La Biblia declara claramente que los hijos son una bendición del Señor. En Salmos 127:3 leemos: He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre.Este pasaje contrasta con la percepción moderna que muchas veces considera a los niños como una carga, una molestia o un obstáculo para los planes personales.

Motivos detrás de la negativa
La falta de deseo de tener hijos puede originarse en distintos motivos. En algunos casos, se debe a razones egoístas: algunas personas prefieren centrarse en sí mismas, en sus carreras, en el dinero o en sus estilos de vida. No desean sentirse «atadas» o renunciar a lujos como autos costosos, vacaciones o una vida sin interrupciones. Esta actitud, cuando se basa en el egoísmo y el rechazo a lo que Dios llama bendición, puede ser considerada pecaminosa.
En otros casos, el rechazo a tener hijos proviene del miedo: temor de no poder criarlos correctamente, de no tener los recursos económicos suficientes, o incluso temor al embarazo y al parto. También pueden existir razones más profundas: problemas de salud, heridas emocionales del pasado, traumas infantiles o incertidumbre sobre el futuro.
¿Cómo abordarlo en el matrimonio?
Cuando uno de los cónyuges anhela tener hijos y el otro no, es necesario abordar el tema con amor, respeto y mucha oración. Efesios 5:21-33 nos enseña a vivir en mutua sujeción y amor sacrificial dentro del matrimonio. Es importante recordar que después de Dios, la relación con nuestro cónyuge es la más importante. Si para uno de los dos tener hijos es algo fundamental, no puede ser simplemente ignorado.
Este tipo de asuntos deben conversarse con apertura, y si es necesario, buscar consejería matrimonial cristiana. También es sabio que este tipo de temas se traten con anticipación, idealmente antes del matrimonio, para evitar futuras tensiones o heridas emocionales.
Buscar la voluntad de Dios
Como creyentes, estamos llamados a poner primero a Dios en todo aspecto de nuestra vida. Romanos 12:2 nos exhorta:No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.
Si ambos cónyuges buscan al Señor en oración, leen Su Palabra y se dejan guiar por el Espíritu Santo, Dios les mostrará Su voluntad. Tal vez esa voluntad incluya tener hijos, adoptarlos, o quizás servir de otra manera significativa en el Reino de Dios. Lo importante es que haya unidad espiritual en el matrimonio y que se viva conforme a lo que Dios ha determinado para ambos.
Conclusión
Los hijos son una bendición, pero también una gran responsabilidad. No todos los temores son infundados, y no toda negativa a tener hijos proviene del egoísmo. Por eso, es fundamental discernir con madurez espiritual, buscando la dirección de Dios y fortaleciendo el diálogo matrimonial.
Reflexión final
Dios conoce los anhelos de tu corazón. Si estás atravesando esta situación, no estás sola(o). Ora, busca al Señor, conversa con tu cónyuge con amor, y confía en que la voluntad de Dios agradable y perfecta se cumplirá en tu vida. Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará Salmos 37:5