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Gálatas 3:24 - Biblia Nueva Traducción Viviente

24 Dicho de otra manera, la ley fue nuestra tutora hasta que vino Cristo; nos protegió hasta que se nos declarara justos ante Dios por medio de la fe.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

24 De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

24 La Ley nos conducía al maestro, a Cristo, para que creyéramos y así fuéramos justos.

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La Biblia Textual 3a Edicion

24 Así que la ley ha sido nuestro tutor hasta el Mesías, para que por medio de la fe fuéramos declarados justos.

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

24 Así, pues, la ley nos sirvió de ayo hasta llevarnos a Cristo, para que fuéramos justificados por la fe.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

24 De manera que la ley fue nuestro ayo para traernos a Cristo, para que fuésemos justificados por la fe.

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Biblia Traducción en Lenguaje Actual

24 La ley fue como un maestro que nos guio y llevó hasta Cristo, para que Dios nos aceptara por confiar en él.

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Gálatas 3:24
16 Referencias Cruzadas  

Sin embargo, Cristo ya cumplió el propósito por el cual se entregó la ley. Como resultado, todos los que creen en él son hechos justos a los ojos de Dios.


¿Qué significa todo esto? Aunque los gentiles no trataban de seguir las normas de Dios, fueron hechos justos a los ojos de Dios; y eso sucedió por medio de la fe.


Pues, aunque tuvieran diez mil maestros que les enseñaran acerca de Cristo, tienen solo un padre espiritual. Pues me convertí en su padre en Cristo Jesús cuando les prediqué la Buena Noticia.


Sin embargo, sabemos que una persona es declarada justa ante Dios por la fe en Jesucristo y no por la obediencia a la ley. Y nosotros hemos creído en Cristo Jesús para poder ser declarados justos ante Dios por causa de nuestra fe en Cristo y no porque hayamos obedecido la ley. Pues nadie jamás será declarado justo ante Dios mediante la obediencia a la ley».


Pues, cuando intenté obedecer la ley, la ley misma me condenó. Así que morí a la ley —es decir, dejé de intentar cumplir todas sus exigencias— a fin de vivir para Dios.


Y ahora que ha llegado el camino de la fe, ya no necesitamos que la ley sea nuestra tutora.


Pues esas reglas son solo sombras de la realidad que vendrá. Y Cristo mismo es esa realidad.


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