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1 Reyes 13:28 - Biblia Nueva Traducción Viviente

28 y él salió y encontró el cuerpo tirado en el camino. El burro y el león todavía estaban parados junto al cadáver, pues el león no se había comido el cuerpo ni había atacado al burro.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

28 Y él fue, y halló el cuerpo tendido en el camino, y el asno y el león que estaban junto al cuerpo; el león no había comido el cuerpo, ni dañado al asno.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

28 Salió y halló el cadáver atravesado en el camino, junto con el burro y el león que estaban todavía allí, a un lado cada uno. El león no había devorado el cuerpo, ni tampoco había atacado al burro.

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La Biblia Textual 3a Edicion

28 y él fue y halló el cadáver tendido en el camino, y el asno y el león estaban parados junto al cadáver: el león no había devorado el cadáver ni había desgarrado al asno.

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

28 Partió y halló el cadáver tendido en el camino; junto al cadáver seguían inmóviles el asno y el león. El león no había devorado el cadáver ni despedazado al asno.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

28 Y él fue, y halló su cuerpo tirado en el camino, y el asno y el león estaban junto al cuerpo; el león no había comido el cuerpo, ni dañado al asno.

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Biblia Traducción en Lenguaje Actual

28 y se fue a buscar el cuerpo del hombre muerto. Lo encontró tirado en el camino, y junto a él estaban el burro y el león. El león no se había comido el cuerpo del hombre muerto ni despedazado al burro.

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1 Reyes 13:28
14 Referencias Cruzadas  

Luego el profeta dijo a sus hijos: «Ensíllenme un burro». Así que ellos ensillaron un burro


Entonces el profeta cargó el cuerpo del hombre de Dios sobre el burro y lo llevó de regreso a la ciudad para hacer duelo por su muerte y enterrarlo.


Bebe del arroyo y come lo que te den los cuervos, porque yo les he ordenado que te lleven comida».


Los cuervos le llevaban pan y carne por la mañana y por la noche, y él bebía del arroyo.


Dije: “De aquí no pasarás. ¡Aquí se detendrán tus orgullosas olas!”.


Ya que el rey, en su enojo, había exigido que el horno estuviera bien caliente, las llamas mataron a los soldados mientras arrojaban dentro a los tres hombres.


Como consecuencia, un fuego ardiente salió de la presencia del Señor y los consumió por completo, y murieron ahí ante el Señor.


Entonces se acercaron, los agarraron por la ropa y los llevaron fuera del campamento, tal como Moisés lo había mandado.


De repente, hubo un gran terremoto y la cárcel se sacudió hasta sus cimientos. Al instante, todas las puertas se abrieron de golpe, ¡y a todos los prisioneros se les cayeron las cadenas!


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