La «teología de la esperanza» es una perspectiva teológica. Varios teólogos han abrazado esta corriente, siendo Jurgen Moltmann de Alemania uno de los más influyentes. Las vivencias de Moltmann en un campo de prisioneros de guerra al término de la Segunda Guerra Mundial lo llevaron a establecer una relación personal con Jesucristo, en la que la esperanza desempeñó un papel fundamental.

Esto impactó significativamente en sus estudios teológicos. Moltmann sostenía que la promesa de Dios de obrar en el futuro tiene mayor relevancia que lo realizado en el pasado. La implicación de este enfoque hacia el porvenir no implica apartarse del mundo con la expectativa pasiva de una eventual evolución positiva del mismo. Más bien, la teología de la esperanza aboga por una participación activa en el mundo para acelerar la instauración de ese mundo mejor. Según esta perspectiva, los cristianos deben mostrarse impacientes e insatisfechos con el estado actual del mundo: «La fe, cuando se transforma en esperanza, no produce calma, sino inquietud, no genera paciencia, sino impaciencia» (de Teología de la Esperanza: para el s. XXI, SCM Press, 2021, p. 21).
La teología de la esperanza sitúa a la escatología como su concepto rector central; todas las demás enseñanzas se articulan alrededor de ella y solo se comprenden plenamente desde esa perspectiva. No parte desde la creación, sino desde la resurrección de Cristo «Que toda alabanza sea para Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo. Por su gran misericordia hemos nacido otra vez, porque Dios resucitó a Jesucristo, dentre los muertos. Ahora vivimos con gran expectación» (1 Pedro 1:3).
En contraposición a una visión escatológica dispensacionalista, la teología de la esperanza adopta una visión adventista respecto a este tema. Los sucesos futuros prometidos en la Biblia son entendidos como eventos actuales y no venideros. Esto no implicaSe especifica que los eventos ya están ocurriendo en lugar de haber ocurrido. La esperanza de un creyente no debería depender de un futuro que se convierta en presente y luego en pasado, sino del advenimiento, durante el cual todos los eventos están actualmente en proceso.
La premisa principal detrás de la «teología de la esperanza» es la esperanza del creyente. Es esta esperanza la que sostiene y guía a cada creyente a lo largo de su vida. Como se afirma en 1 Pedro 1:3, «Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su gran misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos».
Esta esperanza nos transforma; es la fuerza transformadora en el mundo. Representa la expectativa de que las promesas divinas ya están siendo cumplidas. Aunque la teología de la esperanza tiene su valor, su inclinación a difuminar las fronteras entre el cumplimiento futuro y la experiencia presente debería ser motivo de reflexión. Como con cualquier doctrina, siempre debemos regresar a la Palabra de Dios como nuestra norma.