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Proverbios 28:4 - Biblia Torres Amat 1825

4 Los que abandonan la ley de Dios, alaban al impío; pero los que la guardan se enardecen contra él.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

4 Los que dejan la ley alaban a los impíos; Mas los que la guardan contenderán con ellos.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

4 Rechazar la ley es enaltecer a los perversos; obedecer la ley es luchar contra ellos.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

4 Los que abandonaron la ley aplauden al malvado, los que observan la Ley se indignan contra él.

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La Biblia Textual 3a Edicion

4 Los que abandonan la Ley alaban al impío, Los que guardan la Ley rompen con ellos.

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

4 Quien abandona la ley ensalza al malvado, quien observa la ley rompe con él.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

4 Los que abandonan la ley, alaban a los impíos: Mas los que la guardan, contenderán con ellos.

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Proverbios 28:4
31 Referencias Cruzadas  

A lo que respondió Elías: No he alborotado yo a Israel; sino tú y la casa de tu padre, que habéis despreciado los mandamientos del Señor, y seguido a los Baales o falsos dioses.


Entonces Elías acercándose a todo el pueblo, dijo: ¿Hasta cuándo habéis de ser como los que cojean hacia dos lados? Si el Señor es Dios, seguidle; y si lo es Baal, seguid a Baal. Mas el pueblo no le respondió palabra.


En aquellos días observé en Judá algunos que pisaban uva en los lagares el día sábado, y que en este día traían también haces de leña, y cargaban sobre asnos vino, uvas, higos y toda suerte de cosas, y lo entraban en Jerusalén . Y les mandé expresamente que vendiesen solamente en los días en que era lícito vender.


Uno de los hijos de Joíada, hijo de Eliasib, sumo sacerdote, era yerno de Sanaballat horonita, por cuyo motivo lo aparté lejos de mí.


Por cuanto el pecador se jacta en los perversos deseos de su alma; y el inicuo se ve celebrado.


Porque mientras él viva, será alabado; y él te bendecirá cuando le hicieres bien.


Cosa asombrosa, cosa muy extraña es la que ha sucedido en esta tierra:


Porque Juan le decía: No te es lícito tenerla por mujer.


A lo cual respondió Jesús , diciendo: Déjame hacer ahora, que así es como conviene que nosotros cumplamos toda justicia. Juan entonces condescendió con él.


Pero como viese venir a su bautismo muchos de los fariseos y saduceos, les dijo: ¡Oh raza de víboras!, ¿quién os ha enseñado que con solas exterioridades podéis huir de la ira que os amenaza?


Todo el auditorio prorrumpía en aclamaciones, diciendo: Esta es la voz de un Dios, y no de un hombre.


Se originó de ahí una conmoción, y oponiéndoseles fuertemente Pablo y Bernabé, se acordó que Pablo y Bernabé, y algunos del otro partido fuesen a Jerusalén a consultar a los apóstoles y presbíteros sobre la dicha cuestión.


Mas como algunos de ellos endurecidos no creyesen, antes blasfemasen de la doctrina del Señor delante de los oyentes, apartándose de ellos, separó a los discípulos, y platicaba o enseñaba todos los días en la escuela de un tal Tirano.


los cuales en medio de haber conocido la justicia de Dios, no echaron de ver, que los que hacen tales cosas, son dignos de muerte eterna, y no sólo los que las hacen, sino también los que aprueban a los que las hacen.


No queráis, pues, ser cómplice de las obras infructuosas de las tinieblas; antes bien, reprendedlas;


sino que habiendo sido antes maltratados y afrentados, o azotados con varas (como no ignoráis) en Filipos, puesta en nuestro Dios la confianza, pasamos animosamente a predicaros la buena nueva de Dios en medio de muchos obstáculos.


Nosotros somos de Dios. Quien conoce a Dios, nos escucha a nosotros; quien no es de Dios, no nos escucha, en esto conocemos los que están animados del espíritu de verdad, y los que lo están del espíritu del error.


Porque se han entrometido con disimulo ciertos hombres impíos (de quienes estaba ya muy de antemano predicho que vendrían a caer en este juicio o condenación), los cuales cambian la gracia de nuestro Dios en una desenfrenada licencia, y reniegan, o renuncian, a Jesucristo, nuestro único soberano y Señor.


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