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Isaías 50:4 - Biblia Nueva Versión Internacional 2017

4 El Señor omnipotente me ha concedido tener una lengua instruida, para sostener con mi palabra al fatigado. Todas las mañanas me despierta, y también me despierta el oído, para que escuche como los discípulos.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

4 Jehová el Señor me dio lengua de sabios, para saber hablar palabras al cansado; despertará mañana tras mañana, despertará mi oído para que oiga como los sabios.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

4 El Señor Soberano me ha dado sus palabras de sabiduría, para que yo sepa consolar a los fatigados. Mañana tras mañana me despierta y me abre el entendimiento a su voluntad.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

4 El Señor Yavé me ha concedido el poder hablar como su discípulo. Y ha puesto en mi boca las palabras para fortalecer al que está aburrido. A la mañana él despierta mi mente y lo escucho como lo hacen los discípulos.

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La Biblia Textual 3a Edicion

4 Adonay YHVH me dio lengua de sabios,° Para saber sustentar con palabras al cansado. Cada mañana me despierta, Cada mañana despierta mi oído, para que escuche como discípulo.

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

4 El Señor Yahveh me ha dado lengua de discípulos, para que sepa sostener al cansado con una palabra. Él me despierta mañana tras mañana, para que escuche como los discípulos.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

4 El Señor Jehová me dio lengua de sabios, para saber hablar en sazón palabra al cansado; me despierta mañana tras mañana, despierta mi oído para que oiga como los sabios.

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Isaías 50:4
31 Referencias Cruzadas  

tú, que con tus palabras sostenías a los que tropezaban y fortalecías las rodillas que flaqueaban;


Muy de mañana me levanto a pedir ayuda; en tus palabras he puesto mi esperanza.


Por la mañana hazme saber de tu gran amor, porque en ti he puesto mi confianza. Señálame el camino que debo seguir, porque a ti elevo mi alma.


Por eso dije: «Aquí me tienes —como el libro dice de mí—.


Tú eres el más apuesto de los hombres; tus labios son fuente de elocuencia, ya que Dios te ha bendecido para siempre.


Por la mañana, Señor, escuchas mi clamor; por la mañana te presento mis ruegos, y quedo esperando tu respuesta.


Yo, Señor, te ruego que me ayudes; por la mañana busco tu presencia en oración.


La angustia abate el corazón del hombre, pero una palabra amable lo alegra.


Es muy grato dar la respuesta adecuada, y más grato aún cuando es oportuna.


Como naranjas de oro con incrustaciones de plata son las palabras dichas a tiempo.


Cada vez que pase, os arrebatará; pasará mañana tras mañana, de día y de noche». La comprensión de este mensaje causará terror absoluto.


«¿A quién creen que están enseñando? ¿A quién le están explicando su mensaje? ¿Creen que somos niños recién destetados, que acaban de dejar el pecho?


Se abrirán entonces los ojos de los ciegos y se destaparán los oídos de los sordos;


Él fortalece al cansado y acrecienta las fuerzas del débil.


¿Quién de entre vosotros teme al Señor y obedece la voz de su siervo? Aunque camine en la oscuridad, y sin un rayo de luz, que confíe en el nombre del Señor y dependa de su Dios.


El Señor mismo instruirá a todos tus hijos, y grande será su bienestar.


Guarda bien el testimonio; sella la ley entre mis discípulos.


Luego extendió el Señor la mano y, tocándome la boca, me dijo: «He puesto en tu boca mis palabras.


Daré de beber a los sedientos y saciaré a los que estén agotados».


»”Todas las mañanas ofrecerás, en holocausto al Señor, un cordero de un año sin defecto.


»Venid a mí todos vosotros que estáis cansados y agobiados, y yo os daré descanso.


Al llegar a su tierra, comenzó a enseñar a la gente en la sinagoga. ―¿De dónde sacó este tal sabiduría y tales poderes milagrosos? —decían maravillados—.


Nadie pudo responderle ni una sola palabra, y desde ese día ninguno se atrevía a hacerle más preguntas.


pues yo mismo os daré tal elocuencia y sabiduría para responder que ningún adversario podrá resistiros ni contradeciros.


Todos dieron su aprobación, impresionados por las hermosas palabras que salían de su boca. «¿No es este el hijo de José?», se preguntaban.


―¡Nunca nadie ha hablado como ese hombre! —declararon los guardias.


»Y me dijo el Señor: “Está bien lo que ellos dicen.


Por eso levantaré entre sus hermanos un profeta como tú; pondré mis palabras en su boca, y él les dirá todo lo que yo le mande.


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