Isaías 6:6 - Biblia Traducción en Lenguaje Actual6 En ese momento, uno de los serafines voló hacia mí. Traía en su mano unas tenazas, y en ellas llevaba una brasa que había tomado del fuego del altar. Ver CapítuloMás versionesBiblia Reina Valera 19606 Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas; Ver CapítuloBiblia Nueva Traducción Viviente6 Entonces uno de los serafines voló hacia mí con un carbón encendido que había tomado del altar con unas tenazas. Ver CapítuloBiblia Católica (Latinoamericana)6 Entonces voló hacia mí uno de los serafines. Tenía un carbón encendido que había tomado del altar con unas tenazas, Ver CapítuloLa Biblia Textual 3a Edicion6 Pero uno de los serafines voló hacia mí con un ascua en la mano,° que había tomado del altar con unas tenazas, Ver CapítuloBiblia Serafín de Ausejo 19756 Voló entonces hacia mí uno de los serafines, con una brasa encendida en su mano, que había tomado de encima del altar con unas tenazas; Ver CapítuloBiblia Reina Valera Gómez (2023)6 Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas: Ver Capítulo |
En ese momento Dios le ordenó al escritor: «Métete entre las ruedas que están debajo de los cuatro seres, toma un puñado de los carbones encendidos que hay allí, y espárcelos por toda la ciudad». Aquel hombre obedeció y se metió entre las ruedas, pero se quedó junto a una de ellas. Entonces, debajo de las alas de los cuatro seres apareció algo semejante a una mano. Uno de los seres extendió la mano hacia el fuego, tomó algunos carbones y se los dio al escritor. Cuando esto sucedió, los cuatro seres todavía estaban en la parte sur del templo. Una nube cubría el patio interior, y el gran resplandor de Dios, que estaba por encima de los seres, se elevó y fue a detenerse a la entrada del templo. En ese momento la nube llenó el templo, y todo el patio se iluminó con el resplandor. Era tanto el ruido que los cuatro seres hacían con sus alas, que podía oírse hasta el patio de afuera. ¡Parecía como si Dios mismo estuviera hablando!