¡ME VOY DE LA IGLESIA! Una gran reflexión

Policarpo fue un obispo de la iglesia primitiva, discípulo del apóstol Juan, contemporáneo de Ignacio y maestro de Ireneo. Según Ireneo, Policarpo «fue instruido por los apóstoles y tuvo contacto con muchas personas que vieron a Cristo». Vivió desde la segunda mitad del siglo I hasta mediados del siglo II. Policarpo fue martirizado por los romanos, y su muerte ejerció una gran influencia, incluso entre los paganos.

Policarpo y los Padres Apostólicos

Policarpo formó parte de los Padres Apostólicos, un grupo de líderes eclesiásticos y escritores cristianos primitivos que siguieron directamente a los apóstoles. Aunque solo se conserva una carta de Policarpo dirigida a los filipenses, su figura es mencionada en otros escritos como el Martirio de Policarpo y en textos de Ireneo.

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Incluso la «Carta a los Filipenses» de Policarpo no es un documento independiente. Cuando Ignacio, obispo de Antioquía, fue condenado a muerte en Roma por negarse a renunciar al cristianismo, pasó por Esmirna (Izmir), donde visitó a Policarpo, obispo local. Después Ignacio se trasladó a Filipos, donde fue muy bien recibido por la iglesia local. Antes de continuar su viaje hacia Roma, la iglesia de Filipos solicitó copias de las cartas escritas por Ignacio. Policarpo accedió y añadió una carta propia.

El mensaje de su carta

La carta de Policarpo es notable por dos aspectos:

  • Advierte sobre las enseñanzas falsas dentro de la iglesia, especialmente referentes al gnosticismo y marcionismo, siguiendo el ejemplo del apóstol Pablo (Hechos 20:29-30).
  • Menciona o parafrasea varios libros que posteriormente serían reconocidos como parte del canon del Nuevo Testamento. Entre ellos: Mateo, Marcos, Lucas, Hechos, Romanos, 1 y 2 Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, 1 y 2 Tesalonicenses, 1 Timoteo, 1 y 2 Pedro, 1 Juan y Judas. Esto sugiere que la iglesia primitiva ya consideraba estos textos como Escrituras inspiradas (2 Timoteo 3:16).

Testimonios sobre Policarpo

La información sobre Policarpo es escasa. Ignacio lo mencionó en sus cartas a las iglesias de Magnesia y Éfeso, pero gran parte de lo que conocemos proviene de su discípulo Ireneo. En una carta a Florino, Ireneo le recuerda la enseñanza recibida bajo Policarpo, quien transmitía lo aprendido del apóstol Juan y de otros testigos de Cristo.

Ireneo también menciona cómo Policarpo rechazaba firmemente las falsas doctrinas, pero mostraba comprensión en asuntos secundarios. Su vida refleja el consejo de Judas 1:3: “…contended ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos”.

El martirio de Policarpo

“El martirio de Policarpo” es una carta enviada desde la iglesia de Esmirna a la congregación de Filomelio y sus alrededores. Allí se narra cómo, siendo anciano, fue arrestado y condenado a morir quemado por su fidelidad a Cristo. El procónsul romano le ofreció salvar su vida si proclamaba: “El César es el Señor” y ofrecía incienso a su estatua. Policarpo respondió con firmeza:

Durante ochenta y seis años he servido a Cristo, y Él nunca me ha hecho mal. ¿Cómo podría blasfemar contra mi Rey y Salvador?

Se dice que, al encender la hoguera, las llamas no lo consumían, por lo que lo atravesaron con una lanza y su sangre apagó el fuego. Aunque algunos detalles tienen elementos legendarios, el testimonio de su fe inquebrantable alentó a muchos cristianos perseguidos.

Lecciones de su vida

  • Su confianza en los Evangelios y las Epístolas valida la inspiración del Nuevo Testamento.
  • Su compromiso con la teología apostólica nos anima a enfocarnos en lo esencial del evangelio.
  • Su valentía ante la muerte nos motiva a permanecer fieles a Cristo, recordando palabras como Apocalipsis 2:10: “Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida”.

Conclusión

La vida de Policarpo nos enseña que la fe verdadera no se abandona cuando llegan las pruebas, sino que se fortalece. Él prefirió la muerte antes que negar a Cristo, mostrando que el evangelio es más valioso que cualquier comodidad o seguridad terrenal.

Reflexión final

Si alguna vez piensas: “¡Me voy de la iglesia!”, recuerda que la iglesia no es un lugar perfecto, sino un pueblo redimido por la sangre de Cristo. Así como Policarpo permaneció fiel hasta el final, tú también puedes hallar fuerzas en el Señor para perseverar. Hebreos 10:23 nos exhorta:

Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.

Que tu fe sea firme, tu amor por Cristo ardiente, y tu esperanza en la vida eterna inquebrantable.

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