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Mateo 13 - Biblia Pablo Besson (Nuevo Testamento)

1 En aquel día, habiendo salido Jesús de la casa, sentóse a la orilla del mar,

2 y se llegaron a él muchas gentes, de modo que entrando en una barca, se sentó, y toda la muchedumbre estaba sobre la playa.

3 Y les habló muchas cosas en parábolas, diciendo: He aquí salió el que siembra a sembrar;

4 y al sembrar él, semilla cayó junto al camino, y vinieron las aves, y se la comieron;

5 otra cayó sobre los pedregales donde no tenía mucha tierra, y pronto se levantó por no tener profundidad de tierra,

6 mas al salir el sol, fué quemada y por no tener raíz, fué secada.

7 Otra cayó sobre los abrojos, y los abrojos subieron y la ahogaron,

8 y otra cayó sobre la buena tierra, y daba fruto, por una, ciento; por otra, sesenta; por otra, treinta.

9 El que tiene oídos para oír, oiga.

10 Y llegándose los discípulos le dijeron: ¿Por qué en parábolas les hablas?

11 El les respondió: A vosotros es dado saber los misterios del reino de los cielos, mas a aquéllos no se les dará.

12 Al, pues, que tiene le será dado, y se le sobreabundará, pero al que no tiene, aun lo que tiene, le será quitado.

13 Por esto en parábolas les hablo, porque mirando no miran y oyendo no oyen, ni entienden.

14 Y se cumple en ellos la profecía de Isaías que dice (6:10): Oiréis y no entenderéis, y miraréis y no veréis

15 porque fué entorpecido el corazón de este pueblo, y con los oídos pesadamente oyeron, y cerraron sus ojos, no sea que vean con los ojos, y oigan con los oídos y con el corazón entiendan, y se conviertan, y los sane.

16 Mas de vosotros, bienaventurados los ojos, porque ven, y los oídos, porque oyen.

17 En verdad, pues, os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron, y oír lo que oís, y no lo oyeron.

18 Vosotros, pues, oíd la parábola del que siembra.

19 A todo el que oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo y arrebata lo sembrado en su corazón; éste es el sembrado junto al camino.

20 El sembrado sobre los pedregales es el que oye la palabra, y al instante con gozo la recibe,

21 pero no tiene raíz en sí mismo mas es temporaria, viniendo tribulación o persecución a causa de la palabra, al instante se escandaliza.

22 El sembrado entre los abrojos es éste que oye la palabra y los cuidados de este siglo y el engaño de la riqueza ahogan la palabra, y se hace estéril.

23 Mas el sembrado en la buena tierra es éste que oye la palabra y la entiende, el que lleva fruto y hace uno ciento, otro sesenta, otro treinta.

24 Otra parábola les propuso (Jesús) diciendo: Es comparado el reino de los cielos a un hombre que sembró buena semilla en su campo;

25 y mientras dormían los hombres, vino el enemigo de él, y sembró cizaña en medio del trigo, y fuese.

26 Cuando creció la hierba, e hizo grano, entonces apareció también la cizaña.

27 Llegándose los siervos del dueño de casa, le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña?

28 El les dijo: Hombre enemigo hizo esto. Los siervos le dijeron: ¿Quieres que vayamos a cogerla?

29 No, dijo, no sea que al coger la cizaña, arranquéis al mismo tiempo con ella el trigo.

30 Dejad crecer juntamente ambos hasta la siega; y en el tiempo de la siega diré a los segadores: Coged primero la cizaña y atadla en manojos para quemarla, mas el trigo allegadlo en mi granero.

31 Otra parábola les propuso, diciendo: Semejante es el reino de los cielos a un grano de mostaza que un hombre tomó y sembró en su campo.

32 Es la, más pequeña de todas las semillas, mas cuando habrá crecido, es mayor que las legumbres, y se hace árbol, de modo que vienen las aves del cielo y se cobijan en sus ramas.

33 Otra parábola les dijo: Semejante es el reino de los cielos a levadura que una mujer tomó y escondió en tres medidas de harina hasta que todo fué leudado.

34 Todas estas cosas habló Jesús en parábolas a las gentes, y sin parábola no les hablaba:

35 de manera que fuese cumplido lo predicho por el profeta que dice (Sal. 78:2): Abriré en parábolas mi boca; publicaré cosas escondidas, desde la fundación del mundo.

36 Después de despedir a las gentes, entró Jesús en la casa, y se acercaron a él sus discípulos, diciendo: Explícanos la parábola de la cizaña del campo.

37 Respondiendo él les dijo: El que siembra la buena semilla es el hijo del hombre,

38 el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino; la cizaña son los hijos del malo;

39 el enemigo que la sembró es el diablo; la siega es la consumación del siglo y los segadores son ángeles.

40 Como pues se recoge la cizaña y se quema en fuego, así será en la consumación del siglo.

41 Enviará el hijo del hombre sus ángeles, que recogerán de su reino todos los estorbos y a los que hacen !a iniquidad,

42 y los echarán en el horno del fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes.

43 Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre (Dan. 12:3). El que tiene oídos para oír, oiga.

44 También es semejante el reino de los cielos a un tesoro escondido en el campo, que habiéndolo hallado un hombre lo encubrió, y por el gozo de ello, va y vende todo lo que tiene y compra aquel campo.

45 También es semejante el reino de los cielos a un merca del que busca hermosas margaritas.

46 Habiendo hallado una margarita de mucho valor fué y ha vendido todo lo que tenía, y la compró.

47 Otrosí es semejante el reino de los cielos a una red echada en el mar y que junta de toda especie (de peces) ;

48 cuando fué llenada la sacaron sobre la playa y sentados recogieron lo bueno en cestos y a lo malo tiraron fuera.

49 Así será en la consumación del siglo. Saldrán los ángeles y apartarán a los malos de en medio de los justos;

50 y los echarán en el horno del fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes.

51 ¿Habéis entendido todas estas cosas? Le dicen: Sí.

52 El les dijo: Por esto todo escriba hecho discípulo para el reino de los cielos es semejante a un dueño de casa que saca de su tesoro cosas nuevas y viejas.

53 Cuando acabó Jesús estas parábolas, partió de allí,

54 y venido a su patria les enseñaba en la sinagoga de ellos, de manera que estaban atónitos, y decían: ¿De dónde a éste la sabiduría esa y las fuerzas sobrenaturales?

55 ¿No es éste el hijo del carpintero? La madre de él, ¿no se llama María? ¿y los hermanos de él, Jacobo, José, Simón y Judas?

56 y las hermanas de él ¿no están todas con nosotros? ¿De dónde, pues, a éste todas estas cosas?

57 Y se escandalizaban en él. Pero Jesús les dijo: No hay profeta desestimado sino en su patria y en su casa,

58 y no hizo allí muchos milagros a causa de la incredulidad de ellos.

Nuevo Testamento de Pablo Besson

Copyright © Edición Conmemorativa 1981, Asociación Bautista Argentina de Publicaciones.

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