Deuteronomio 2:1 - Biblia Traducción en Lenguaje Actual1 »Después de eso, Dios me mandó que los llevara al desierto por el camino que va al Mar de los Juncos. Pasamos largo tiempo viajando alrededor de las montañas de Seír, Ver CapítuloMás versionesBiblia Reina Valera 19601 Luego volvimos y salimos al desierto, camino del Mar Rojo, como Jehová me había dicho; y rodeamos el monte de Seir por mucho tiempo. Ver CapítuloBiblia Nueva Traducción Viviente1 »Luego dimos la vuelta y regresamos por el desierto hacia el mar Rojo, tal como el Señor me había indicado y, durante mucho tiempo, anduvimos de un lugar a otro en la región del monte Seir. Ver CapítuloBiblia Católica (Latinoamericana)1 Luego volvimos al desierto por el camino del Mar Rojo, como Yavé me había ordenado, y anduvimos largo tiempo rodeando los cerros de Seír. Ver CapítuloLa Biblia Textual 3a Edicion1 Después nos volvimos y partimos hacia el desierto por el camino del Mar Rojo, como YHVH me había ordenado, y por muchos días dimos vuelta a la serranía de Seir.° Ver CapítuloBiblia Serafín de Ausejo 19751 Luego nos volvimos y partimos hacia el desierto, por el camino del mar de los Juncos, como Yahveh me lo había ordenado, y durante muchos días estuvimos rodeando la montaña de Seír. Ver CapítuloBiblia Reina Valera Gómez (2023)1 Entonces nos volvimos y emprendimos nuestro viaje hacia el desierto por el camino del Mar Rojo, como Jehová me había dicho; y rodeamos el monte Seir por muchos días. Ver Capítulo |
pero a nuestro Dios le pareció que habíamos estado allí demasiado tiempo, y nos ordenó ir hacia el norte. »Antes nos advirtió que, al pasar por la región de Seír, no atacáramos a los descendientes de Esaú, pues esa región les pertenece. Allí habían vivido los horeos, pero los descendientes de Esaú los destruyeron y se quedaron con su tierra. Por eso Dios dijo que no nos daría ni un pedazo de ese territorio. Y aunque ellos nos tenían miedo, nos ordenó no hacerles daño, pues después de todo eran nuestros parientes. Solo debíamos comprarles la comida y el agua que necesitáramos. »Yo les hice recordar que Dios los había bendecido en todo lo que ustedes habían hecho durante esos cuarenta años. En verdad, Dios los ha protegido y cuidado en todo el viaje por el desierto, y nada les ha faltado. »Luego nos alejamos por el camino del Arabá, que comienza en Elat y Esión-guéber, y pasamos por Seír. De allí nos desviamos por el camino del desierto que lleva a Moab. Fue entonces cuando Dios nos ordenó no atacar a los moabitas, que son descendientes de Lot. Nos dijo, además, que tampoco nos daría ni un pedazo de la región de Ar, pues ese territorio les pertenece. Antes, ese territorio era de los emitas, que eran un pueblo muy grande, con gente tan alta como los gigantes anaquitas. La mayoría de la gente los conocía con el nombre de refaítas, pero los moabitas fueron los primeros en llamarlos emitas.