Cuando nos engañan y nos roban llegamos a sentirnos muy mal, no hay nada peor que experimentar la deslealtad de aquella persona que se ha ganado nuestra confianza. En Juan 10:10 Jesús dijo: «El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia». No podemos permitir que el enemigo nos robe el gozo, la paz y sobre todo la fe, debemos atesorar y guardar celosamente aquello que nuestro Dios nos ha entregado.