El sensus divinitatis es la capacidad natural de los seres humanos para percibir a Dios. Este concepto está principalmente asociado con los escritos de Juan Calvino, pero también se ve en el trabajo de filósofos modernos como Alvin Plantinga.

Típicamente, el sensus divinitatis se representa de manera paralela a otros sentidos como la vista o el oído. Así como la vista «existe» para proporcionar experiencias sobre la luz y el oído «existe» para proporcionar experiencias sobre el sonido, el sensus divinitatis «existe» para proporcionar experiencias sobre Dios.
Según las Escrituras, todas las personas tienen algún medio para percibir que Dios existe Ellos conocen la verdad acerca de Dios, porque él se la ha hecho evidente. Romanos 1:19-20. Algunos teólogos atribuyen esta conciencia a la combinación de los sentidos empíricos y el intelecto Salmos 14:1; 19:1. Otros lo ven como un impulso o deseo genérico. Como lo usan Calvino y Plantinga, sin embargo, el sensus divinitatis es una percepción innata y directa de Dios. Esto sugeriría que nuestro «sentido de Dios» no es simplemente paralelo a otras pruebas empíricas. Más bien, haría que la creencia en la existencia de Dios fuera tan racional y básica como la creencia en lo que vemos con nuestros ojos o escuchamos con nuestros oídos.
Las versiones más fuertes de la idea del sensus divinitatis implican que todas las personas «saben» que Dios existe, un concepto que no está exento de controversia. Sin embargo, incluso ese extremo es distinto de la idea de que la creencia en Dios es totalmente independiente de la razón o las pruebas. Tal enfoque, conocido como fideísmo, implica que las observaciones empíricas y el intelecto son incapaces de proporcionar una fe significativa. El concepto estándar de sensus divinitatis sostiene que poseemos un sentido de Dios, además de, y no a pesar de, otras pruebas.
Los defensores del sensus divinitatis señalan que la abrumadora mayoría de las personas a lo largo de la historia han tenido alguna creencia en lo sobrenatural. Esto incluye a aquellos en culturas secularizadas y a aquellos que rechazan la fe organizada o las religiones específicas. Es decir, una proporción extremadamente pequeña de la humanidad rechaza absolutamente todos los conceptos de realidad espiritual o sobrenatural. Siguiendo el paralelo con los sentidos empíricos, los defensores sugieren que este “sentido de Dios” o “sentido de lo espiritual” casi universal no debe ser desestimado como un producto de la imaginación. Aquellos sin este sentido de Dios serían entonces comparables a aquellos con ceguera congénita o adquirida, Juan 12:40.
Surge una pregunta concerniente a las percepciones alternativas de lo divino. En teoría, uno podría afirmar que la creencia en el hinduismo, el islam o la wicca se respalda con este mismo conocimiento innato del reino espiritual. Filósofos como Calvino responderían que parte del sensus divinitatis es distinguir entre conceptos verdaderos y falsos de Dios, así como el oído en buen estado distingue e identifica ciertos sonidos. Otros teólogos responden a esta dificultad argumentando que un sensus divinitatis solo sirve para probar que las experiencias espirituales son legítimamente parte de la comprensión humana, y no que apuntan intrínsecamente hacia una cosmovisión religiosa particular.
Los cristianos pueden estar en desacuerdo sobre si el sensus divinitatis existe o si proporciona evidencia legítima para Dios. Si la percepción humana de Dios es una facultad mental distinta e innata o el efecto neto de nuestros otros sentidos es finalmente irrelevante. Lo que está más allá de la discusión es que Dios no deja excusa para la ignorancia de su existencia, Pero Dios muestra su ira desde el cielo contra todos los que son pecadores y perversos, que detienen la verdad con su perversión Romanos 1:18-20.
Todos tenemos el deber de glorificar y agradecer a Dios Es cierto, ellos conocieron a Dios, pero no quisieron adorarlo como Dios ni darle gracias. En cambio, comenzaron a inventar ideas necias sobre Dios. Como resultado, la mente les quedó en oscuridad y confusión Romanos 1:21 y de «pedir… buscar… llamar» en su búsqueda Sigue pidiendo y recibirás lo que pides; sigue buscando y encontrarás; sigue llamando, y la puerta se te abrirá Mateo 7:7.