Dios muestra su misericordia parea con los seres humanos incluso en los últimos momentos de sus vidas; pues les da la oportunidad de arrepentirse y poder ser salvos.
El testimonio que estás a punto de escuchar no es nada fácil de digerir, pero igual refleja el amor, perdón y misericordia de Dios. Recomendamos discreción.
En el 2019, Perú fue fuertemente sacudida por uno de los crímenes más atroces, el desmembramiento de dos jóvenes.
De acuerdo con uno de los forenses que trabajó en el caso, a una de los hombres lo descuartizaron vivo; en explicaciones más simples, le cortaron los dedos, manos y le sacaron un ojo mientras estaba consciente.
Entre las víctimas se encontraba un joven venezolano y Jafet Torrico, de origen peruano, y en quien está centrado este testimonio.
Según narra el pastor Eugenio Masías, Torrico fue cristiano, nacido en un hogar evangélico, hijo de padres pastores y servidor de la iglesia de su familia; pero que lamentablemente se apartó de Dios y comenzó a hacer las cosas del mundo.
Al joven se le veía con mujeres y en discotecas; incluso, el día de su muerte se encontraba en un hotel. Y aunque la historia parece ser toda trágica, nos revela algo más.
El pastor Masías, al enterarse de todo lo sucedido y estando abrumado, decidió orar a Dios, quien le dio dos palabras al respecto. Una referente a la parte de la iglesia que se quede en el rapto y la otra sobre dónde estaba el alma del chico.
Sorprendentemente y de acuerdo con sus declaraciones, Torrico se salvó ya que mientras experimentaba todo el dolor de ser cortado y flagelado, se arrepintió y encontró salvación. Dios perdonó sus pecados y le permitió entrar en su reino.
Masías dice que para confirmar aquella revelación, un hermano de Italia lo llamó para decirle que había visto al hombre vestido de color blanco.
A pesar de todo el dolor y conmoción provocado, vemos que este joven aprovechó esa última oportunidad que Dios le daba, demostrándonos que el Señor siempre tendrá su mano extendida para rescatarnos.