La palabra "pensil" o "pénsil", proveniente del latín pensilis (colgante), posee una riqueza semántica que va más allá de su simple definición como "pendiente" o "colgado en el aire". Su origen latino nos remite a la idea de algo suspendido, lo cual se refleja en sus diferentes acepciones a lo largo de la historia.
La raíz latina pendere, que significa "pender" o "estar suspendido", da origen a pensilis. Este adjetivo, a su vez, se incorpora al castellano como "pensil" o "pénsil", conservando la idea central de suspensión. La variante con tilde ("pénsil") es menos común en el español moderno, pero ambas formas son correctas.
La imagen de los jardines colgantes ha ejercido una gran fascinación a lo largo de la historia, inspirando obras de arte y literatura. La descripción de los Jardines de Babilonia, aunque posiblemente mitificada, contribuyó a la asociación de la palabra "pensil" con la idea de un paraíso terrenal. En la literatura clásica, encontramos referencias a jardines y huertos con una vegetación exuberante que bien podrían describirse como "pensiles".
Aunque no se utilice la palabra "pensil" explícitamente, la idea de vegetación colgante y exuberante aparece en numerosas obras literarias. Por ejemplo, en descripciones de paraísos o lugares idílicos:
...y vio un río cuyas orillas estaban cubiertas de árboles que daban toda clase de frutos... y sus hojas servían de medicina...(Apocalipsis 22:2)
Si bien este pasaje no usa la palabra "pensil", la imagen de árboles frutales en un entorno paradisíaco evoca una sensación similar a la que transmite el término en su acepción de "jardín delicioso".
En resumen, "pensil" o "pénsil" es una palabra que, a partir de su origen latino, ha desarrollado un significado que abarca tanto lo literal (colgante) como lo figurado (un jardín de gran belleza). Su asociación con los legendarios Jardines Colgantes de Babilonia ha contribuido a enriquecer su significado y a dotarlo de una connotación de paraíso y exuberancia.