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Proverbios 15:8 - Biblia Nueva Versión Internacional 2022

8 El Señor aborrece los sacrificios de los malvados, pero se complace en la oración de los justos.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

8 El sacrificio de los impíos es abominación a Jehová; Mas la oración de los rectos es su gozo.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

8 El Señor detesta el sacrificio de los perversos, pero se deleita con las oraciones de los íntegros.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

8 Yavé aborrece el sacrificio de los malvados, pero acoge con alegría la oración de los justos.

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La Biblia Textual 3a Edicion

8 Abominación a YHVH es el sacrificio de los impíos, Pero la oración de los rectos es su deleite.

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

8 Yahveh abomina el sacrificio de los malos; pero se complace en la plegaria de los justos.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

8 El sacrificio de los impíos es abominación a Jehová; mas la oración de los rectos es su gozo.

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Proverbios 15:8
26 Referencias Cruzadas  

Luego, mientras celebraba los sacrificios, Absalón mandó llamar a un consejero de su padre David, el cual se llamaba Ajitofel y era del pueblo de Guiló. Así la conspiración fue tomando fuerza, y el número de los que seguían a Absalón crecía más y más.


Al Señor le agradó que Salomón hubiera hecho esa petición.


Yo sé, mi Dios, que tú pruebas los corazones y amas la rectitud. Por eso, con honestidad te he ofrecido voluntariamente todas estas cosas y he visto con júbilo que tu pueblo, aquí presente, te ha traído sus ofrendas.


Que suba a tu presencia mi oración como una ofrenda de incienso, mis manos levantadas como el sacrificio de la tarde.


Señor, oye mi justo ruego; escucha mi clamor; presta oído a mi oración, pues no sale de labios engañosos.


Lo que el malvado teme, eso le ocurre; lo que el justo desea, eso recibe.


El Señor se mantiene lejos de los impíos, pero escucha las oraciones de los justos.


Los labios de los sabios esparcen conocimiento; el corazón de los necios ni piensa en ello.


El sacrificio de los malvados es detestable y, más aún, cuando se ofrece con mala intención.


Practicar la justicia y el derecho lo prefiere el Señor a los sacrificios.


Dios aborrece hasta la oración del que se niega a obedecer la ley.


Cuando vayas a la casa de Dios, cuida tus pasos y acércate a escuchar en vez de ofrecer sacrificio de necios, que ni conciencia tienen de que hacen mal.


Paloma mía, que te escondes en las grietas de las rocas, en las hendiduras de las montañas, muéstrame tu rostro, déjame oír tu voz; pues tu voz es placentera y hermoso tu semblante.


«Yo, el Señor, amo la justicia, pero odio el robo y la iniquidad. En mi fidelidad los recompensaré y haré con ellos un pacto eterno.


Pero los que sacrifican toros son como los que matan hombres; los que ofrecen corderos son como los que desnucan perros; los que presentan ofrendas de grano son como los que ofrecen sangre de cerdo y los que queman ofrendas de incienso son como los que adoran ídolos. Ellos han escogido sus propios caminos, y se deleitan en sus abominaciones.


¿De qué me sirve este incienso que llega de Sabá o la caña dulce de un país lejano? Sus holocaustos no me gustan; sus sacrificios no me agradan».


Tan pronto como comenzaste a orar, hubo una respuesta que vine a decirte, porque eres muy apreciado. Presta, pues, atención a mis palabras, para que entiendas la visión.


Si alguna carne del sacrificio de comunión llega a comerse al tercer día, tal sacrificio no será aceptado ni se tomará en cuenta, porque la carne ya está impura. El que la coma sufrirá las consecuencias de su pecado.


¿Con qué me presentaré ante el Señor y me postraré ante el Dios Altísimo? ¿Podré presentarme con holocaustos o con becerros de un año?


¿Se complacerá el Señor con miles de carneros o con diez mil arroyos de aceite? ¿Ofreceré a mi primogénito por mi delito, al fruto de mis entrañas por mi pecado?


Entonces Hageo respondió: «¡Así es este pueblo! ¡Así es para mí esta nación!», afirma el Señor. «¡Así es cualquier obra de sus manos! ¡Todo lo que allí ofrecen es impuro!


¡Cómo quisiera que alguno de ustedes cerrara las puertas del Templo, para que no encendieran en vano el fuego de mi altar! No estoy nada contento con ustedes —dice el Señor de los Ejércitos— y no voy a aceptar ni una sola ofrenda de sus manos.


Dios es espíritu y quienes lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad.


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