El pastor Edión Reinos nos cuenta su experiencia dentro de la secta satánica lukumí sobre como uno de sus rituales era comer cerebros de niños enterrados mas la bondad de Dios lo alcanzó para librarlo de la brujería y restaurar su vida.
Proveniente de una familia cuya raíz es el ocultismo a sus once años Edión se vio obligado a seguir los pasos de su madre quien se dedicaba de lleno en hacer pactos satánicos pero lo impactante de todo es que su trabajo eran el secuestro y la prostitución.
Diversas pruebas tocaron a la puerta de este hombre pero aun así se mantuvo firme creyendo a Dios, tras haber sido encarcelado, afrontar la enfermedad de un hijo y asumir las consecuencias de sus actos sigue testificando del poder de Dios.