
El rey David en un momento de su vida sintió miedo y frustración que lo llevo a desear huir a un lugar lejano, quiso tener alas como paloma para aislarse de las aflicciones que estaba padeciendo, a pesar de que Dios siempre estuvo con él, su animo y fuerzas tocaron fondo. De esta forma nos ocurre a nosotros corremos de las adversidades, le damos la espalda a los problemas, es decir huimos en lugar de hacerles frente, ya sea porque son consecuencias de algún error o por las pruebas que Dios nos permite vivir. No huyamos de la batalla, vayamos a Dios y enfrentémosla. «Y dije: ¡Quién me diese alas como de paloma! Volaría yo, y descansaría» Salmos 55:6.
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