El dolor nos puede ayudar a tener expectativas mas realistas acerca de nuestros dones y limitaciones.
Es necesario que atravesemos por el proceso y el dolor, pues eso nos ayuda a formarnos y a madurar; pero es allí donde debemos elegir una de dos opciones, decidimos quedarnos y morir o avanzar y crecer.
El dolor ciertamente no es agradable, pero lo que forma en nosotros es la fortaleza y confianza en Cristo que Dios desea que tengamos.