Biblia Todo Logo
La Biblia Online
- Anuncios -





Lucas 18:4 - Biblia Torres Amat 1825

4 Mas el juez en mucho tiempo no quiso hacérsela. Pero después dijo para consigo: Aunque yo no temo a Dios, ni respeto a hombre alguno,

Ver Capítulo Copiar


Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

4 Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre,

Ver Capítulo Copiar

Biblia Nueva Traducción Viviente

4 Durante un tiempo, el juez no le hizo caso, hasta que finalmente se dijo a sí mismo: “No temo a Dios ni me importa la gente,

Ver Capítulo Copiar

Biblia Católica (Latinoamericana)

4 Durante bastante tiempo el juez no le hizo caso, pero al final pensó: 'Es cierto que no temo a Dios y no me importa la gente,

Ver Capítulo Copiar

La Biblia Textual 3a Edicion

4 Pero no quiso por un tiempo, pero después de estas cosas, se dijo: Aunque no temo a Dios, ni respeto a hombre,

Ver Capítulo Copiar

Biblia Serafín de Ausejo 1975

4 Él la ignoró durante mucho tiempo. Pero luego pensó para sus adentros: 'Aunque no temo a Dios ni tengo consideración alguna con los hombres,

Ver Capítulo Copiar

Biblia Reina Valera Gómez (2023)

4 Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre,

Ver Capítulo Copiar




Lucas 18:4
8 Referencias Cruzadas  

y discurría para consigo, diciendo: ¿Qué haré, que no tengo sitio para encerrar mis granos?


Entonces el mayordomo dijo entre sí: ¿Qué haré, pues mi amo me quita la administración de sus bienes? Yo no soy bueno para cavar, y para mendigar no tengo cara.


diciendo: En cierta ciudad había un juez, que ni tenía temor de Dios, ni respeto a hombre alguno.


Vivía en la misma ciudad una viuda, la cual solía ir a él, diciendo: Hazme justicia de mi contrario.


Dijo entonces el dueño de la viña: ¿Qué haré ya? Enviaré a mi hijo querido; quizá cuando le vean, le tendrán más respeto.


Y a la verdad aquellos por pocos días no castigaban a su arbitrio; pero éste nos amaestra en aquello que sirve para hacernos santos.


Ella, no obstante, proseguía llorando delante de su esposo los siete días del convite; y al fin el séptimo día, importunándole más y más, le declaró Sansón el enigma; y ella inmediatamente lo descubrió a sus paisanos.


Síguenos en:

Anuncios


Anuncios


¡Síguenos en WhatsApp! Síguenos