La reflexión teológica implica meditar sobre los sucesos de la vida en el contexto de la fe cristiana. Esta práctica puede llevarse a cabo de forma individual o en grupo. Su propósito es integrar la fe con la rutina diaria. Los métodos para reflexionar teológicamente suelen fomentarse en el ámbito de la formación espiritual, especialmente entre aquellos vinculados a Renovaré.

Esta tradición se manifiesta en diversas corrientes del cristianismo. La reflexión teológica busca reconocer la presencia divina en nuestras vivencias, comprender cómo influye esa presencia en nuestras vidas y discernir las expectativas que Dios tiene a raíz de ese conocimiento. Su meta es profundizar en el misterio de Dios y obtener una sabiduría derivada de la experiencia vivida desde una perspectiva divina, basada en las Escrituras, la comunidad eclesiástica y el diálogo con otros creyentes.
Según cierta fuente, «la reflexión teológica implica una sabiduría inspirada por Dios moldeada por circunstancias específicas de vida. Implica un proceso interpretativo que busca significado e iluminación a través de diversas fuentes como las Escrituras, la fe, las narrativas y las circunstancias mismas. Reconoce además el movimiento divino presente en todas las áreas de la existencia, por lo tanto, valora cada una de estas fuentes»
El proceso usualmente recomendado para llevar a cabo esta reflexión incluye los siguientes pasos:
- 1. Realidad: Sea sincero acerca de lo que sucede dentro y alrededor suyo.
- 2. Reflexión: Tómese el tiempo necesario para analizar sus experiencias a la luz de su fe y su concepción de Dios.
- 3. Revelación: Permita que surja la inspiración.
- 4. Respuesta: Déjese guiar hacia nuevas acciones o continué con un renovado sentido de visión y motivación.
Reflexionar sobre las vivencias a la luz de la Palabra divina es una práctica valiosa. Se nos exhorta a meditar en la Palabra (Salmos 1) y dejar que esta influya y dé sentido a nuestra existencia. David plasmaba sus luchas y alegrías en los Salmos. Por ejemplo, en Salmos 31:9-13, relata un momento de aflicción y angustia. Sin embargo, no se queda ahí. Busca a Dios en medio de su adversidad: «¡Alabado sea el SEÑOR! ¡Él mostró de nuevo su maravilloso amor cuando yo era como una ciudad asediada!» Salmos 31:21, NVI. Llega a la conclusión de que «el SEÑOR protege a los fieles» (versículo 23, NVI).
Cada día somos bombardeados con noticias, influencias, datos, opciones y consumismo; es necesario apartarnos de las distracciones del mundo para encontrar propósito y fortalecer nuestra fe. Reconocer la mano divina en cada situación resulta beneficioso. A través de la lectura de las Escrituras, la oración, la meditación en la Palabra de Dios, el registro personal, el discipulado, la comunión con otros creyentes y diversas prácticas podemos analizar lo que acontece en nuestro interior y entorno.
Es vital integrar los principios bíblicos en nuestra vida diaria para crecer conforme a Cristo «más bien hablando con verdad, en amor, crezcamos en todos los aspectos hacia aquel que es la cabeza: Cristo», (Efesios 4:15). Asimismo, es crucial otorgar primacía a la Palabra divina por encima de experiencias personales, tradiciones eclesiásticas u opiniones ajenas.