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Génesis 32:11 - Biblia Palabra de Dios para Todos

11 Por favor protégeme del gran poder de mi hermano Esaú. Tengo miedo de que venga a destruirme y a matar incluso, a las madres con sus hijos.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

11 Líbrame ahora de la mano de mi hermano, de la mano de Esaú, porque le temo; no venga acaso y me hiera la madre con los hijos.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

11 Oh Señor, te ruego que me rescates de la mano de mi hermano Esaú. Tengo miedo de que venga para atacarme a mí y también a mis esposas y a mis hijos.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

11 Yo no soy digno de todos los favores que me has hecho, ni de la gran bondad que has tenido conmigo. Porque al partir, cuando atravesé el Jordán, no tenía más que mi bastón. Pero ahora, al volver, tengo suficiente como para hacer dos campamentos.

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La Biblia Textual 3a Edicion

11 Líbrame, te ruego, de la mano de mi hermano, de la mano de Esaú, pues yo le temo, no sea que venga y me hiera tanto a la madre como a los hijos.

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

11 Muy lejos estoy de merecer todos los favores y toda la fidelidad que has dispensado a tu siervo. Sólo mi cayado tenía cuando vadeé este Jordán, y ahora poseo dos campamentos.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

11 Líbrame ahora de la mano de mi hermano, de la mano de Esaú, porque le temo; no venga quizá, y me hiera a mí, y a la madre con los hijos.

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Génesis 32:11
21 Referencias Cruzadas  

Dijo: «Bendito sea el SEÑOR, Dios de mi amo Abraham, quien le ha mostrado su fiel amor y lealtad a mi amo, y así el SEÑOR me ha llevado hacia la casa de los parientes de mi amo».


Esaú le guardó rencor a su hermano Jacob por la bendición que este había recibido, y pensó: «Mi papá ya casi va a morir y habrá un tiempo de luto por él. Cuando termine ese tiempo, mataré a mi hermano Jacob».


Rebeca se enteró de lo que planeaba Esaú, su hijo mayor. Entonces mandó llamar a Jacob y le dijo: —Mira, tu hermano Esaú está planeando matarte para vengarse de ti.


Esaú, el hermano de Jacob, estaba viviendo en el área llamada Seír que quedaba en la región montañosa de Edom. Jacob mandó unos mensajeros a donde estaba Esaú.


Jacob se atemorizó mucho y se angustió. Dividió a su gente, a los rebaños, al ganado y a los camellos en dos grupos.


Pero Esaú corrió a su encuentro y lo abrazó. Le lanzó sus brazos alrededor del cuello y lo besó. Los dos lloraron.


Entonces el rey David fue y se sentó en la presencia del SEÑOR y le dijo: «Mi Señor DIOS, ¿por qué soy tan importante para ti? ¿Por qué es importante mi familia? ¿Por qué me has hecho tan importante?


Sálvame de la opresión humana y obedeceré tus instrucciones.


A ti te pido ayuda; te necesito, me siento muy débil. Sálvame de los que me persiguen, porque son más fuertes que yo.


Dios mío, protégeme, pues en ti me refugio.


Protégeme y sálvame. Confío en ti, no me dejes pasar vergüenza.


Presta atención a mi súplica y rescátame pronto. Sé para mí como una roca de refugio, como una fortaleza que me salva.


Dios mío, hazme justicia y demuestra que soy inocente. Protégeme de los que no son tu gente fiel, de esa gente perversa y mentirosa.


Restaurar la amistad de un amigo ofendido es más difícil que conquistar una ciudad amurallada. Los pleitos alejan las amistades como si fueran las rejas de las puertas de un palacio.


El Dios a quien servimos puede salvarnos de su castigo y del horno de fuego.


»Por eso se levantará una multitud entre su pueblo, y todas sus fortalezas serán destruidas. Sucederá lo mismo que cuando ganó Salmán en la Batalla de Bet Arbel. Allí las madres fueron destruidas junto con sus hijos.


No nos dejes caer en tentación, y líbranos del maligno”.


Si mientras caminas encuentras el nido de un pájaro en algún árbol o en el piso, y la madre está sentada sobre sus pequeños hijos o sobre sus huevos, no tomes a la madre con sus pequeños.


Pero sus antepasados clamaron al SEÑOR: “Somos pecadores. Abandonamos al SEÑOR para servir a los dioses falsos Baal y Astarté. Líbranos ahora de nuestros enemigos y te serviremos a ti”.


Que el SEÑOR sea quien juzgue entre nosotros dos. Que él me ayude y muestre que estoy en lo cierto, y me libre de usted.


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