Muchos de nosotros decimos confiar en Dios y en su soberanía, pero cuando nos toca experimentar ciertas circunstancias es allí donde se prueba si realmente lo que dijimos que creíamos era algo proveniente de un pensamiento o de una emoción pasajera o realmente era una convicción, pero somos probados cuando llega el momento de vivir una situación muy difícil y es entonces cuando cuestionamos la inteligencia de Dios pensando:
¿Será Dios tan inteligente para saber lo que me conviene y lo que no?Más la realidad de esto es que nunca podremos vencer la frustración si no tenemos confianza de que realmente Dios sabe lo que es mejor para nosotros.