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Isaías 40:5 - Biblia Nueva Traducción Viviente

5 Entonces se revelará la gloria del Señor y todas las personas la verán. ¡El Señor ha hablado!».

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

5 Y se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá; porque la boca de Jehová ha hablado.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

5 Porque aparecerá la gloria de Yavé y todos los mortales a una verán que Yavé fue el que habló.

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La Biblia Textual 3a Edicion

5 Y se manifestará la gloria de YHVH, Y toda carne° juntamente la verá, Porque la boca de YHVH lo ha dicho.

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

5 Se revelará la gloria de Yahveh y verá todo mortal a la vez que la boca de Yahveh ha hablado.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

5 Y se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá; porque la boca de Jehová ha hablado.

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Biblia Traducción en Lenguaje Actual

5 Entonces Dios mostrará su poder y lo verá la humanidad entera. Dios así lo ha dicho.

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Isaías 40:5
39 Referencias Cruzadas  

A los miembros de la familia de Jeroboam que mueran en la ciudad, se los comerán los perros y a los que mueran en el campo se los comerán los buitres. Yo, el Señor, he hablado”».


Pues el Señor reconstruirá Jerusalén; él aparecerá en su gloria.


Escuchará las oraciones de los desposeídos; no rechazará sus ruegos.


¡Alaben su glorioso nombre por siempre! Que toda la tierra se llene de su gloria. ¡Amén y amén!


Honor y majestad lo rodean; fuerza y belleza llenan su santuario.


Los cielos proclaman su justicia; toda nación ve su gloria.


Por la mañana, verán la gloria del Señor, porque él oyó las quejas de ustedes, que son contra él y no contra nosotros. ¿Qué hemos hecho para que ustedes se quejen de nosotros?».


Pero si se apartan y se niegan a escuchar, la espada de sus enemigos los devorará. ¡Yo, el Señor, he hablado!».


En todo mi monte santo no habrá nada que destruya o haga daño, porque así como las aguas llenan el mar, así también la tierra estará llena de gente que conocerá al Señor.


Oh Señor, tú hiciste grande nuestra nación; así es, tú nos hiciste grandes. Tú extendiste nuestras fronteras, ¡y te damos toda la gloria!


Escudriñen el libro del Señor y vean lo que él hará. Ninguno de estos animales ni de estas aves estará ausente, y a ninguno le faltará su pareja, porque el Señor lo ha prometido. Su Espíritu hará que todo esto se haga realidad.


Así es, habrá abundancia de flores, de cantos y de alegría. Los desiertos se pondrán tan verdes como los montes del Líbano, tan bellos como el monte Carmelo o la llanura de Sarón. Allí el Señor manifestará su gloria, el esplendor de nuestro Dios.


Rellenen los valles y allanen los montes y las colinas; enderecen las curvas y suavicen los lugares ásperos.


Lo hago para que todos los que vean este milagro comprendan lo que significa: que el Señor es quien lo ha hecho; el Santo de Israel lo ha creado.


Él dice: «Harás algo más que devolverme al pueblo de Israel. Yo te haré luz para los gentiles, y llevarás mi salvación a los confines de la tierra».


El Señor ha manifestado su santo poder ante los ojos de todas las naciones, y todos los confines de la tierra verán la victoria de nuestro Dios.


Entonces el Señor será su delicia. Yo les daré gran honor y los saciaré con la herencia que prometí a su antepasado Jacob. ¡Yo, el Señor, he hablado!».


Se decían unos a otros: «¡Santo, santo, santo es el Señor de los Ejércitos Celestiales! ¡Toda la tierra está llena de su gloria!».


»¡Levántate, Jerusalén! Que brille tu luz para que todos la vean. Pues la gloria del Señor se levanta para resplandecer sobre ti.


El Señor castigará al mundo con fuego y con su espada. Juzgará a la tierra y muchos morirán a manos de él.


«Yo puedo ver lo que están haciendo y sé lo que están pensando. Por eso reuniré a todas las naciones y a todos los pueblos, y ellos verán mi gloria.


Toda la humanidad vendrá a adorarme semana tras semana y mes tras mes.


«Yo soy el Señor, Dios de todos los pueblos del mundo. ¿Hay algo demasiado difícil para mí?


¿Quién tiene suficiente sabiduría para entender todo esto? ¿Quién ha sido instruido por el Señor y puede explicárselo a otros? ¿Por qué ha sido tan arruinada esta tierra que nadie se atreve a viajar por ella?


»Entonces, después de hacer todas esas cosas, derramaré mi Espíritu sobre toda la gente. Sus hijos e hijas profetizarán. Sus ancianos tendrán sueños, y sus jóvenes tendrán visiones.


Todos vivirán en paz y prosperidad; disfrutarán de sus propias vides e higueras porque no habrá nada que temer. ¡El Señor de los Ejércitos Celestiales ha hecho esta promesa!


Así como las aguas llenan el mar, la tierra se llenará del conocimiento de la gloria del Señor.


Que toda la humanidad guarde silencio ante el Señor, porque él entra en acción desde su santa morada».


Él es una luz para revelar a Dios a las naciones, ¡y es la gloria de tu pueblo Israel!».


Y entonces todas las personas verán la salvación enviada por Dios”».


Entonces la Palabra se hizo hombre y vino a vivir entre nosotros. Estaba lleno de amor inagotable y fidelidad. Y hemos visto su gloria, la gloria del único Hijo del Padre.


Isaías se refería a Jesús cuando dijo esas palabras, porque vio el futuro y habló de la gloria del Mesías.


Pues le has dado a tu Hijo autoridad sobre todo ser humano. Él da vida eterna a cada uno de los que tú le has dado.


“En los últimos días —dice Dios—, derramaré mi Espíritu sobre toda la gente. Sus hijos e hijas profetizarán. Sus jóvenes tendrán visiones, y sus ancianos tendrán sueños.


Así que, todos nosotros, a quienes nos ha sido quitado el velo, podemos ver y reflejar la gloria del Señor. El Señor, quien es el Espíritu, nos hace más y más parecidos a él a medida que somos transformados a su gloriosa imagen.


Pues Dios, quien dijo: «Que haya luz en la oscuridad», hizo que esta luz brille en nuestro corazón para que podamos conocer la gloria de Dios que se ve en el rostro de Jesucristo.


El Hijo irradia la gloria de Dios y expresa el carácter mismo de Dios, y sostiene todo con el gran poder de su palabra. Después de habernos limpiado de nuestros pecados, se sentó en el lugar de honor, a la derecha del majestuoso Dios en el cielo.


La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna, porque la gloria de Dios ilumina la ciudad, y el Cordero es su luz.


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