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2 Reyes 5:1 - Biblia Palabra de Dios para Todos

1 Naamán, general del ejército del rey de Siria, era muy importante y valioso para su rey porque el SEÑOR lo usó para darle victoria a Siria. Pero aunque Naamán era un hombre importante y poderoso, sufría de una enfermedad de la piel muy grave.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

1 Naamán, general del ejército del rey de Siria, era varón grande delante de su señor, y lo tenía en alta estima, porque por medio de él había dado Jehová salvación a Siria. Era este hombre valeroso en extremo, pero leproso.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

1 El rey de Aram sentía una gran admiración por Naamán, el comandante del ejército, porque el Señor le había dado importantes victorias a Aram por medio de él; pero a pesar de ser un poderoso guerrero, Naamán padecía de lepra.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

1 Naamán era el comandante en jefe del ejército del rey de Aram. Era un hombre muy estimado por su señor; era su favorito porque por su intermedio había Yavé dado la victoria a los arameos. Pero ese hombre valiente era leproso.

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La Biblia Textual 3a Edicion

1 Naamán, capitán del ejército del rey de Siria, era un hombre muy estimado por su señor, porque por su intermedio YHVH había dado victoria° a Siria. Era además valeroso en extremo, pero leproso.

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

1 Naamán, jefe del ejército del rey de Aram, era un hombre importante que gozaba de gran favor ante su señor, porque por su medio había otorgado Yahveh la victoria a Aram. Pero este hombre, de probada valentía, estaba leproso.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

1 Naamán, capitán del ejército del rey de Siria, era un gran varón delante de su señor, y le tenía en alta estima, porque por medio de él Jehová había dado salvamento a Siria. Éste era un hombre valeroso en extremo, pero leproso.

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2 Reyes 5:1
20 Referencias Cruzadas  

Los responsables son Joab y su familia y solo ellos son los culpables. ¡Que los acosen los problemas, que contraigan enfermedades venéreas y de la piel, que su trabajo les haga pasar vergüenza, que mueran en batalla y que pasen hambre!»


Un día Eliseo fue a Sunén, donde vivía una mujer importante. Ella insistió en que Eliseo se quedara a comer en su casa. Así que cada vez que Eliseo pasaba por aquel lugar se detenía para comer ahí.


En un ataque los sirios capturaron a una niña israelita. Ella pasó a ser sirvienta de la esposa de Naamán.


Ahora tú y tus hijos contraerán la enfermedad de piel de Naamán. ¡Siempre la tendrás! Desde el momento que Guiezi salió de ahí, su piel quedó tan blanca como la nieve y quedó con esa enfermedad.


Cuatro hombres que sufrían una grave enfermedad de la piel estaban en la puerta de la ciudad se dijeron unos a otros: —¿De qué nos sirve estar aquí sentados esperando la muerte?


Mardoqueo, el judío, fue el segundo en importancia después del rey Jerjes. Entre los judíos fue hombre reconocido y respetado porque buscó el bienestar de sus hermanos y compatriotas, y trajo paz a todo su pueblo.


Mardoqueo se había convertido en un hombre muy importante en el palacio del rey y era reconocido en todas las provincias. Día a día, Mardoqueo se hacía cada vez más poderoso.


El SEÑOR hizo que los egipcios fueran generosos con los israelitas. Además, todos los egipcios, incluso los servidores del faraón ya consideraban a Moisés como un gran hombre.


El ejército puede estar preparado para la guerra, pero la victoria depende del SEÑOR.


También en los tiempos del profeta Eliseo había mucha gente sufriendo gravemente de la piel en Israel, pero ninguno de ellos fue sanado, sino Naamán, que era sirio.


Jesús le contestó: —No tienes ninguna autoridad sobre mí a menos que te la haya dado Dios. Por esto, el hombre que me entregó a ti es más culpable que tú.


No voy a contarles lo que he hecho, sino lo que Cristo ha logrado conmigo para guiar a los que no son judíos hacia la obediencia a Dios. Ellos han obedecido gracias a lo que les he dicho y a lo que he hecho.


No quiero que su opinión sobre mí se vea influenciada por las extraordinarias revelaciones que recibí del Señor. Por eso el Señor me dio una dolencia: un mensajero de Satanás, enviado a torturarme para que no me vuelva demasiado orgulloso.


Lo único a lo que no nos acercamos, conforme a la orden del SEÑOR, fue a la tierra de los amonitas que incluía todo lo que está a la orilla del arroyo Jaboc y las ciudades de la región montañosa.


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