Esta es una pregunta que muchos cristianos jóvenes se hacen con sinceridad, especialmente en tiempos donde las emociones y la atracción pueden nublar el juicio. ¿Es pecado tomarse de las manos o mirarse a los ojos si no hay un compromiso formal como el matrimonio? Para responder bíblicamente, es importante distinguir entre lo que es pecado y lo que puede ser una puerta al pecado.

1. Dios nos creó con emociones, pero también con límites
Dios nos diseñó como seres relacionales. Sentir afecto por alguien no es pecado. Mirarse a los ojos o tomarse de las manos no son pecados en sí mismos, pero todo depende del contexto y de la intención del corazón. La Biblia dice:
El corazón es engañoso más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Jeremías 17:9
Si el contacto físico o la mirada prolongada despierta deseos que solo deben expresarse dentro del matrimonio, entonces debemos tener cuidado. Jesús fue claro cuando dijo:
Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. Mateo 5:28
Esto nos enseña que el pecado no comienza con la acción visible, sino con la intención del corazón. Por eso, debemos evaluar nuestras motivaciones al buscar o permitir cierto nivel de intimidad fuera del matrimonio.
2. La pureza no es solo física, también es emocional y espiritual
La Palabra de Dios nos llama a vivir en santidad en todo aspecto de nuestra vida. No se trata de legalismos ni de prohibiciones arbitrarias, sino de honrar a Dios con nuestro cuerpo, mente y espíritu:
Porque la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación; que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor. 1 Tesalonicenses 4:3-4
Por lo tanto, aunque mirar a alguien a los ojos o tomarse de las manos no sea un pecado directamente, debemos tener en cuenta si eso edifica, si honra a la otra persona y si nos acerca o nos aleja de la pureza que Dios desea para nosotros.
3. ¿Qué guía nuestros gestos y actitudes?
La clave está en el propósito. Un saludo fraternal, una mirada de aprecio, una expresión de cariño sincero pueden ser limpios y puros. Pero si lo que hay detrás es coqueteo, manipulación emocional o un deseo de placer personal, entonces la intención ya está manchada. Pablo escribió:
Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica. 1 Corintios 10:23
Los cristianos estamos llamados a amar con pureza, a tratar a los demás como hermanos y hermanas en Cristo, y a no provocar ni poner tropiezos:
No hagamos más tropiezo al hermano, ni ocasión de caer.Romanos 14:13
Conclusión
No es pecado mirarse a los ojos ni tomarse de las manos si no se está casado, pero debemos examinar con honestidad el corazón y las intenciones detrás de esos gestos. La pureza no se trata solo de lo que se hace, sino del por qué y para qué se hace. Si estos gestos conducen a la tentación o a despertar deseos fuera del tiempo de Dios, entonces debemos apartarnos y buscar formas más saludables de expresar cariño y respeto.
Reflexión final
La verdadera pureza nace del amor a Dios y del deseo de honrarlo en cada área de nuestra vida. Antes de mirar a alguien o tomarle la mano, asegurémonos de que nuestras intenciones sean limpias y que nuestras acciones glorifiquen a Cristo. En un mundo que trivializa el afecto, vivamos con discernimiento y amor verdadero, sabiendo que los que esperan en el Señor no serán avergonzados.
Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios. Mateo 5:8