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1 Samuel 22:5 - Biblia Torres Amat 1825

5 Y los dejó encomendados al rey de Moab; con quien estuvieron todo el tiempo que David permaneció en aquella fortaleza de Masfa.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

5 Pero el profeta Gad dijo a David: No te estés en este lugar fuerte; anda y vete a tierra de Judá. Y David se fue, y vino al bosque de Haret.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

5 Un día el profeta Gad dijo a David: «Deja la fortaleza y vuelve a la tierra de Judá». Entonces David fue al bosque de Haret.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

5 El profeta Gad dijo un día a David: 'No te quedes en ese refugio, vuelve al territorio de Judá'. David salió de allí y llegó al bosque de Jeret.

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La Biblia Textual 3a Edicion

5 Pero el profeta Gad dijo a David: No habites en la fortaleza. Ve y entra a la tierra de Judá. Y David partió y llegó al bosque de Haret.

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

5 Dijo entonces el profeta Gad a David: 'No te quedes en la fortaleza, vete y vuélvete al país de Judá'. David se fue y se refugió en el bosque de Jéret.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

5 Y el profeta Gad dijo a David: No te quedes en la fortaleza, vete, y entra en tierra de Judá. Y David se fue, y vino al bosque de Haret.

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1 Samuel 22:5
8 Referencias Cruzadas  

David estaba en un puesto fuerte, y por entonces los filisteos tenían guarnición en Betlehem.


Por la mañana, así que David se hubo levantado, habló el Señor a Gad, profeta y vidente de David, diciendo:


Estaba, pues David en su puesto fortificado, y los filisteos tenían una guarnición en Betlehem.


Habló después el Señor a Gad, profeta de David, diciendo:


Todos los hechos de David, así los primeros como los últimos, están escritos en el Libro de Samuel profeta, y en el Libro de Natán profeta, y en el de Gad profeta,


Estableció también levitas en el templo del Señor con sus címbalos, y salterios, y cítaras, según la disposición del rey David, y de Gad profeta, y del profeta Natán; porque éste fue un mandamiento del Señor, comunicado por medio de sus profetas.


¡Dios mío, oh mi Dios!, a ti aspiro, y me dirijo desde que apunta la aurora. De ti está sedienta el alma mía. ¡Y de cuántas maneras lo está también este mi cuerpo!


Partió de aquí David para Masfa, que es del país de Moab, y dijo al rey de Moab: Te ruego permitas que mi padre y mi madre se queden con vosotros, hasta tanto que yo sepa lo que Dios dispone de mí.


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