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Juan 7:39 - Biblia Pablo Besson (Nuevo Testamento)

39 Esto lo dijo del Espíritu que habían de recibir los creyentes en él, porque aun no había espíritu , porque Jesús todavía no fué glorificado.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

39 Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

39 (Con la expresión «agua viva», se refería al Espíritu, el cual se le daría a todo el que creyera en él; pero el Espíritu aún no había sido dado, porque Jesús todavía no había entrado en su gloria).

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Biblia Católica (Latinoamericana)

39 Decía esto Jesús refiriéndose al Espíritu Santo que recibirían los que creyeran en él. Todavía no se comunicaba el Espíritu, porque Jesús aún no había entrado en su gloria.

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La Biblia Textual 3a Edicion

39 Esto dijo acerca del Espíritu que iban a recibir los que creyeran en Él, porque todavía no había° Espíritu, pues Jesús no había sido aún glorificado.

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

39 Esto lo dijo refiriéndose al Espíritu que habían de recibir los que creyeran en él; aún no había Espíritu, porque Jesús no había sido glorificado todavía.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

39 (Esto dijo del Espíritu Santo que habían de recibir los que creyesen en Él; porque el Espíritu Santo aún no había sido dado; porque Jesús no había sido aún glorificado.)

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Juan 7:39
42 Referencias Cruzadas  

Ellos dijeron: Los unos que es Juan el bautista, otros que es Elias, y otros que es Jeremías o uno de los profetas.


Las gentes decían: Este es Jesús, el profeta, el de Nazaret de Galilea.


Y he aquí yo envío la promesa de mi Padre sobre vosotros. Vosotros, pues, permaneced en la ciudad de Jerusalem hasta que os hayáis investido de fuerza de arriba.


respondió Juan a todos diciendo: Yo con agua os bautizo, mas viene el que es más poderoso que yo, del cual no soy digno de desatar la correa de sus zapatos; él os bautizará en espíritu santo y fuego.


Y el temor se apoderó de todos; y glorificaban a Dios diciendo: Un gran profeta está suscitado entre nosotros, y Dios visitó a su pueblo.


y le preguntaron: ¿Qué pues? ¿Eres Elias tú? Y dijo: No lo soy. ¿Eres tú el profeta? Y respondió: No.


y le preguntaron y le dijeron: ¿Por qué pues bautizas, si tú no eres el Cristo, ni Elias, ni el profeta?


Y yo no le conocía, mas el que me envió a bautizar en agua, aquél me dijo: Aquel sobre quien vieres al Espíritu descendiendo y posando sobre él, éste es el que bautiza en espíritu santo.


Estas cosas no las entendieron sus discípulos al principio, mas cuando fué glorificado Jesús, entonces se acordaron que estas cosas estaban escritas sobre él y que se hicieron estas cosas.


Y Jesús les respondió: Ha llegado la hora para que sea glorificado el hijo del hombre.


Y cualquier cosa que pidiereis en mi nombre, esto lo haré para que sea glorificado el Padre en el hijo.


pero el consolador, el Espíritu santo, que enviará el Padre en mi nombre, él os enseñará todas las cosas. Y os recordará todas las que os dije.


Aquél me glorificará, porque de lo mío tomará, y os lo anunciará.


Pero yo os digo la verdad: os conviene que yo me vaya. Si en efecto no me fuere el Defensor no vendrá a vosotros; mas si me fuere le enviaré a vosotros.


Estas cosas habló Jesús y alzando los ojos al cielo, dijo: Padre, ha llegado la hora. Glorifica a tu hijo para que tu hijo te glorifique a ti,


Y ahora glorifícame tú, Padre, en ti mismo, con la gloria que tenía cerca de ti, antes que el mundo fuese.


Y diciendo esto sopló y díjoles: Recibid soplo santo.


Las gentes pues, viendo lo que hizo Jesús como señal, de cían: Este es verdaderamente el profeta que viene al mundo (Deut. 18:15).


Y había mucho murmullo respecto de él entre la gente. Unos decían: Es bueno; otros decían: No, mas engaña a la gente.


Respondió Jesús: Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria nada es. Es mi Padre quien me glorifica, el que vosotros decís que es vuestro Dios,


les dijo: ¿Recibisteis espíritu santo, creyendo? Y ellos a él dijeron: Mas ni aun que hay espíritu santo oímos.


Y será en los postreros días, dice Dios, que derramaré de mi espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos, y vuestras hijas, y vuestros jóvenes verán visiones y vuestras ancianos soñarán sueños,


Por la diestra de Dios, pues, elevado, y recibiendo del Padre la promesa del santo Espíritu, derramó esto que ahora vos otros veis y oís.


y Pedro les dijo: Convertios y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Jesu-Cristo en remisión de pecados, y recibiréis el don del santo Espíritu.


y fueron llenados todos de espíritu santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según que el Espíritu les daba expresarse.


El Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, el Dios de nuestros padres glorificó a su siervo, Jesús al cual vosotros entregasteis, y negasteis en presencia de Pilato cuando éste juzgó absolverlo,


Y cuando ellos hubieron orado, fué sacudido el lugar en que estaban congregados y fueron llenados todos de espíritu santo, y hablaban la palabra de Dios con franqueza.


mas vosotros no estáis en carne, sino en espíritu, si al menos espíritu de Dios mora en vosotros. Si alguno no tiene espíritu de Cristo, el tal no es de él.


¿cómo no será más bien con gloria el ministerio del espíritu?


y no atristéis al espíritu santo de Dios (Is. 63:10; cf. 1:18), con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.


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