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Mateo 7:11 - Biblia al día 1989

11 Pues si vosotros, aun siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en el cielo dará cosas buenas a los que le pidan!

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

11 Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?

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Biblia Nueva Traducción Viviente

11 Así que si ustedes, gente pecadora, saben dar buenos regalos a sus hijos, cuánto más su Padre celestial dará buenos regalos a quienes le pidan.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

11 Pues si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡con cuánta mayor razón el Padre de ustedes, que está en el Cielo, dará cosas buenas a los que se las pidan!

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La Biblia Textual 3a Edicion

11 Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre celestial dará cosas buenas a los que le piden!

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

11 Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar a vuestros hijos cosas buenas, ¿con cuánta más razón vuestro Padre que está en el cielo dará cosas buenas a los que le piden?

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

11 Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en el cielo dará buenas cosas a los que le pidan?

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Mateo 7:11
35 Referencias Cruzadas  

Al ver el Señor que la maldad del ser humano en la tierra era muy grande, y que todos sus pensamientos tendían siempre hacia el mal,


Cuando el Señor percibió el grato aroma, se dijo a sí mismo: «Aunque las intenciones del ser humano son perversas desde su juventud, nunca más volveré a maldecir la tierra por culpa suya. Tampoco volveré a destruir a todos los seres vivientes, c


Como si esto fuera poco, Señor y Dios, también has hecho promesas a este tu siervo en cuanto al futuro de su dinastía. ¡Tal es tu plan para con los hombres, Señor y Dios!


¡cuánto menos confiará en el hombre,que es vil y corrupto y tiene sed del mal!


El Señor es sol y escudo;Dios nos concede honor y gloria.El Señor brinda generosamente su bondada los que se conducen sin tacha.


El Señor mismo nos dará bienestar,y nuestra tierra rendirá su fruto.


Pero tú, Señor, eres Dios clemente y compasivo,lento para la ira, y grande en amor y verdad.


Tú, Señor, eres bueno y perdonador;grande es tu amor por todos los que te invocan.


«¿Puede una madre olvidar a su niño de pecho,y dejar de amar al hijo que ha dado a luz?Aun cuando ella lo olvidara,¡yo no te olvidaré!


Recordaré el gran amor del Señor,y sus hechos dignos de alabanza,por todo lo que hizo por nosotros,por su compasión y gran amor.¡Sí, por la multitud de cosas buenasque ha hecho por los descendientes de Israel!


Nada hay tan engañoso como el corazón.No tiene remedio.¿Quién puede comprenderlo?


» ”Llegarán días —afirma el Señor—, en que cumpliré la promesa de bendición que hice al pueblo de Israel y a la tribu de Judá.


Piensa bien lo que le dirás,y vuélvete al Señor con este ruego:«Perdónanos nuestra perversidad,y recíbenos con benevolencia,pues queremos ofrecerteel fruto de nuestros labios.


¿Qué Dios hay como tú,que perdone la maldady pase por alto el delitodel remanente de su pueblo?No siempre estarás airado,porque tu mayor placer es amar.


»El hijo honra a su padre y el siervo a su señor. Ahora bien, si soy padre, ¿dónde está el honor que merezco? Y si soy señor, ¿dónde está el respeto que se me debe? Yo, el Señor Todopoderoso, os pregunto a vosotros, sacerdotes que despreciáis mi


Y no llaméis “padre” a nadie en la tierra, porque tenéis un solo Padre, y él está en el cielo.


¿O si le pide un pescado, le da una serpiente?


»Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.


Ahora bien, sabemos que todo lo que dice la ley, lo dice a quienes están sujetos a ella, para que todo el mundo se calle y quede convicto delante de Dios.


¿A qué conclusión llegamos? ¿Acaso los judíos somos mejores? ¡De ninguna manera! Ya hemos demostrado que tanto los judíos como los gentiles están bajo el pecado.


El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas?


Pero la Escritura declara que todo el mundo es prisionero del pecado, para que mediante la fe en Jesucristo lo prometido se les conceda a los que creen.


Toda buena dádiva y todo don perfecto descienden de lo alto, donde está el Padre que creó las lumbreras celestes, y que no cambia como los astros ni se mueve como las sombras.


¡Fijaos qué gran amor nos ha dado el Padre, que se nos llama hijos de Dios! ¡Y lo somos! El mundo no nos conoce, precisamente porque no lo conoció a él.


En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y envió a su Hijo para que fuera ofrecido como sacrificio por el perdón de nuestros pecados.


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