El Espíritu Santo no es simplemente el poder impersonal o la energía de Dios. Él es verdaderamente Dios. Jesús lo describió como nuestro Ayudador, Consolador y Consejero. Él nos da fuerza para que vivamos de tal forma que nuestras vidas agraden a Dios, y nos da los dones que nos ayudan a alcanzar el propósito con el cual fuimos creados.
La biblia dice que tenemos que buscarlo y reconocerlo como Dios, tenemos que invitarlo a nuestras vidas y tener una relación con Él. No debemos esconderlo, más bien tenemos que demostrarlo en nuestra vida, mostrarlo y llevarlo a los demás a través del amor, gozo, paz, paciencia, benignidad y dominio propio.
Saca al Espíritu Santo del closet – Rocío Corson