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Deuteronomio 25:8 - Biblia Nueva Traducción Viviente

8 Entonces los ancianos de la ciudad lo llamarán y hablarán con él. Si aun así se niega y dice: “No quiero casarme con ella”,

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

8 Entonces los ancianos de aquella ciudad lo harán venir, y hablarán con él; y si él se levantare y dijere: No quiero tomarla,

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Biblia Católica (Latinoamericana)

8 Entonces los ancianos lo llamarán y le hablarán. Si él porfía en decir: 'No quiero tomarla por mujer',

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La Biblia Textual 3a Edicion

8 Entonces los ancianos de aquella ciudad lo llamarán y hablarán con él. Si él se levanta y dice: No deseo tomarla,

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

8 Entonces los ancianos de la ciudad lo llamarán y le hablarán. Si él comparece y dice: 'No quiero casarme con ella',

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

8 Entonces los ancianos de aquella ciudad lo harán venir, y hablarán con él; y si él se levantare, y dijere: No quiero tomarla,

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Biblia Traducción en Lenguaje Actual

8 las cuales llamarán al cuñado y hablarán con él. »Si a pesar de esto el cuñado no quiere casarse con la viuda,

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Deuteronomio 25:8
5 Referencias Cruzadas  

»Sin embargo, si el hombre se niega a casarse con la viuda de su hermano, ella deberá ir a la puerta de la ciudad y decirles a los ancianos allí reunidos: “El hermano de mi esposo se niega a preservar el nombre de su hermano en Israel: se niega a cumplir con los deberes de un cuñado al no casarse conmigo”.


la viuda se acercará a él en presencia de los ancianos, le quitará la sandalia del pie y le escupirá la cara. Luego declarará: “Esto es lo que le pasa a un hombre que se niega a darle hijos a su hermano”.


Pensé que yo debía hablar contigo para que pudieras redimir la tierra si deseas hacerlo. Si quieres la tierra, entonces cómprala ahora en presencia de estos testigos. Pero si no quieres la tierra, házmelo saber ahora mismo, porque, después de ti, soy el pariente más cercano para redimirla. El hombre respondió: —Muy bien, yo la redimo.


—Entonces no puedo redimir la tierra —respondió el pariente redentor— porque esto pondría en peligro mi propia herencia. Redime tú la tierra; yo no lo puedo hacer.


En esos días era costumbre en Israel que cualquiera que transfiriera un derecho de compra se quitara la sandalia y se la entregara a la otra parte. Esto hacía válida la transacción de una manera pública.


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