Y mirad: yo voy a enviar sobre vosotros lo prometido por mi Padre. Vosotros, pues, permaneced en la ciudad hasta que seáis revestidos de fuerza desde lo alto'.
Hechos 16:7 - Biblia Serafín de Ausejo 1975 hasta los confines de Misia. Intentaron pasar a Bitinia, pero no se lo permitió el Espíritu de Jesús. Más versionesBiblia Reina Valera 1960 y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió. Biblia Nueva Traducción Viviente Luego, al llegar a los límites con Misia, se dirigieron al norte, hacia la provincia de Bitinia, pero de nuevo el Espíritu de Jesús no les permitió ir allí. Biblia Católica (Latinoamericana) Estando cerca de Misia intentaron dirigirse a Bitinia, pero no se lo consintió el Espíritu de Jesús. La Biblia Textual 3a Edicion Y yendo a Misia, intentaban ir a Bitinia, pero el Espíritu de Jesús° no se lo permitió. Biblia Reina Valera Gómez (2023) Y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia; pero el Espíritu no se lo permitió. Biblia Traducción en Lenguaje Actual y llegaron a la frontera con la región de Misia. Luego intentaron pasar a la región de Bitinia, pero el Espíritu de Jesús tampoco les permitió hacerlo. |
Y mirad: yo voy a enviar sobre vosotros lo prometido por mi Padre. Vosotros, pues, permaneced en la ciudad hasta que seáis revestidos de fuerza desde lo alto'.
Pero vosotros no vivís según la carne, sino según el espíritu, puesto que el Espíritu de Dios habita en vosotros. Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, este tal no pertenece a Cristo.
Y prueba de que sois hijos es que Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: ¡ Abbá, Padre!
Pues yo sé que esto servirá para mi salvación, gracias a vuestras oraciones y a la asistencia del Espíritu de Jesucristo,
Pedro, apóstol de Jesucristo, a los elegidos que viven como peregrinos en la diáspora, en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, elegidos,
Ellos investigaban a qué tiempo y a qué circunstancias se refería el espíritu de Cristo que estaba en ellos y que testificaba de antemano los padecimientos reservados a Cristo y las glorias que los seguirían.