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Proverbios 11:11 - Biblia Nueva Versión Internacional 2022

11 La bendición de los justos enaltece a la ciudad, pero la boca de los malvados la destruye.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

11 Por la bendición de los rectos la ciudad será engrandecida; Mas por la boca de los impíos será trastornada.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

11 Los ciudadanos íntegros son de beneficio para la ciudad y la hacen prosperar, pero las palabras de los perversos la destruyen.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

11 La ciudad prosperará mientras los justos la bendigan; su ruina se deberá a las intrigas de los malvados.

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La Biblia Textual 3a Edicion

11 Con la bendición de los rectos la ciudad prospera, Pero la boca de los impíos la arruina.

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

11 Por la bendición de los rectos prospera la ciudad, por la boca de los malvados se hunde.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

11 Por la bendición de los rectos la ciudad es engrandecida; mas por la boca de los impíos es trastornada.

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Proverbios 11:11
14 Referencias Cruzadas  

Fue Dios quien me envió aquí, no ustedes. Él me ha puesto como asesor del faraón y administrador de su casa, y como gobernador de todo Egipto.


Por allí se encontraba un malvado que se llamaba Sabá, hijo de Bicrí, que era benjamita. Dando un toque de trompeta, se puso a gritar: «¡Pueblo de Israel, todos a sus casas, pues no tenemos parte con David ni herencia con el hijo de Isaí!».


Él librará aun al que no es inocente; si tienes manos limpias, quedarás a salvo».


Cuando los justos prosperan, la ciudad se alegra; cuando los malvados perecen, hay gran regocijo.


El falto de juicio desprecia a su prójimo, pero el entendido refrena su lengua.


La justicia enaltece a una nación, pero el pecado deshonra a todos los pueblos.


Cuando hay rebelión en el país, los gobernantes se multiplican; cuando el gobernante es entendido y sensato, se mantiene el orden.


Los insolentes agitan la ciudad, pero los sabios aplacan la ira.


En esa ciudad había un hombre pobre, pero sabio, que con su sabiduría salvó a la ciudad, ¡pero nadie se acordó de aquel hombre pobre!


También la lengua es un fuego, un mundo de maldad entre nuestros órganos. Contamina todo el cuerpo y, encendida por el infierno, prende fuego a todo el curso de la vida.


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