaban al pueblo, dándose prisa a echarlos de la tierra; porque decían: Todos somos muertos». Se llevaron sus manadas y sus rebaños, la masa de harina antes de que leudara y sus artesas. Además, los egipcios dieron a los israelitas lo que estos les pidieron: artículos de plata y oro y prendas de vestir. Esta acción, por cierto, no podía considerarse robar a los egipcios, pues a los israelitas se les había esclavizado sin derecho y se les debía un pago. (Éxodo 12:34-38).

Una “vasta compañía mixta” salió de Egipto junto con Israel. (Éxodo 12:38) «También subió con ellos grande multitud de toda clase de gentes, y ovejas, y muchísimo ganado». Todos ellos eran adoradores de Jehová, puesto que tenían que haber estado preparados para salir con los israelitas mientras los egipcios enterraban a sus muertos. Habían observado la Pascua y no habían estado ocupados con el duelo de Egipto y sus ritos funerarios. En buena medida, esta compañía pudo haber estado compuesta por aquellos que de alguna forma estaban emparentados con los israelitas por matrimonio. Tanto hombres como mujeres israelitas habían tomado cónyuges egipcios, como lo muestra el caso del hombre ejecutado en el desierto por injuriar el nombre de Jehová. Era hijo de un egipcio y de una danita llamada Selomit. (Levítico 24:10, 11). Cabe notar también que Jehová dio instrucciones permanentes sobre los requisitos para que los residentes forasteros y los esclavos pudieran comer la Pascua cuando Israel entrara en la Tierra Prometida. (Éxodo 12:25, 43-49).

Ruta del éxodo. Parece ser que los israelitas iniciaron la marcha para salir de Egipto desde distintos lugares. Algunos tal vez se hayan unido al grupo principal a medida que este avanzaba. El punto de partida fue Ramesés, ya sea que este nombre aplique a una ciudad o a un distrito, y en la primera etapa del viaje llegaron hasta Sucot. (Éxodo 12:37) «Partieron los hijos de Israel de Ramesés a Sucot, como seiscientos mil hombres de a pie, sin contar los niños». Algunos doctos opinan que si bien Moisés comenzó la marcha desde Ramesés, los israelitas llegaron desde toda la tierra de Gosén y se encontraron en Sucot como punto de reunión. (MAPA, vol. 1, pág. 536.)

Aunque los israelitas se marcharon de Egipto apresuradamente, instados por los egipcios, no puede afirmarse que lo hicieran de modo desorganizado: “Fue en orden de batalla como subieron los hijos de Israel de la tierra de Egipto”, es decir, tal vez como un ejército de cinco cuerpos: vanguardia, retaguardia, cuerpo principal y dos alas. Además de la hábil dirección de Moisés, Jehová manifestó su propia dirección, por lo menos desde que estuvieron acampados en Etam, proveyendo una columna de nube durante el día, que se convertía en una de fuego para iluminarlos durante la noche. (Éxodo 13:18-22).

Por el camino más corto, hubiera sido un viaje por tierra de unos 400 Km. desde el N. de Menfis hasta, por ejemplo, Lakís, en la Tierra Prometida. No obstante, esta ruta hubiera llevado a los israelitas por la costa mediterránea y la tierra de los filisteos, con quienes sus antepasados Abrahán e Isaac habían tenido problemas tiempo atrás. Como Dios sabía que podían descorazonarse ante un ataque filisteo, pues no conocían la guerra y además tenían a sus familias y rebaños con ellos, les mandó volverse y acampar delante de Pihahirot, entre Migdol y el mar, a vista de Baal-zefón. Acamparon en este lugar, al lado del mar. (Éxodo 14:1, 2).

En la actualidad no se puede trazar con certeza la ruta que siguieron los israelitas desde Ramesés hasta el mar Rojo, debido a que no es posible localizar con exactitud los lugares mencionados en el registro. La mayoría de las obras de referencia dicen que debieron cruzar por lo que hoy se conoce como Wadi Tumilat, en la región del Delta de Egipto. Sin embargo, esta ruta se ha propuesto principalmente porque se ha identificado a Ramesés con un lugar situado en el extremo NE. de la región del Delta. No obstante, como dice el profesor de Egiptología John A. Wilson, “desafortunadamente, los eruditos no están de acuerdo en cuanto a la ubicación exacta de Ramesés. Los faraones llamados Ramsés, en particular Ramsés II, ponían su nombre a ciudades con bastante generosidad. Además, se han desenterrado referencias a esta ciudad en poblaciones del Delta de las que no puede alegarse con seriedad que fuesen ese lugar”. (The Interpreter’s Dictionary of the Bible, edición de G. A. Buttrick, 1962, vol. 4, pág. 9.)

Se han sugerido varios lugares como posible ubicación; estos han gozado de popularidad durante un tiempo y luego se les ha desestimado en favor de otra posibilidad. Tanis (hoy San el-Hagar), a unos cuantos kilómetros al S. de la ciudad mediterránea de Port Said, es uno de los lugares apuntados, así como Qantir, unos 24 Km. más al S. En cuanto al primer lugar, debe notarse que un texto egipcio habla de Tanis y (Per-)Ramesés como lugares distintos, y que parece ser que al menos parte del material desenterrado en Tanis procede de otros lugares. Por ello, John A. Wilson dice más adelante que “no hay ninguna garantía de que las inscripciones que llevan el nombre de Ramesés fueran originalmente del lugar donde se encontraron”. Puede decirse que las inscripciones de Ramsés II encontradas tanto en Tanis como en Qantir solo demuestran cierta relación de estos lugares con Faraón, pero no prueban que cualquiera de estos sitios fueran la Ramesés bíblica construida por los israelitas como lugar de depósito antes del nacimiento de Moisés. (Éxodo 1:11) «Entonces pusieron sobre ellos comisarios de tributos que los molestasen con sus cargas; y edificaron para Faraón las ciudades de almacenaje, Pitón y Ramesés». Como se muestra en el artículo RAAMSÉS, RAMESÉS, la opinión de que Ramsés II fue el Faraón del éxodo tiene poco fundamento.

También se ha propuesto la ruta de Wadi Tumilat, debido a la teoría moderna y popular de que el paso del mar Rojo no ocurrió en realidad en dicho mar, sino al N. del mismo. Algunos eruditos incluso han defendido la idea de que los israelitas pasaron por el lago Serbonis, situado a lo largo de la costa mediterránea, o cerca de este, de modo que después de salir de Wadi Tumilat, se encaminaron hacia el N. en dirección a la costa. Esta opinión contradice directamente la declaración específica de la Biblia de que Dios no guió a los israelitas por el camino de la tierra de los filisteos. (Éxodo 13:17, 18). Otros se inclinan asimismo por la ruta de Wadi Tumalit, pero dicen que cruzaron el “mar” por la región de los lagos Amargos, al N. de Suez.

Mar Rojo, no ‘mar de cañas’. Esta última opinión se basa en el argumento de que la palabra hebrea yam-súf (traducida “mar Rojo”) significa literalmente “mar de juncos, o cañas, espadañas”, y que, por lo tanto, los israelitas no cruzaron el brazo del mar Rojo conocido como el golfo de Suez, sino un mar de cañas, un terreno pantanoso, como la región de los lagos Amargos. No obstante, esta idea no concuerda con la antigua Versión de los Setenta griega, que traduce yam-súf por la expresión e·ry·thrá thá·las·sa, cuyo significado literal es “mar Rojo”. Y lo que es más importante, tanto Lucas, el escritor de Hechos (citando a Esteban), como el apóstol Pablo, usaron este mismo nombre griego cuando relataron los acontecimientos del éxodo. (Hechos 7:36) «Este los sacó, habiendo hecho prodigios y señales en tierra de Egipto, y en el Mar Rojo, y en el desierto por cuarenta años». (Hebreos 11:29) «Por la fe pasaron el Mar Rojo como por tierra seca; e intentando los egipcios hacer lo mismo, fueron ahogados». véase MAR ROJO.)

Además, no hubiera sido un gran milagro si tan solo se hubiera cruzado una zona pantanosa, y los egipcios no hubieran sido “tragados” por el mar Rojo cuando “las aguas agitadas procedieron a cubrirlos” de modo que “como piedra bajaron a las profundidades”. (Hebreos 11:29). (Éxodo 15:5) «Los abismos los cubrieron; Descendieron a las profundidades como piedra». No solo se refirieron a este espectacular milagro Moisés y Josué, sino que el apóstol Pablo dijo que los israelitas habían sido bautizados por medio de la nube y del mar, lo que indicaba que estuvieron rodeados de agua por completo: a ambos lados, el mar, y por encima y por detrás, la nube. (1 Corintios 10:1, 2). Esto también muestra que las aguas eran demasiado profundas para vadearlas.

La ruta del éxodo depende fundamentalmente de dos factores: determinar en qué lugar se encontraba en aquel entonces la capital egipcia e identificar por dónde se cruzó el mar. Puesto que las Escrituras Griegas Cristianas inspiradas usan la expresión “mar Rojo”, hay base para creer que ese fue el mar que Israel cruzó. En cuanto a la capital egipcia, la ubicación más verosímil parece ser Menfis, la sede principal del gobierno durante la mayor parte de la historia de Egipto. (Véase MENFIS.) De ser así, el punto de partida del éxodo debe haber estado lo suficientemente cerca de Menfis como para que se pudiera llamar a Moisés a la presencia de Faraón la noche de la Pascua después de la medianoche y, a pesar de eso, él llegara a Ramesés con tiempo suficiente como para comenzar la marcha hacia Sucot antes de que acabase el 14 de Nisán. (Éxodo 12:29-31, 37, 41-42). La tradición judía más antigua, registrada por Josefo, apoya la idea de que la marcha comenzó en un lugar cercano al N. de Menfis. (Antigüedades Judías, libro II, cap. XV, sec. 1.)

Una ruta por Wadi Tumilat estaría tan al N. de Menfis que no serían posibles las circunstancias antedichas. Por esta razón, muchos comentaristas han sugerido una de las rutas de los “peregrinos”, como la ruta el Haj, que va de El Cairo a Clysma, en la cabecera del golfo de Suez.

¿Por dónde se dividió el mar Rojo para que cruzara Israel?

Es preciso notar que después de alcanzar la segunda etapa de su viaje, Ezam, “en la orilla del desierto”, Dios le ordenó a Moisés que ‘se volvieran y acamparan delante de Pihahirot [...], junto al mar’. Esta maniobra haría creer a Faraón que los israelitas andaban “errantes en confusión”. (Éxodo 13:20) «Y partieron de Sucot y acamparon en Etam, a la entrada del desierto». (Éxodo 14:1-3). Los doctos que favorecen la ruta el Haj como la más verosímil señalan que el verbo hebreo traducido ‘volverse’ es enfático y no significa tan solo “cambiar el rumbo” o “desviarse”, sino que más bien comunica el sentido de regresar o, al menos, desviarse mucho. Estos señalan la posibilidad de que al llegar a cierto punto al N. de la cabecera del golfo de Suez, los israelitas dieran la vuelta y pasaran por el lado oriental de Jebel `Ataqah, una cadena de montañas que bordea el lado occidental del golfo. Una gran multitud de personas, como era el caso de los israelitas, no podrían salir con rapidez de la posición en la que se encontraban en el caso de que se les persiguiera desde el N., de modo que quedarían acorralados, puesto que el mar bloquearía el camino.

La tradición judía del siglo I E.C. sugiere esta idea. (Véase PIHAHIROT.) Pero, lo que es más importante, tal situación concuerda con el cuadro general descrito en la Biblia, mientras que no se puede decir lo mismo de las opiniones que han venido manteniendo muchos eruditos. (Éxodo 14:9-16). Parece claro que el paso del mar debió efectuarse a una distancia suficiente de la cabecera del golfo (el brazo occidental del mar Rojo) como para que las fuerzas de Faraón no pudieran simplemente rodear el extremo del golfo y alcanzar a los israelitas por el otro lado. (Éxodo 14:22, 23).

Faraón cambió de parecer en cuanto a la liberación de los israelitas tan pronto como se enteró de su partida. No hay duda de que la pérdida de una nación esclava suponía un gran revés económico para Egipto. No les resultaría difícil a sus carros dar alcance a toda esta nación, sobre todo en vista de que ‘se habían vuelto’. Animado al pensar que Israel vagaba en confusión por el desierto, Faraón fue tras ellos con plena confianza. Con una fuerza compuesta por 600 carros escogidos, con todos los otros carros de Egipto llevados por sus guerreros, con sus soldados de caballería y todas sus fuerzas militares, Faraón alcanzó a Israel en Pihahirot. (Éxodo 14:3-9).

Desde un punto de vista estratégico, la posición de los israelitas parecía muy desfavorable; se hallaban encerrados entre el mar y las montañas, con los egipcios cortándoles el camino de regreso. Cuando se vieron atrapados, sus corazones se sobrecogieron de temor y comenzaron a quejarse contra Moisés. Entonces Dios entró en acción para proteger a Israel, trasladando a la retaguardia la nube que estaba al frente. Por una parte, la de los egipcios, había oscuridad; por otra, la de los israelitas, seguía alumbrando la noche. Mientras la nube impedía que los egipcios atacaran, Moisés, por orden de Jehová, alzó su vara, y las aguas del mar se dividieron, lo que dejó el lecho del mar seco para que le sirviera de camino a Israel. (Éxodo 14:10-21).

Anchura y profundidad del lugar por donde pasaron. Puesto que Israel cruzó el mar en una noche, difícilmente se podría pensar que la división de las aguas dejó solo un canal estrecho. La anchura bien pudo haber sido de un kilómetro o más. Un grupo tan grande, con sus carros, su equipaje y su ganado, ocuparía una superficie de unos 8 Km.2, aunque avanzara en formación compacta. Parece, por lo tanto, que la abertura del mar permitió a los israelitas cruzar en una formación bastante ancha. Si la formación hubiera sido de 1,5 Km. de ancho, la columna israelita habría tenido unos 5 Km. de largo. Si el ancho hubiese alcanzado los 2,5 Km., su largo habría sido al menos de 3 Km. A una columna de estas dimensiones le hubiera tomado varias horas atravesar el lecho del mar. Mientras mantuvieran la formación de batalla y no fueran presa del pánico, avanzarían con considerable rapidez.

Si no hubiera sido por la nube, los egipcios los habrían alcanzado con facilidad y hubieran dado muerte a muchos. (Éxodo 15:9) «El enemigo dijo: Perseguiré, apresaré, repartiré despojos; Mi alma se saciará de ellos; Sacaré mi espada, los destruirá mi mano». Cuando los israelitas entraron en el mar y la nube empezó a moverse hacia adelante para revelar este hecho a los egipcios, estos emprendieron la persecución. De nuevo se ve la necesidad de que el lecho seco del mar tuviese suficiente anchura, pues el tamaño de las fuerzas militares de Faraón era considerable. Concentrados en la destrucción y la recuperación de sus esclavos, todo el ejército se adentró en el lecho seco del mar. Luego, durante la vigilia matutina (de las dos a las seis de la mañana, aproximadamente), Jehová miró desde la nube y empezó a poner en confusión el campamento de los egipcios, quitando las ruedas de sus carros. (Éxodo 14:24) «Aconteció a la vigilia de la mañana, que Jehová miró el campamento de los egipcios desde la columna de fuego y nube, y trastornó el campamento de los egipcios».

Cuando se acercaba la mañana, los israelitas habían llegado a salvo a la orilla oriental del mar Rojo. Entonces Jehová le ordenó a Moisés que extendiera su mano para que las aguas retrocedieran sobre los egipcios. Con esto, “el mar empezó a volver a su estado normal” y los egipcios comenzaron a huir para no encontrarse con él. Este detalle también indica que las aguas se habían abierto con amplitud, porque un canal estrecho los habría engullido en un momento. Los egipcios huyeron de los muros de agua que los encerraban con la intención de ganar la orilla occidental, pero las aguas siguieron convergiendo hasta que se hicieron tan profundas que cubrieron todos los carros de guerra y a los soldados de caballería que pertenecían a las fuerzas militares de Faraón. No sobrevivió ni un egipcio.

Es obvio que sería imposible que una inundación de este tipo se produjera en una zona pantanosa, y más en caso de que fuera poco profunda, ya que los cuerpos muertos no habrían sido arrojados a la orilla, como en realidad sucedió, de manera que “Israel alcanzó a ver a los egipcios muertos en la orilla del mar”. (Éxodo 14:22-31); MAPA y GRABADO, vol. 1, pág. 537.)

Aguas “cuajadas”. De acuerdo con el relato bíblico, las aguas agitadas se cuajaron para permitir el paso de Israel. (Éxodo 15:8) «Al soplo de tu aliento se amontonaron las aguas; Se juntaron las corrientes como en un montón; Los abismos se cuajaron en medio del mar». Aunque varias versiones indican que las aguas “se congelaron” (BC; CI; MK; Val, 1989), la mayoría de las traducciones (NC, NBE, Val y otras) emplean el verbo “cuajar”. Otras dicen que ‘se hicieron compactas’ (LT) o “se condensaron” (Ga). Este mismo verbo hebreo aparece en (Job 10:10) «¿No me vaciaste como leche, Y como queso me cuajaste?». con relación al proceso de cuajar la leche. Por consiguiente, la expresión mencionada no significa necesariamente que las paredes de agua se congelaron hasta solidificarse, sino que su consistencia cuajada bien pudo asemejarse a la de la gelatina. No había nada visible que contuviese las aguas del mar Rojo, por lo que daban la apariencia de estar endurecidas, cuajadas o espesadas, de manera que podían mantenerse como muros a cada lado de los israelitas, sin desplomarse sobre ellos y engullirlos. Así le parecieron a Moisés cuando un fuerte viento del E. dividió las aguas y secó el lecho para que no estuviera fangoso ni helado, sino que la multitud pudiera atravesarlo con facilidad.

El paso abierto en el mar tenía la suficiente anchura como para que unos tres millones de israelitas pudieran llegar a la orilla oriental a la mañana siguiente. Luego, las aguas cuajadas a ambos lados empezaron a volver a su estado normal, y arrollaron y sumergieron a los egipcios mientras Israel contemplaba desde la orilla oriental cómo Jehová libraba milagrosamente a una nación de manos de una potencia mundial. Vieron el cumplimiento literal de las palabras de Moisés: “Los egipcios que ustedes realmente ven hoy, no los volverán a ver, no, nunca jamás”. (Éxodo 14:13) «Y Moisés dijo al pueblo: No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros; porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis».

De este modo, mediante una espectacular manifestación de su poder, Jehová exaltó su nombre y libró a Israel. Ya a salvo en la orilla oriental del mar Rojo, Moisés dirigió a los hijos de Israel en canción, mientras su hermana Míriam, la profetisa, tomó una pandereta en su mano y dirigió a todas las mujeres con panderetas y en danzas, respondiendo en canción a los hombres. (Éxodo 15:1, 20, 21). Se había producido una total separación entre Israel y sus enemigos. Una vez salieron de Egipto, no se permitió que hombre o bestia les causara daño; ningún perro ni siquiera les gruñó ni movió su lengua contra ellos. (Éxodo 11:7) «Pero contra todos los hijos de Israel, desde el hombre hasta la bestia, ni un perro moverá su lengua, para que sepáis que Jehová hace diferencia entre los egipcios y los israelitas». Aunque en el relato del éxodo no se dice que Faraón entrase en el mar con sus fuerzas militares y fuese destruido, el (Salmos 136:15) «Y arrojó a Faraón y a su ejército en el Mar Rojo, Porque para siempre es su misericordia». especifica que Jehová “sacudió a Faraón y su fuerza militar al mar Rojo”.

Típico de sucesos posteriores. Cuando Dios sacó de Egipto a Israel, como le había prometido a Abrahán, lo consideró su hijo, su “primogénito”, según le dijo a Faraón. (Éxodo 4:22) «Y dirás a Faraón: Jehová ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito». Posteriormente, Jehová declaró: “Cuando Israel era muchacho, entonces lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo”. (Oseas 11:1) «Cuando Israel era muchacho, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo». Esta referencia al éxodo fue también una profecía que tuvo cumplimiento en los días de Herodes, cuando, después de la muerte de este, José y María regresaron de Egipto con Jesús y se establecieron en Nazaret. El historiador Mateo aplica la profecía de Oseas a este acontecimiento, diciendo de José: “Y se quedó allá hasta el fallecimiento de Herodes, para que se cumpliera lo que Jehová había hablado por su profeta, que dijo: ‘De Egipto llamé a mi hijo’”. (Mateo 2:15) «y estuvo allá hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta, cuando dijo: De Egipto llamé a mi Hijo».

El apóstol Pablo dijo que el éxodo era una de las cosas que siguieron aconteciendo a Israel a modo de ejemplos o tipos. (1 Corintios 10:1, 2, 11). Por lo tanto, debe simbolizar algo mayor. En la Biblia el Israel natural simboliza al espiritual, al Israel de Dios. (Gálatas 6:15, 16). Además, Moisés dijo que vendría un profeta semejante a él. (Deuteronomio 18:18, 19). Los judíos esperaban a un gran caudillo y libertador. El apóstol Pedro identifica a Jesucristo como el Moisés Mayor. (Hechos 3:19-23). Por lo tanto, la liberación de Israel en el mar Rojo y la destrucción del ejército egipcio deben representar la liberación del Israel espiritual de sus enemigos del Egipto simbólico mediante un gran milagro de Jesucristo. Y tal como lo que Jehová hizo en el mar Rojo resultó en la exaltación de su nombre, el cumplimiento de aquellos acontecimientos típicos en una realidad mucho mayor traería una fama superior y mucho más extensa al nombre de Jehová. (Éxodo 15:1-2).

Éxodo - Diccionario Alfonso Lockward

Se llama así al acontecimiento en el cual los israelitas salieron de •Egipto. La palabra viene del latín: ex=fuera de, hodos=camino. Puede decirse que los israelitas, con el surgieron como una nación que llega a constituirse en teocracia por medio del pacto que Dios hace con ella en el monte Sinaí. No hay un acuerdo unánime entre los eruditos en cuanto a la fecha en que tuvo lugar el éxodo. Se menciona al siglo XV a.C. (¿Tutmosis III y su sucesor Amenhotep II [en griego Amenofis], alrededor del 1436-1411 a.C?). Como se nos dice en (Éxodo 1:11) «Entonces pusieron sobre ellos comisarios de tributos que los molestasen con sus cargas; y edificaron para Faraón las ciudades de almacenaje, Pitón y Ramesés». Que los israelitas «edificaron para Faraón las ciudades de almacenaje, Pitón y Ramesés», algunos interpretan que pudo haber sido en tiempos de Ramsés II (XIX dinastía). Pero hay que tener en cuenta que el nombre Ramsés fue utilizado por gobernantes anteriores a Ramsés I.

La resistencia de Faraón fue finalmente vencida tras las diez plagas (•Plagas, las diez) y el pueblo salió hacia el desierto bajo la dirección de Moisés. La ruta que siguió en su peregrinación hacia Canaán es perfectamente identificable en términos generales, pero hay dificultad en localizar ciertos detalles a causa de los cambios en la toponimia que se fueron haciendo en el decurso de los siglos. Se registran los nombres que tenían en aquella época muchos de los lugares por donde pasaron los israelitas, partiendo de Egipto, luego transitando por la península de Sinaí hasta que llegando al río Jordán, lo cruzaron.

Exodo - Diccionario Mundo Hispano

(gr., ex hodos, una salida). El acontecimiento que finalizó la estadía de Israel en Egipto. La familia de Jacob (Israel) entró a Egipto voluntariamente durante una época de escasez severa en Canaán. José, que había sido vendido como esclavo por sus hermanos celosos, para ese entonces era visir de Egipto, y se les asignaron tierras apropiadas a sus hermanos israelitas en una sección nordeste de Egipto conocida como Gosén (Génesis 42 - 46). Cuando subió una nueva dinastía que no conocía a José (Éxodo 2:1-10). Criado en la corte real, Moisés optó por rechazar las posibilidades de avanzar en Egipto para guiar a su pueblo oprimido a la libertad.

Israel no tomó el camino directo por tierras filisteas hasta Canaán (Éxodo 12:37) «Partieron los hijos de Israel de Ramesés a Sucot, como seiscientos mil hombres de a pie, sin contar los niños». En el delta oriental, los israelitas viajaron al sudeste a Sucot (Tel el-Mashkutah).

Luego pasaron a Etam a la entrada del desierto donde estuvieron conscientes del liderazgo de Dios en la columna de nube y fuego (Éxodo 13:21-22).

Después de pasar por Pi-hahirot, Israel llegó al mar Rojo, el Yam Suf del texto heb. La intervención directa de Dios (Éxodo 14:21) «Y extendió Moisés su mano sobre el mar, e hizo Jehová que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas». Permitió que Israel cruzara de Egipto a la península del Sinaí. Cuando los ejércitos del faraón intentaron perseguir a los israelitas, fueron destruidos por las aguas que volvieron a su caudal normal.

Algunos han fijado la fecha del éxodo alrededor del 1450 a. de J.C. y otros alrededor del 1290 a. de J.C., según las diversas interpretaciones de los datos bíblicos y extrabíblicos. Los 600.000 hombres (mayores de 20 años) que participaron del éxodo (Números 1:46) «fueron todos los contados seiscientos tres mil quinientos cincuenta».

El período del éxodo fue una de las grandes épocas de milagros bíblicos. Es posible que las nueve primeras plagas hayan estado relacionadas con fenómenos naturales de Egipto pero el momento en que ocurrieron y su intensificación fueron claramente sobrenaturales. La última plaga —la muerte de los primogénitos— señaló el comienzo del éxodo. Dios abrió el mar Rojo con el recio viento oriental y mantuvo a Israel milagrosamente por un período de 40 años.

Exodo - Douglas Tenney

(gr., ex hodos, una salida). El acontecimiento que finalizó la estadía de Israel en Egipto. La familia de Jacob (Israel) entró a Egipto voluntariamente durante una época de escasez severa en Canaán. José, que había sido vendido como esclavo por sus hermanos celosos, para ese entonces era visir de Egipto, y se les asignaron tierras apropiadas a sus hermanos israelitas en una sección nordeste de Egipto conocida como Gosén (Génesis 42-46).

Cuando subió una nueva dinastía que no conocía a José (Éxodo 1:8) «Entretanto, se levantó sobre Egipto un nuevo rey que no conocía a José; y dijo a su pueblo», es decir, que se había olvidado de lo que había hecho por Egipto, los israelitas fueron reducidos al estado de esclavos. Temiendo que pudieran simpatizar con invasores extranjeros, el faraón ordenó la destrucción de los niños varones. Sin embargo, el niño Moisés fue puesto en una arquilla de juncos de la cual fue rescatado por la hija del faraón (Éxodo 2:1-10). Criado en la corte real, Moisés optó por rechazar las posibilidades de avanzar en Egipto para guiar a su pueblo oprimido a la libertad.

Israel no tomó el camino directo por tierras filisteas hasta Canaán (Éxodo 13:17) «Y luego que Faraón dejó ir al pueblo, Dios no los llevó por el camino de la tierra de los filisteos, que estaba cerca; porque dijo Dios: Para que no se arrepienta el pueblo cuando vea la guerra, y se vuelva a Egipto». De haberlo hecho tendría que haber pasado por el muro egipcio (Sur en la Biblia) que protegía las rutas nordestes de Egipto. Este muro estaba vigilado y sólo podía pasarse con gran dificultad. Si cruzaban la frontera con éxito, podían anticipar oposición adicional de parte de los filisteos. La disciplina del desierto era parte de la preparación del pueblo que Dios mandó antes que entrasen en conflicto abierto con enemigos formidables. Dejando a Ramesés (Éxodo 12:37) «Partieron los hijos de Israel de Ramesés a Sucot, como seiscientos mil hombres de a pie, sin contar los niños». en el delta oriental, los israelitas viajaron al sudeste a Sucot (Tel el-Mashkutah).

Luego pasaron a Etam a la entrada del desierto donde estuvieron conscientes del liderazgo de Dios en la columna de nube y fuego (Éxodo 13:21-22).

Después de pasar por Pi-hahirot, Israel llegó al mar Rojo, el Yam Suf del texto heb. La intervención directa de Dios (Éxodo 14:21) «Y extendió Moisés su mano sobre el mar, e hizo Jehová que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas». permitió que Israel cruzara de Egipto a la península del Sinaí. Cuando los ejércitos del faraón intentaron perseguir a los israelitas, fueron destruidos por las aguas que volvieron a su caudal normal.

Algunos han fijado la fecha del éxodo alrededor del 1450 a. de J.C. y otros alrededor del 1290 a. de J.C., según las diversas interpretaciones de los datos bíblicos y extrabíblicos. Los 600.000 hombres (mayores de 20 años) que participaron del éxodo (Éxodo 12:37) «Partieron los hijos de Israel de Ramesés a Sucot, como seiscientos mil hombres de a pie, sin contar los niños». un año más tarde eran 603.550 (Números 1:46) «fueron todos los contados seiscientos tres mil quinientos cincuenta».

El período del éxodo fue una de las grandes épocas de milagros bíblicos. Es posible que las nueve primeras plagas hayan estado relacionadas con fenómenos naturales de Egipto pero el momento en que ocurrieron y su intensificación fueron claramente sobrenaturales. La última plaga —la muerte de los primogénitos— señaló el comienzo del éxodo. Dios abrió el mar Rojo con el recio viento oriental y mantuvo a Israel milagrosamente por un período de 40 años.

Éxodo - Reina Valera 1909

EXODUS.

Exodo - Diccionario Pastoral

Con esta palabra, que significa «camino de salida», se evoca el acontecimiento tal vez más importante en la historia de Israel, un grupo de israelitas acaudillados por Moisés se liberan de la opresión egipcia, atraviesan la zona de marismas del mar Rojo, cruzan el desierto del Sinaí, donde concluyen un pacto con Yavé, su Dios, y llegan a Palestina, la tierra de la promesa (Éxodo 1:1-2).  (Éxodo 20:1-2). (Éxodo 32:1) «Viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, se acercaron entonces a Aarón, y le dijeron: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido». (Éxodo 34:1) «Y Jehová dijo a Moisés: Alísate dos tablas de piedra como las primeras, y escribiré sobre esas tablas las palabras que estaban en las tablas primeras que quebraste». (Números 11:1) «Aconteció que el pueblo se quejó a oídos de Jehová; y lo oyó Jehová, y ardió su ira, y se encendió en ellos fuego de Jehová, y consumió uno de los extremos del campamento». (Números 14:1) «Entonces toda la congregación gritó, y dio voces; y el pueblo lloró aquella noche».

Este acontecimiento se convierte en tipo y prenda de toda liberación efectuada por Dios en favor de su pueblo. Primero en favor del pueblo judío (Jeremías 16:14-15); (Miqueas 7:14-15), especialmente con ocasión del retorno del destierro babilónico, descrito como un nuevo y maravilloso «éxodo» (Isaías 35:3-10), (Isaías 40:1-11). Después en favor del pueblo cristiano, a través de la acción liberadora de Cristo (1 Pedro 1:18-21), cuya vida y muerte es descrita como un éxodo hacia el Padre (Juan 3:14-17).

Éxodo - Diccionario Bíblico Adventista

Éxodo ('salida [partida, éxodo]'). La partida o viaje de los israelitas de Egipto después de haber vivido en ese país por más de 2 siglos y haber estado en esclavitud por algún tiempo. Esta migración fue realizada bajo la dirección de Moisés y acompañada por muchos milagros. I.Historicidad. Los registros egipcios no mencionan ni la estadía de los israelitas en Egipto ni su salida. Esta total falta de evidencia fue usada algunas veces como un argumento en contra de la historicidad del éxodo. Sin embargo, la liberación de la esclavitud se menciona tantas veces en los registros poéticos e históricos de los judíos, que los eruditos aceptan que el éxodo se debe considerar un acontecimiento histórico. No obstante, sus opiniones difieren con respecto al tiempo del éxodo, como también si toda la nación se vio involucrada en este gran evento o sólo fueron algunas de las tribus de Israel. Muchos eruditos modernos lo ubican en el s XIII a.C., al creer que la mención de las ciudad de Ramesés (; 12:37; , 5) y la 'tierra de Ramesés' () indican que el éxodo no pudo haber ocurrido antes del reinado de Ramsés II (c 1304-c 1238 a.C.); otros opinan que fue en el período de los hicsos (c 1730-c 1590 a.C.). Hay quienes sugieren 2 migraciones: 1) La dirigida por Josué en el s XV a.C. -tal vez relacionada con la invasión de Canaán por los habiru, mencionada en las Cartas de Amarna*-, y 2) la dirigida por Moisés en el s XIII a.C.; también existen los que lo ubican en el s XV a.C. Cada una de estas teorías con respecto al tiempo del éxodo encuentra ciertas dificultades arqueológicas. Pero el éxodo en el s XV a.C. concuerda más plenamente con los datos bíblicos que cualquier otra teoría, porque armoniza con el esquema de cronología basado en el 4º año de Salomón como el año 480º desde el éxodo; es la que se adoptó en este Diccionario. Véase Cronología (II, B). 425 II.Relato bíblico. La salida de Egipto está narrada básicamente en el libro de Éxodo, cps 1-14; los acontecimientos anteriores están relatados en los últimos capítulos de Génesis. La familia de Jacob había emigrado a Egipto durante una severa hambruna mientras José era el administrador de los alimentos en Egipto. Algún tiempo después de la muerte de José, 'se levantó sobre Egipto un nuevo rey que no conocía a José' (). Temiendo que los israelitas -que crecían en número rápidamente- se unieran a posibles enemigos, el faraón los esclavizó en un intento por debilitarlos. Durante ese tiempo nació Moisés, el futuro líder de Israel. Escondido en una barquilla de juncos que pusieron en el Nilo, el niño Moisés fue encontrado por una princesa que lo adoptó y lo llevó a la corte real. A la edad de 40 años huyó de Egipto al desierto de Sinaí, temiendo el castigo por haber matado a un egipcio que maltrataba a un hebreo. Allí fue pastor de ovejas. Cuarenta años más tarde Dios le encargó que volviera a Egipto para liberar a su pueblo de su humillación. Después de alguna vacilación, Moisés aceptó el llamamiento divino y llegó a ser el dirigente más grande que tuvo Israel. Al llegar a Egipto, Moisés pidió al faraón que dejara salir a los israelitas. Su pedido sólo fue objeto de rechazo y de burlas, como ocurrió con pedidos posteriores. Como resultado, 10 plagas sobrevinieron sobre el país, algunas de las cuales fueron verdaderas catástrofes. Sólo después de haber sufrido enormes pérdidas de cosechas y animales domésticos, y de haber perdido a sus hijos primogénitos, el faraón cedió y permitió que los israelitas salieran de Egipto. El éxodo ocurrió el día 15 del mes de Abib,* la mañana después de la cena de Pascua,* ceremonia que por orden divina se inició entonces para que Israel la celebrara cada año como recordativo de su liberación de la esclavitud. Salieron de Gosén, la región que habitaban, en dirección al sur hasta que llegaron a la costa noroccidental del Mar Rojo. Dios no los guió por la ruta más corta a Canaán, porque no estaban preparados para afrontar la oposición de las naciones que encontrarían en ella. Faraón, que se había recuperado de la conmoción inicial por la pérdida de su heredero, se lamentó de haberlos dejado salir y salió a perseguirlos, con la esperanza de regresarlos a Egipto. Frente al Mar Rojo, Dios dividió las aguas para que su pueblo pasara a la orilla oriental. Los egipcios, que lo siguieron detrás, fueron tragados por las aguas al cerrar éstas el camino que el Señor abrió para su pueblo. El cruce del Mar Rojo señaló el éxito de la salida de Egipto y el comienzo de la peregrinación por el desierto. El término 'éxodo' se usa aquí en un sentido restringido, aunque se reconoce el hecho de que a veces incluye todo el período de 40 años de peregrinación. III. Ambientación. ubica el comienzo de la edificación del templo de Salomón en Jerusalén en el año 480º después del éxodo, el 4º año de su reinado. Esta fecha está establecida con una certeza razonable (las autoridades difieren en sólo unos pocos años). De acuerdo con el sistema cronológico de los reinados hebreos que sigue más estrechamente los datos bíblicos para el período, el 4º año de Salomón fue el 967/66 a.C. Por consiguiente, se comenzó la construcción del templo en la primavera (hemisferio norte) del 966. Esto nos lleva hasta c 1445 a.C. como la fecha del éxodo, período en que Egipto estaba gobernado por los poderosos reyes de la dinastía 18ª. José probablemente había servido a uno de los reyes hicsos, semíticos, de la dinastía 15ª. Se puede comprender mejor su alto cargo, siendo extranjero, si los hicsos, que también eran extranjeros, estaban en el poder. La conversión de la tierra, que era propiedad privada hasta entonces, en propiedad de la corona, descripta en -26, probablemente hizo que José fuera sumamente impopular, especialmente después que pasó la emergencia, ya que todos los egipcios se encontraron en situación de servidumbre de un rey extranjero. Finalmente, Sekenen-Re, un príncipe local de Tebas, asumió la tarea de luchar contra los hicsos. Sus hijos, primero Kamosis y luego Amosis, siguieron la lucha, hasta que después de una larga guerra, los hicsos fueron expulsados del suelo egipcio. Amosis fundó una nueva dinastía, sumamente nacionalista y muy poderosa, tanto en su país como fuera de él. Sus reyes construyeron un imperio que en su momento llegó desde Nabia del sur, en el África, hasta el río Eufrates, en el Asia. De acuerdo con la cronología egipcia adoptada en este Diccionario, fue uno de los primeros reyes de la nueva dinastía quien, después de expulsar a los hicsos, tomo medidas para reducir a los israelitas semíticos, a la servidumbre, y para frenar el rápido crecimiento de su población ideando medios para matar a los recién nacidos. Sería esta nueva dinastía (la 18ª) la que se nombra como el 'rey... quien no conocía a José' (; para las dinastías 16ª y 17ª véase Egipto [V,6] ). 214. Momia de Amenhotep II, el posible faraón del éxodo. De acuerdo con esta cronología, la opresión habría ocurrido durante este tiempo; probablemente Moisés nació (1525 a.C.) bajo Tutmosis I 426 (c1542-c 1524 a.C.), y unos pocos años después ingreso a la corte. Tutmosis I, un plebeyo, había llegado al trono por causa de su esposa, la hija de Amosis, una princesa real. Al no tener hijos legítimos propios, dio a su hija Hatshepsut como esposa al hermanastro de ella, hijo de una mujer plebeya. Este hermanastro tomó el trono con el nombre de Tutmosis II después de la muerte de su padre y lo ocupó por unos 20 años (c 1524-c 1504 a.C.). El también tuvo sólo 2 hijas, de modo que cuando murió Tutmosis II, Hatshepsut tomó el poder. Gobernó con éxito hasta que una revuelta, en unos de los templos, varios años más tarde, la obligó a aceptar como corregente a un hijo ilegítimo de su fallecido hermanastro y esposo, quien tomó el nombre de Tutmosis III. Alrededor del 1486 a.C., Hatshepsut desapareció, tal vez murió, y su corregente reinó solo. Por causa de un profundo odio por su tía y madrastra, mutiló las inscripciones de ella después de su muerte, borrando su nombre de los monumentos y destruyendo sus estatuas. Tutmosis III gobernó Egipto unos 36 años (1486-1450 a.C.). Fue un gran guerrero y construyó el imperio más grande de la historia de Egipto. 215. Cámara sepulcral del Amenhotep II, el posible faraón del éxodo, en el Valle de los Reyes en la Tebas occidental (para la momia véase la fig. 214). Probablemente fue el rey de quien Moisés huyó en el 1485 a.C., poco antes de la muerte de Hatshepsut, ya que ella parece la persona más probable de ser su madre adoptiva. Como Moisés había crecido en la corte en la que habían varias generaciones de hebreos varones ilegítimos, es lógico suponer que Hatshepsut hiciera planes para Moisés se casara con una de sus hijas y tomara el trono si las circunstancias lo permitían. Sin embargo, cualquier plan semejante que pudiera haber tenido, se hubiera arruinado por la revolución que la forzó a aceptar a Tutmosis III hacia Hatshepsut y por qué Moisés, sin futuro para él en la corte, habría tomando la decisión de asumir el liderazgo de su pueblo subyugado, con la esperanza de ser apoyado en tal iniciativa. También explicaría por qué ese torpe intento de ayudarlos matando al egipcio (a quien vio maltratando a un hebreo), fue considerado un crimen tan grave que la vida de Moisés ya no era segura en Egipto. Cuarenta años más tardes, después de la muerte del rey que había buscado la muerte del pretendido libertador de Israel (). Dios lo llamó a Moisés para esa misión. Por ese tiempo, Amenhotep II, cruel y tiránico hijo Tutmosis III lo había reemplazado en el 427 trono. Probablemente Moisés fue enviado a Amenhotep II, y las plagas sucedieron bajo su reinado; fue él quien perdió a su hijo mayor en la 10ª plaga y a su ejército en el Mar Rojo. De acuerdo con la cronología egipcia de este período (aceptada como exacta dentro de un margen de unos 10 años), reinó desde c 1450 hasta c 1427 a.C. Si esto es correcto, su muerte no ocurrió sino 18 años después del 1445 a.C., la fecha sugerida para el éxodo. Como la Biblia parece indicar que el faraón del éxodo estaba con sus fuerzas cuando perecieron en el Mar Rojo, la fecha del 1427 a.C. para el fin de su reinado constituye un problema cronológico que aún no se ha resuelto. Sin embargo, no hay nada en los registros históricos que impida la posibilidad de que se ahogara junto con su ejército en el Mar Rojo. Su momia, que está conservada como la de muchos otros (fig 214), sólo demuestra que, si se ahogó, su cuerpo fue recuperado. Su hijo y sucesor, Tutmosis IV (c 1427-c 1419 a.C.; fig 177) dejó para la posteridad un monumento que menciona su elevación inesperada al trono, indicando así que no había sido príncipe heredero originalmente, lo que sería cierto si su hermano mayor había muerto en la 10a plaga, en la que perecieron los primogénitos. Con excepción del problema cronológico relacionado con el reinado de Amenhotep II, el relato bíblico del éxodo encuadra notablemente bien con el trasfondo histórico del s XV a.C.; en realidad, mejor que en cualquier otro período de la historia de Egipto. IV.Cumplimiento profético. Dios predijo que la permanencia de los hebreos en Egipto -que la 'descendencia' de Abrahán moraría en 'tierra ajena' y sería 'esclava... y oprimida' ()- sería de 400 años. Pero en el NT tal período es de 430 años (Gá. 3:17; cf ). Para un intento de armonización de esta aparente discrepancia, véase el cuadro de abajo (fechas estimativas; cf CBA 1:196). LOS 400 ó 430 AÑOS DE ESTADÍA EN EGIPTO V. Ruta del éxodo. La ruta exacta que tomaron los israelitas hasta que llegaron al Mar Rojo es difícil de determinar, porque sólo se pueden identificar con certeza razonable 2 de los 6 lugares mencionados por nombre. El punto de salida fue Ramesés* (), en la porción noreste del delta (el Mapa V, B/C 3/4 da 2 alternativas). Desde allí fueron a Sucot,* quizás el 1er, lugar de encuentro, ya que estaba en la tierra de Gosén, el hogar de los israelitas durante los 200 años anteriores. Sucot ha sido aceptablemente identificado con Tell el-Mashkûtah, el Theku de los textos egipcios. Está en la parte oriental del Wâd§ Tumilât, la 'tierra de Gosén'. La ruta más corta y natural a Canaán habría sido el camino del desierto costero vía Rafia a Gaza, llamado en 'el camino de la tierra de los filisteos'. No se les permitió usar esa ruta por que la gente no estaba lista espiritualmente para abrirse paso a mano armada a través de una región fuertemente fortificada. En cambio, fueron conducidos en dirección sudeste, por 'el camino del desierto del Mar Rojo' (v 18). Etam,* 'a la entrada del desierto' (v 20), fue el 1er lugar donde acamparon después de salir de Sucot. En Etam cambiaron 428 de dirección, y su siguiente detención fue frente a Pi-hahirot* (14:2), que tampoco ha sido identificado, como asimismo los 2 siguiente lugares mencionados: Migdol* (probablemente una de las fortalezas de sistema defensivo oriental) y Baal-zefón* (vs 2, 9). Los israelitas alcanzaron el mar cerca de Pi-hahirot. La identificación de este mar ha sido debatido con frecuencia. El término hebreo significa literalmente 'mar de juncos' (yam Sûf, ). Como en el Mar Rojo no hay juncos, algunos han sugerido que se trata de uno de los lagos orientales: el Timsa o uno de los Lagos Amargos. Sin embargo, en yam-Sûf se identifica con el brazo oriental del Mar Rojo, el Golfo de Aqaba, y parecería lógico aplicar yam-sûf al Mar Rojo en los de más textos. Sin embargo, sea cual fuere la identificación aceptada, se desconoce el punto exacto del cruce. Un lugar probable está en la parte norte del Golfo de Suez, al sur de la ciudad de Suez, pero al norte de los montes del desierto egipcio que llegan hasta la costa un poco al sur de la ciudad, lo que haría posible el cruce. Si el cruce ocurrió aquí, entonces se puede comprender fácilmente el temor de los israelitas por la cercanía de los ejércitos del faraón, pues el camino al sur estaba bloqueado por las montañas y el mar formaba una barrera impasable hacia el este; el milagro de la división de las aguas los salvó de una situación que parecía desesperada. El lugar del cruce no está señalado en el Mapa V, que muestra las rutas de acuerdo con varias otras teorías. La ruta basada en que el 'mar' sea el Mar Rojo es la línea roja. Sin embargo, sugiere que el cruce ocurrió al norte en vez de al sur de la ciudad de Suez. Cuando los israelitas dejaron el Mar Rojo, comenzaron el largo viaje por el desierto que terminó 40 años más tarde. Véase Peregrinación por el desierto. Exodo, Libro de. Segundo libro del Pentateuco. En la Biblia hebrea lleva el título We'êlleh she môth ('Y estos [son] los nombres'), las palabras iniciales del texto hebreo. El título español proviene del que tiene la LXX, Exodos, una apropiada caracterización del libro basada en su tema central: la salida de los hebreos de Egipto. La palabra hebrea 'y' con que comienza la narración indica que el autor consideraba que era la continuación del registro del libro de Génesis. I.Autor. La evidencia interna claramente señala a Moisés como autor. El uso de muchos términos egipcios, las descripciones minuciosas de ciertas costumbres egipcias, el conocimiento íntimo de la tierra de Egipto y de la ruta del éxodo señalan claramente a un judío educado que alguna vez vivió en Egipto y estaba familiarizado con porciones de la Península de Sinaí (). Es tal la vívida descripción de los incidentes relacionados con la salida de Egipto y el viaje al monte Sinaí, como también los acontecimientos que allí ocurrieron, que nadie sino un testigo ocular podría haberla hecho. Esta evidencia interna más el hecho de que Jesús citó porciones del libro, y específicamente lo llamó 'el libro de Moisés' (), son suficientes para afirmar que él fue el autor para cuantos acepten el origen divino de las Escrituras y la deidad del Hijo de Dios. II. Ambientación. Por el tiempo del éxodo (c 1445 a.C.) Israel había estado en Egipto unos 215 años. Los amistosos reyes del período hicso -durante cuya dinastía José y más tarde Jacob se establecieron en Egipto- había dejado su lugar a los reyes nativos de la dinastía 18ª, unos 135 años antes del éxodo (). Entre este acontecimiento y el nacimiento de Moisés, 80 años antes del éxodo, se inició la opresión mencionada en 1:9-22. Exodo bosqueja brevemente las experiencias personales de Moisés durante este período preparatorio de su vida, y luego trata extensamente y con muchos detalles los acontecimientos de los 6 meses (o algo así) que precedieron a la salida de Egipto, y los 2 años que siguieron a ese momento; o sea, un período de unos 2 1/2 años en total. Durante este período comparativamente breve, los hebreos fueron transformados de una raza de esclavos en una nación independiente, y el libro de Éxodo explica cómo ocurrió. Véase Cronología (II, B). III. Bosquejo. El libro se puede dividir en 5 secciones principales: 1. Vida temprana y educación de Moisés (1:1-4:31). 2. Las 10 plagas sobre la tierra de Egipto (5:1-12:30). 3. Éxodo y viaje al Sinaí (12:31-19:2). 4. Israel se establece como nación en el Sinaí (19:3-24:18). 5. Construcción del tabernáculo e instrucciones para los ritos y las ceremonias (25:1-40:38). IV. Contenido. En el cp 1 se da un breve informe de la esclavitud a la que fue sometida el pueblo hebreo por parte de los egipcios, mientras el cp 2 bosqueja la vida de Moisés hasta el fin de su peregrinación por la tierra de Madián. El llamado de Moisés para liberar al pueblo hebreo y su regreso a Egipto están relatados en los cps 3 y 4. Los cps 5 y 6 tratan de los pasos preliminares para obtener la liberación de los hebreos. En los cps 7-10 se describen las primeras 9 plagas. En los cps 11:1-13:16 encontramos un registro de la 10ª plaga y la institución de la Pascua, que ocurrieron 429 simultáneamente. Los eventos notables en el camino al monte Sinaí -el cruce del Mar Rojo, la provisión milagrosa de agua y alimentos, las repetidas murmuraciones del pueblo y la victoria sobre los amalecitas- ocupan los cps 13:17-19:2. Mientras Israel acampaba al pie del monte Sinaí, Dios les reveló la ley moral (19:3-20:21) y un código civil en el que se aplicaban los principios de la ley moral a las reglas que debía seguir Israel como nación (20:22-23:33). También reveló su pacto, que establecía a Israel como teocracia (cp 24), y dio detalladas instrucciones para la construcción del tabernáculo y normas para sus instalaciones y equipos en relación con él (25:1-31:18). Un interludio cuenta la apostasía de Israel y el restablecimiento ante Dios (32:1-34:35). En los cps 35:1-40:38 se encuentra un registro detallado de la construcción del tabernáculo y de la fabricación de elementos (el aceite de la unción, el incienso y las vestiduras sacerdotales que se usarían), y finalmente el informe de la inspección de Moisés y la aprobación del trabajo hecho, junto con la erección del tabernáculo, listo para su uso. La salida del monte Sinaí ocurrió menos de 2 meses después que finalizaran los acontecimientos registrados en el libro de Éxodo (; ,12; véase CBA 1:503-508).

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