Ester 9:1 - Biblia Serafín de Ausejo 19751 En el duodécimo mes, que es el mes de Adar, el día trece del mes, cuando debían ser ejecutados la orden del rey y su edicto, en ese día en que los enemigos de los judíos esperaban adueñarse de ellos, la situación experimentó un vuelco radical, pues fueron los judíos quienes se adueñaron de los que los odiaban. Ver CapítuloMás versionesBiblia Reina Valera 19601 En el mes duodécimo, que es el mes de Adar, a los trece días del mismo mes, cuando debía ser ejecutado el mandamiento del rey y su decreto, el mismo día en que los enemigos de los judíos esperaban enseñorearse de ellos, sucedió lo contrario; porque los judíos se enseñorearon de los que los aborrecían. Ver CapítuloBiblia Nueva Traducción Viviente1 Así que, el 7 de marzo, los dos decretos del rey entraron en vigencia. Ese día, los enemigos de los judíos tenían la esperanza de dominarlos, pero ocurrió todo lo contrario. Fueron los judíos quienes dominaron a sus enemigos. Ver CapítuloBiblia Católica (Latinoamericana)1 El día trece del duodécimo mes (el mes de Adar), se dio vuelta la situación: el mismo día en que se debía ejecutar la orden del rey y su decreto, ese día en que los enemigos de los judíos habían pensado exterminarlos, los judíos derrotaron a los que los odiaban. Ver CapítuloLa Biblia Textual 3a Edicion1 Y en el mes duodécimo, que es el mes de Adar, a los trece días de ese mes, cuando la orden del rey y su edicto estaban a punto de ejecutarse, en el día en que los enemigos de los judíos esperaban prevalecer sobre ellos, sucedió lo contrario: Que los judíos prevalecieron sobre quienes los odiaban. Ver CapítuloBiblia Reina Valera Gómez (2023)1 Y en el mes duodécimo que es el mes de Adar, al día trece del mismo, en el que tocaba se ejecutase el mandamiento del rey y su ley, el mismo día en que esperaban los enemigos de los judíos enseñorearse de ellos, fue lo contrario; porque los judíos se enseñorearon de sus enemigos. Ver CapítuloBiblia Traducción en Lenguaje Actual1 Llegó el día trece del mes de Adar, cuando debía cumplirse la orden del rey para que los judíos fueran destruidos. ¡Pero ocurrió lo contrario, porque ese día los judíos triunfaron sobre sus enemigos! Ver Capítulo |
Se enviaron las cartas por medio de los correos a todas las provincias del rey, para destruir, matar y exterminar a todos los judíos, jóvenes y ancianos, niños y mujeres, en un mismo día, el trece del mes duodécimo, esto es, el mes de adar; y para entregar sus bienes al pillaje. Éste es el texto de la carta: El gran rey Artajerjes, a los jefes de las ciento veintisiete provincias, desde la India hasta Etiopía, y a los gobernadores que le están sometidos, les escribe lo siguiente: Puesto al frente de muchas naciones, y siendo dueño del mundo entero, me he propuesto no dejarme llevar por la presunción del poder, sino gobernar siempre con moderación y suavidad, mantener en paz por todos los medios las vidas de mis súbditos, procurar el sosiego del reino y la segura circulación hasta las fronteras y restaurar la paz tan apetecida por todos los hombres. Ahora bien, habiendo consultado con mis consejeros sobre cómo llevar esto a feliz término, el que se ha distinguido entre nosotros por su recto juicio y se ha señalado invariablemente por la lealtad y segura fidelidad, hasta el punto de obtener el segundo puesto en el reino, Amán, nos ha indicado que vive mezclado entre todas las tribus esparcidas por el mundo un pueblo hostil, contrario por sus leyes a toda nación, que quebranta continuamente los mandatos de los reyes, con el fin de que no se logre la acción coordinada de la autoridad que de manera irreprochable venimos ejerciendo. Habiendo, pues, reconocido que este pueblo tan singular se mantiene en abierta y absoluta oposición a todos los hombres, que se diferencia de los demás por la índole extraña de sus leyes, que es hostil a nuestros intereses, que comete los peores crímenes, y esto con el fin de que el reino no logre estabilidad, ordenamos que todos los que han sido señalados en las cartas de Amán, que es el encargado de nuestros negocios y nuestro segundo padre, sean exterminados de raíz, con sus mujeres e hijos, por la espada de sus enemigos, sin piedad ni miramiento alguno, el día catorce del mes duodécimo, el de adar, del presente año, a fin de que esos perversos de antes y de ahora desciendan por muerte violenta al hades en un mismo día, y así aseguremos totalmente para el tiempo futuro la estabilidad y tranquilidad de los negocios.
Y esto en un mismo día, en todas las provincias del rey Asuero, el trece del mes duodécimo, que es el mes de Adar. La copia de la carta es como sigue: El gran rey Asuero, a los sátrapas de las ciento veintisiete provincias comprendidas desde la India hasta Etiopía, y a cuantos sienten afecto por nuestras cosas, salud. Hay muchos hombres que, cuanto más singulares honores reciben de la extremada benevolencia de sus bienhechores, tanto más se ensoberbecen. Y no sólo buscan hacer daño a nuestros súbditos, sino que, incapaces de sobreponerse a su insolencia, intentan conspirar contra sus mismos bienhechores. Y no sólo hacen que desaparezca la gratitud de entre los hombres, sino que, engreídos por la presunción, como la de aquellos que no tienen sentimiento del bien, piensan que podrán escapar a la justicia de Dios, que todo lo ve y que aborrece el mal. Con frecuencia, incluso a muchos de los constituidos en autoridad, el consejo de amigos a quienes confiaron la administración de los negocios los hizo cómplices de sangre inocente y los envolvió en desgracias irreparables, por haber engañado estos amigos, con mentirosos y perversos razonamientos, la sincera nobleza de sentimientos de los soberanos. Así podemos comprobarlo, no sólo por las historias antiguas a las que hemos aludido, sino también con lo que sucede en el presente, viendo las impiedades que cometen esa peste de los que ejercen indignamente el poder. Por consiguiente, procuraremos mirar en lo sucesivo por la tranquilidad y la paz del reino en favor de todos los hombres, recurriendo a cambios oportunos y juzgando siempre con discreta benevolencia los asuntos que se nos presenten. Amán, hijo de Hamdatá, macedonio, extraño realmente a la sangre de los persas, y muy indigno de nuestra benignidad, después de haber sido acogido como huésped por nosotros, fue objeto de la benevolencia que tenemos para con todas las gentes, y en tanto grado que fue proclamado como padre nuestro, jefe reverenciado por todos con la postración, llegando a ser el segundo personaje del trono real. Pero cegado por su encumbramiento, trató de privarnos del poder y de la vida; y, además, con toda suerte de falacias e intrigas, pidió la muerte de nuestro salvador y constante bienhechor Mardoqueo, la de la irreprochable consorte de nuestra realeza, Ester, y la de todo su pueblo. Con estos manejos, después de privarnos de ellos, pretendía apoderarse de nosotros y transferir el imperio de los persas a los macedonios. Pero nosotros hemos averiguado que los judíos, entregados al exterminio por este tres veces criminal, no sólo no son malhechores, sino que se gobiernan por leyes justísimas; que son hijos del Altísimo, del gran Dios vivo, que dirige el reino en provecho nuestro y en el de nuestros padres en el más floreciente estado. Así que haréis muy bien no dando cumplimiento a las cartas enviadas por Amán, hijo de Hamdatá, por cuanto que su autor ha sido colgado de un madero con toda su familia a las puertas de Susa: merecido castigo que así, sin tardanza, le ha dado el Dios que domina todas las cosas. Fijad en público en todo lugar una copia de esta carta, y dejad que los judíos se rijan libremente por sus propias leyes; prestadles vuestro apoyo para que rechacen a los que se lanzaren contra ellos en el tiempo de la tribulación, que será el día trece del duodécimo mes de adar en ese mismo día. Porque el Dios que todo lo domina, ha hecho de él, en vez de día de exterminio de la raza elegida, un día de alegría para ellos. Por lo mismo, también vosotros, judíos, entre vuestras fiestas oficiales celebrad con toda clase de regocijos este día señalado, de suerte que ahora y en el futuro ese día sea salvación para nosotros y para quienes se muestran afectos a los persas; y sea a la vez recuerdo del exterminio de quienes conspiran contra nosotros. Toda ciudad o provincia entera que no actúe en conformidad con esto será devastada con todo rigor a lanza y fuego. Y no sólo quedará inhabitable para los hombres, sino que aun para las fieras y para las aves será detestable para siempre.