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Deuteronomio 33:3 - Biblia Reina Valera Gómez (2023)

3 Sí, Él amó al pueblo; todos sus santos están en tu mano; y ellos también se sientan a tus pies; cada uno recibirá de tus palabras.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

3 Aun amó a su pueblo; Todos los consagrados a él estaban en su mano; Por tanto, ellos siguieron en tus pasos, Recibiendo dirección de ti,

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Biblia Nueva Traducción Viviente

3 Él ama verdaderamente a su pueblo; todos sus santos están en sus manos. Ellos siguen sus pasos y aceptan sus enseñanzas.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

3 Yavé ama a todos los pueblos, pero en su mano está el pueblo de sus santos. Ahí están, postrados a sus pies, esperando sus instrucciones.

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La Biblia Textual 3a Edicion

3 En verdad Él ha amado a nuestras° tribus: ¡Todos sus santos están en tu mano, Se postran a tus pies, Y reciben tus palabras!

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

3 Sí; él es el amigo de los pueblos; y todos sus santos están en tu mano. Ellos están postrados a tus pies y se conducen según tus palabras.

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Biblia Traducción en Lenguaje Actual

3 »Dios ama a su pueblo; Dios protege a los suyos porque ellos siempre lo obedecen y cumplen sus órdenes con gusto.

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Deuteronomio 33:3
31 Referencias Cruzadas  

En tu mano están mis tiempos: Líbrame de la mano de mis enemigos, y de mis perseguidores.


Él nos elegirá nuestras heredades; la hermosura de Jacob, al cual amó. (Selah)


Reunidme a mis santos; los que han hecho conmigo pacto con sacrificio.


Hijo mío, si recibieres mis palabras, y mis mandamientos atesorares dentro de ti,


Ciertamente he dado mi corazón a todas estas cosas, para declarar todo esto; que los justos y los sabios, y sus obras, están en la mano de Dios; y que no saben los hombres ni el amor ni el odio; todo está delante de ellos.


Anda, y clama a los oídos de Jerusalén, diciendo: Así dice Jehová: Me he acordado de ti, de la lealtad de tu juventud, del amor de tu desposorio, cuando andabas en pos de mí en el desierto, en tierra no sembrada.


Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia.


Y haré con ellos un pacto eterno, que no me apartaré de ellos para hacerles bien, y pondré mi temor en sus corazones para que no se aparten de mí.


Cuando Israel era muchacho, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo.


Yo os he amado, dice Jehová: y dijisteis: ¿En qué nos amaste? ¿No era Esaú hermano de Jacob? dice Jehová. Pero yo amé a Jacob,


diciendo: En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos:


Y esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra.


Y aconteció que tres días después le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores, oyéndoles y preguntándoles.


Y salieron a ver lo que había acontecido; y vinieron a Jesús, y hallaron al hombre de quien habían salido los demonios, sentado a los pies de Jesús; vestido, y en su juicio cabal, y tuvieron miedo.


Yo de cierto soy hombre judío, nacido en Tarso, ciudad de Cilicia, pero criado en esta ciudad, educado a los pies de Gamaliel, enseñado según la perfecta manera de la ley de los padres, siendo celoso de Dios, como hoy lo sois todos vosotros.


Porque eres pueblo santo a Jehová tu Dios, y Jehová te ha escogido para que le seas un pueblo peculiar de entre todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra.


Y porque Él amó a tus padres, escogió a su simiente después de ellos, y te sacó delante de sí de Egipto con su gran poder;


Estos, pues, son los mandamientos, estatutos y juicios que Jehová vuestro Dios mandó que os enseñase, para que los pongáis por obra en la tierra a la cual pasáis vosotros para poseerla:


Y vosotros vinisteis a ser seguidores de nosotros y del Señor, recibiendo la palabra en medio de mucha tribulación, con gozo del Espíritu Santo;


que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para la salvación que está lista para ser manifestada en el tiempo postrero.


Nosotros le amamos a Él, porque Él nos amó primero.


Él guarda los pies de sus santos, mas los impíos perecen en tinieblas; porque nadie prevalecerá por su propia fuerza.


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