Las sustancias ilícitas para muchos pueden ser una debilidad, no obstante, sus consecuencias pueden llegar a ser terribles y mortales. El lado bueno es que Dios puede sacar a una persona de este mundo, pues para Él no hay nada imposible.
Ricardo Solis Miranda cuenta que creció en un hogar disfuncional, donde su padre se había vuelto un hombre violento a causa de las drogas y los vicios.
Su nivel de violencia eran tan alto, según testifica, que cada día golpeaba a su madre hasta hacerla sangrar y casi asesinarla.
Un día, de tanta molestia que sintió de escuchar y ver a su madre sufriendo, trató de defenderla, pero su padre lo terminó golpeándolo casi dejándolo inconsciente. Desde ese día juró proteger a su mamá y si era necesario o posible, matar a su progenitor.
Con el tiempo su vida se hizo un poco más triste, pues fue dejado al cuidado de su abuela y eventualmente volvió a casa de su padre, donde este estaba involucrado con las drogas y las pandillas. Durante ese tiempo que pasó con su padre, Ricardo se volvió más violento y su corazón se lleno de mucha más ira y odio.
Fue a la correccional y pasó por otros tantos procesos, cayendo también en el vicio y las drogas, no obstante, siempre recordaba una de las palabras que le dieron: «Cristo te ama», guardando en su corazón el deseo de tener una familia, seguir a Dios y ser alguien sano y recto.
A pesar de la vida desordenada y caótica que tuvo, agradece a Dios por llegar a su vida y rescatarlo. Hoy testifica y predica de su evangelio, el cual lo ha hecho un hombre nuevo.