La hermana Lila Wilsmorth testifica de las grandezas del Señor al proclamar lo que Él hizo en su vida al transformarla y rescatarla de las manos del ocultismo.
Su padre era un brujo, y ella desde muy joven aprendió acerca de estas prácticas.
Lila cuenta que los demonios la atormentaban desde muy pequeña, que ella salía de su cuerpo y los demonios la poseían.
Depende del demonio que la poseyera, sería su comportamiento (si la poseía un demonio de un muerto, se la pasaba calentándose en el sol o si la poseía un demonio que no la dejaba comer, duraba días sin hacerlo).
Ella se la pasaba constantemente en el hospital, o si no, en el manicomio; nadie encontraba un diagnostico para ella.
Una de las soluciones que su familia vio que podía resultar para que todo esto dejara de ocurrir fue llevarla con un brujo de alto rango para que le hiciera algo.
Lo que este brujo hizo con ella fue hacer que vendiera su alma al diablo y la casaron con un demonio en una ceremonia con una fiesta.
Se volvió un caballo, y los demonios no dejaban de usarla y atormentarla; sobre todo con el que se encontraba «casado».
Wilsmorth vivió diferentes situaciones en su vida, incluso ser una cristiana «a medias»; pero le da la gloria a Dios por haber hecho la obra en ella y hoy día testifica de su poder para transformar la vida de las personas; así como lo hizo con ella.