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Josué 7:26 - Biblia Serafín de Ausejo 1975

26 Echaron luego sobre él un gran montón de piedras, que subsiste hasta hoy. Así calmó Yahveh el furor de su cólera. Por eso aquel lugar se llama hasta hoy Valle de Acor.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

26 Y levantaron sobre él un gran montón de piedras, que permanece hasta hoy. Y Jehová se volvió del ardor de su ira. Y por esto aquel lugar se llama el Valle de Acor, hasta hoy.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

26 Apilaron un montón de piedras sobre Acán, las cuales siguen allí hasta el día de hoy. Por eso, desde entonces, al lugar se le llama valle de la Aflicción. Así el Señor dejó de estar enojado.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

26 Encima de Acán se levantó un gran montón de piedras que está allí todavía, y Yavé se apaciguó del ardor de su cólera. Por eso, hasta el día de hoy llaman a ese lugar: el valle de Acor.

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La Biblia Textual 3a Edicion

26 Y levantaron sobre él un gran montón de piedras, hasta hoy. Y YHVH se tornó del ardor de su ira. Por eso aquel lugar se llama hasta hoy, valle de Acor.°

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

26 Y levantaron sobre él un gran montón de piedras, hasta hoy. Y Jehová se volvió del furor de su ira. Y por eso fue llamado aquel lugar el Valle de Acor, hasta hoy.

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Biblia Traducción en Lenguaje Actual

26 y colocaron un montón de piedras que todavía está allí. Por eso el lugar se llama valle de Acor. Así Dios calmó su enojo.

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Josué 7:26
22 Referencias Cruzadas  

Luego tomaron a Absalón, lo arrojaron en una gran fosa en el bosque y pusieron encima un gran montón de piedras. Mientras tanto, todos los de Israel huyeron, cada uno a su tienda.


Y enterraron los huesos de Saúl y los de su hijo Jonatán, junto con los de aquellos que habían sido ajusticiados, en la tierra de Benjamín, en Selá, en la tumba de Quis, padre de Saúl, cumpliendo así todo lo dispuesto por el rey. Después de esto Dios se aplacó con el país.


Pero ahora he decidido en mi corazón que pactemos una alianza con Yahveh, Dios de Israel, para que aparte de nosotros el furor de su ira.


Que se queden aquí nuestros jefes en representación de la asamblea y todos los que en nuestras ciudades hayan tomado por esposas a mujeres extranjeras vengan en fechas determinadas, acompañados de los ancianos de cada ciudad y de sus jueces, hasta que se aparte de nosotros el furor de la cólera de nuestro Dios por este asunto'.


tú reprimes tu enojo, retornando del fuego de tu ira.


¿Por qué han de poder decir los egipcios: 'Con mala intención les ha hecho salir, para darles muerte en las montañas y para exterminarlos de la superficie de la tierra'? Apaga el furor de tu ira y renuncia a ese castigo con que amenazas a tu pueblo.


Hablad al corazón de Jerusalén y proclamadle que se ha cumplido su servicio, que se ha pagado su deuda, que ha recibido de la mano de Yahveh el doble del castigo por todos sus pecados.


Será el Sarón pastizal de ovejas, y el valle de Acor dehesa de bueyes para mi pueblo que me busca.


Sofocaron mi vida en la fosa, echaron piedras sobre mí.


La castigaré por los días de los baales, cuando ella les quemaba incienso, y, adornada con sus zarcillos y collares, caminaba detrás de sus amantes y me olvidaba a mí -oráculo de Yahveh.


Yo le daré sus viñas de antes y el valle de Acor como puerta de esperanza. Y ella responderá como en los días de su juventud, como en los días en que subió del país de Egipto.


rasgad vuestros corazones y no vuestros vestidos, y convertíos a Yahveh, vuestro Dios, porque él es clemente y misericordioso, tardo a la cólera, rico en piedad, y se arrepiente del daño que causa.


Yahveh se llenó de celo por su tierra y perdonó a su pueblo.


Levantaron, pues, en vilo a Jonás y lo arrojaron al mar; y el mar calmó su cólera.


Después me llamó y me dijo: 'Mira a los que salen hacia el país del norte: éstos aplacan mi ira contra el país del norte'.


siguió al israelita hasta la alcoba y atravesó a los dos, al israelita y a la mujer, por el bajo vientre. Entonces se detuvo el azote que pesaba sobre los israelitas.


Juntarás todo su botín en medio de su plaza y prenderás fuego a la ciudad con todos sus despojos, ofreciéndolo todo a Yahveh, tu Dios. Será para siempre un montón de ruinas y nunca volverá a reedificarse.


No se te pegará a las manos nada de cuanto fue dado al anatema, para que se extinga el furor de la ira de Yahveh, te conceda su gracia, tenga misericordia de ti y te multiplique, como se lo juró a tus padres,


Al ponerse el sol, mandó Josué que los bajaran de los árboles, que los arrojaran en la cueva donde se habían escondido y que en la boca de la cueva colocaran grandes piedras, que están allí hasta el día de hoy.


Entonces Josué tomó a Acán, hijo de Zéraj, junto con la plata, el manto y el lingote de oro, y también a sus hijos y a sus hijas, su ganado vacuno, sus asnos, su ganado menor, su tienda y cuanto tenía. Todo Israel estaba presente. Lo llevaron al valle de Acor.


Al rey de Ay lo colgó de un árbol hasta el atardecer; pero a la puesta del sol mandó Josué que descolgaran del árbol el cadáver. Luego lo arrojaron a la entrada de la puerta de la ciudad y echaron sobre él un gran montón de piedras, que subsiste hasta el día de hoy.


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