La depresión es una cárcel que nos toma prisioneros y nos hace creer que estamos solos y que la única salida a nuestra situación es el suicidio. Cuando invitamos a Jesús a estar con nosotros en los momentos de soledad y bajeza es cuando podremos experimentar nuestro verdadero propósito en Él, de otro modo estaremos prisioneros por el resto de nuestra vida.