Biblia Todo Logo
La Biblia Online
- Anuncios -





Mateo 8:4 - Biblia Nueva Versión Internacional 2022

4 —Mira, no se lo digas a nadie —dijo Jesús—; solo ve, preséntate al sacerdote y lleva la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio.

Ver Capítulo Copiar


Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

4 Entonces Jesús le dijo: Mira, no lo digas a nadie; sino ve, muéstrate al sacerdote, y presenta la ofrenda que ordenó Moisés, para testimonio a ellos.

Ver Capítulo Copiar

Biblia Nueva Traducción Viviente

4 —No se lo cuentes a nadie —le dijo Jesús—. En cambio, preséntate ante el sacerdote y deja que te examine. Lleva contigo la ofrenda que exige la ley de Moisés a los que son sanados de lepra. Esto será un testimonio público de que has quedado limpio.

Ver Capítulo Copiar

Biblia Católica (Latinoamericana)

4 Jesús le dijo: 'Mira, no se lo digas a nadie; pero ve a mostrarte al sacerdote y ofrece la ofrenda ordenada por la Ley de Moisés, pues tú tienes que hacerles una declaración.

Ver Capítulo Copiar

La Biblia Textual 3a Edicion

4 Entonces Jesús le dice: Mira, no lo digas a nadie, solamente ve y muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que ordenó Moisés,° para testimonio a ellos.

Ver Capítulo Copiar

Biblia Serafín de Ausejo 1975

4 Jesús le dijo: 'Cuidado con decírselo a nadie. Pero esto sí; ve a presentarte al sacerdote y a ofrecer el don que mandó Moisés, para que tengan constancia de ello'.

Ver Capítulo Copiar

Biblia Reina Valera Gómez (2023)

4 Entonces Jesús le dijo: Mira, no lo digas a nadie; mas ve, muéstrate al sacerdote, y ofrece el presente que mandó Moisés, para testimonio a ellos.

Ver Capítulo Copiar




Mateo 8:4
31 Referencias Cruzadas  

Agradó al Señor, por amor a su justicia, hacer su ley grande y gloriosa.


y el área afectada tenga un color verdusco o rojizo, se trata de una infección de moho, y deberá mostrársele al sacerdote.


Por mi causa los llevarán ante gobernadores y reyes para dar testimonio a ellos y a los gentiles.


Luego ordenó a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Cristo.


Mientras bajaban de la montaña, Jesús les encargó: —No cuenten a nadie lo que han visto hasta que el Hijo del hombre se levante de entre los muertos.


—Hagámoslo como te digo, pues nos conviene cumplir con lo que es justo —contestó Jesús. Entonces Juan consintió.


»No piensen que he venido a anular la Ley o los Profetas; no he venido a anularlos, sino a darles cumplimiento.


»Cuídense de no hacer sus obras de justicia delante de la gente para llamar la atención. Si actúan así, su Padre que está en el cielo no les dará ninguna recompensa.


Y recobraron la vista. Jesús les advirtió con firmeza: —Asegúrense de que nadie se entere de esto.


»Pero ustedes cuídense. Los entregarán a los tribunales y los azotarán en las sinagogas. Por mi causa comparecerán ante gobernadores y reyes para dar testimonio ante ellos.


Pero él les ordenó terminantemente que no dijeran quién era él.


Él dio órdenes estrictas de que nadie se enterara de lo ocurrido y les mandó que dieran de comer a la niña.


Si en algún lugar no los reciben bien o no los escuchan, salgan de allí y sacúdanse el polvo de los pies, como un testimonio contra ellos».


Jesús ordenó que no se lo dijeran a nadie, pero cuanto más se lo prohibía, tanto más lo seguían propagando.


Jesús ordenó que no hablaran a nadie acerca de él.


Mientras bajaban de la montaña, Jesús ordenó que no contaran a nadie lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre se levantara de entre los muertos.


Al verlos, les dijo: —Vayan a presentarse a los sacerdotes. Resultó que, mientras iban de camino, quedaron limpios.


Así tendrán ustedes la oportunidad de dar testimonio ante ellos.


Además, de muchas personas salían demonios que gritaban: «¡Tú eres el Hijo de Dios!». Pero él los reprendía y no los dejaba hablar porque sabían que él era el Cristo.


—No se lo digas a nadie —ordenó Jesús—; solo ve, preséntate al sacerdote y lleva por tu purificación lo que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio.


Los padres se quedaron atónitos, pero él les advirtió que no contaran a nadie lo que había sucedido.


Jesús ordenó terminantemente que no dijeran esto a nadie.


»No acepto que la gente me dé gloria.


El que habla por cuenta propia busca su vanagloria; en cambio, el que busca glorificar al que lo envió es una persona íntegra y sin maldad.


Yo no busco mi propia gloria; pero hay uno que la busca y él es el juez.


Síguenos en:

Anuncios


Anuncios


¡Síguenos en WhatsApp! Síguenos