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Ezequiel 8:2 - Biblia Serafín de Ausejo 1975

2 Miré y vi una figura de apariencia humana. Desde lo que parecían las caderas para abajo era fuego y desde las caderas para arriba era resplandeciente, como el centelleo del ámbar.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

2 Y miré, y he aquí una figura que parecía de hombre; desde sus lomos para abajo, fuego; y desde sus lomos para arriba parecía resplandor, el aspecto de bronce refulgente.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

2 Vi una figura con apariencia de hombre. De lo que parecía ser su cintura para abajo, parecía una llama encendida. De la cintura para arriba, tenía aspecto de ámbar reluciente.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

2 Miré, era una forma humana; por debajo de la cintura no era más que fuego, y de la cintura para arriba era como un metal incandescente.

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La Biblia Textual 3a Edicion

2 Y miré, y he aquí una semejanza de hombre° como la apariencia de fuego: Desde la apariencia de sus lomos para abajo era fuego, y desde sus lomos para arriba, como la apariencia de un resplandor, como la refulgencia del bronce incandescente.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

2 Y miré, y he aquí una semejanza que parecía de fuego; desde sus lomos para abajo, fuego; y desde sus lomos para arriba parecía como resplandor, como el color ámbar.

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Biblia Traducción en Lenguaje Actual

2 y me permitió ver la figura de algo que parecía un ser humano. De la cintura para abajo, parecía fuego; de la cintura para arriba, brillaba como bronce pulido.

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Ezequiel 8:2
7 Referencias Cruzadas  

Miré: y he aquí que un viento huracanado venía del norte, una nube grande, con fuego que relampagueaba continuamente y claridad alrededor, y dentro de él como el centelleo del bronce en medio del fuego.


Me llevó allí y vi que allí había un hombre que parecía de bronce, con una cuerda de lino en la mano y una caña de medir. Estaba de pie junto a la puerta.


El año sexto, el día cinco del sexto mes, estando yo sentado en mi casa y los ancianos de Judá sentados en mi presencia, se posó sobre mí la mano del Señor Yahveh.


Su cuerpo era como crisólito, su rostro parecia un relámpago, sus ojos como antorchas encendidas, sus brazos y sus piernas como el brillo del bronce bruñido, y el sonido de sus palabras como el clamor de una multitud.


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