1 Tú, en cambio, predica lo que es conforme a la sana enseñanza: 2 que los ancianos sean sobrios, dignos, ponderados, sanos en la fe, en el amor, en la constancia. 3 Lo mismo las ancianas: que sean venerables en su comportamiento, lejos de la maledicencia y de la embriaguez, maestras del bien, 4 para que enseñen a las jóvenes a querer a sus maridos y a sus hijos 5 y a ser ponderadas, castas, dedicadas a la casa, bondadosas y sumisas a sus maridos, a fin de que no se hable mal de la palabra de Dios. 6 Exhorta igualmente a los jóvenes a que sean sensatos 7 en todo. Da ejemplo tú mismo con obras buenas,con integridad en la enseñanza, dignidad, 8 predicación sana inatacable, para que así el contrario quede confundido por no tener nada malo que decir de nosotros. 9 Los esclavos, que obedezcan en todo a sus amos, les den satisfacción y no les contradigan; 10 que no los defrauden, sino que les muestren verdadera y total fidelidad, para que así siempre den lustre a la doctrina de Dios, nuestro Salvador. 11 En efecto, la gracia salvadora de Dios se ha manifestado a todos los hombres 12 y por ella aprendemos a renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos y a vivir en este mundo con moderación, con justicia, con religiosidad, 13 mientras aguardamos la bienaventurada esperanza, o sea, la aparición gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro, Cristo Jesús, 14 el cual se entregó por nosotros, para rescatarnos de toda iniquidad y para purificarnos, haciendo de nosotros un pueblo que fuera su patrimonio, dedicado a buenas obras. 15 Habla de estas cosas, exhorta y reprende con plena autoridad. Y que nadie te menosprecie. |
Copyright © Serafín de Ausejo 1975.