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Mateo 20:31 - Biblia Nueva Traducción Viviente

31 «¡Cállense!», les gritó la multitud. Sin embargo, los dos ciegos gritaban aún más fuerte: «¡Señor, Hijo de David, ten compasión de nosotros!».

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

31 Y la gente les reprendió para que callasen; pero ellos clamaban más, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!

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Biblia Católica (Latinoamericana)

31 La gente les decía que se callaran, pero ellos gritaban aún más fuerte: '¡Señor, hijo de David, ten compasión de nosotros!'

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La Biblia Textual 3a Edicion

31 Y la muchedumbre los reprendió para que callaran, pero ellos gritaban más, diciendo: ¡Señor, ten misericordia de nosotros,° Hijo de David!

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

31 El pueblo los reprendió para que callaran; pero ellos gritaban más fuerte: '¡Señor! ¡Hijo de David! ¡Ten compasión de nosotros!'

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

31 Y la multitud les reprendía para que callasen; pero ellos más clamaban, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!

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Biblia Traducción en Lenguaje Actual

31 La gente comenzó a reprender a los ciegos para que se callaran, pero ellos gritaron con más fuerza todavía: «¡Señor, tú que eres el Mesías, ten compasión de nosotros y ayúdanos!»

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Mateo 20:31
12 Referencias Cruzadas  

Pero Jesús no le contestó ni una palabra. Entonces sus discípulos le pidieron que la despidiera. «Dile que se vaya —dijeron—. Nos está molestando con sus súplicas».


Cierto día, algunos padres llevaron a sus niños a Jesús para que pusiera sus manos sobre ellos y orara por ellos. Pero los discípulos regañaron a los padres por molestar a Jesús.


Dos hombres ciegos estaban sentados junto al camino. Cuando oyeron que Jesús venía en dirección a ellos, comenzaron a gritar: «¡Señor, Hijo de David, ten compasión de nosotros!».


Cuando Jesús los oyó, se detuvo y los llamó: —¿Qué quieren que haga por ustedes?


Cuando Jesús salió de la casa de la niña, lo siguieron dos hombres ciegos, quienes gritaban: «¡Hijo de David, ten compasión de nosotros!».


«¡Cállate!», le gritaba la gente que estaba más adelante. Sin embargo, él gritó aún más fuerte: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!».


Dedíquense a la oración con una mente alerta y un corazón agradecido.


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