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Hebreos 2:11 - Biblia Pablo Besson (Nuevo Testamento)

11 Porque el que santifica y los santificados de uno (Dios) son todos, por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos,

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Biblia Reina Valera 1960

11 Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos,

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Biblia Nueva Traducción Viviente

11 Por lo tanto, Jesús y los que él hace santos tienen el mismo Padre. Por esa razón, Jesús no se avergüenza de llamarlos sus hermanos,

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Biblia Católica (Latinoamericana)

11 de este modo el que comunicaba la santidad se identificaría con aquellos a los que santificaba. Por eso él no se avergüenza de llamarnos hermanos, cuando dice:

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La Biblia Textual 3a Edicion

11 Porque el que santifica y los que son santificados, son todos de Uno, por esta razón no se avergüenza de llamarlos hermanos,

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

11 Además, tanto el que consagra como los consagrados proceden todos del mismo origen, y por esto precisamente no se avergüenza de llamarlos hermanos

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

11 Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos,

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Hebreos 2:11
19 Mga Krus na Reperensya  

Y les responderá el Rey: De cierto os digo, que en cuanto lo hicisteis a uno de estos hermanos míos, los más pequeños, a mí me lo hicisteis.


Entonces dice Jesús: No temáis. Id, avisad a mis hermanos que vayan a la Galilea, y allí me verán.


Y mirando a los que estaban sentados alrededor de él, dice: He aquí mi madre y mis hermanos,


El, pues, que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el hijo del hombre se avergonzará de él, cuando venga en la gloria de su Padre, con los santos ángeles.


El, pues, que se avergonzare de mis palabras, de éste se avergonzará el hijo del hombre, cuando viniere en la gloria de él y del Padre y de los santos ángeles.


y por ellos yo me santifico a mí mismo para que ellos también estén santificados en verdad.


para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en tí, para que también ellos en nosotros uno sean, para que el mundo crea que tú me enviaste.


Dícele Jesús: No me toques, pues aun no he subido a mi Padre. Ve a mis hermanos y diles: Subo al Padre mío y Padre vuestro y Dios mío, y Dios vuestro.


e hizo de uno toda nación de hombre, para habitar sobre toda la haz de la tierra, determinando sazones preestablecidas, y los límites de la habitación de ellos,


porque en él vivimos', nos movemos y somos, como también algunos de los poetas entre vosotros han dicho. De él, en efecto, también somos linaje.


porque a los que antes conoció también los predeterminó a ser semejantes a la imagen de su hijo, de suerte que él sea primogénito entre muchos hermanos


mas cuando vino el cumplimiento del tiempo, envió Dios al hijo de él nacido de mujer, nacido bajo la ley,


En esta voluntad estamos consagrados por la ofrenda del cuerpo de Jesu-Cristo, una sola vez.


porque por una única ofrenda ha llevado al término a perpetuidad a los santificados.


mas ahora anhelan una mejor, esto es, una celestial, por eso Dios no se avergüenza de llamarse dios de ellos porque les aparejó una ciudad.


Por eso también Jesús, para santificar por su propia sangre al pueblo, fuera de la puerta padeció (Juan 19:17; Mateo 27:32-33).


Puesto que los hijos están en comunión de sangre y carne, él también igualmente participó de las mismas para que por la muerte hiciese impotente al que tiene el poder de la muerte, esto es, al diablo


Por consiguiente, hermanos santos, partícipes de vocación celestial, considerad al apóstol y sumo sacerdote de nuestra confesión, Jesús Cristo


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