Todos hemos sido heridos de alguna manera, además no podemos vivir mucho sin cometer un error, algunos marcados por una ruptura, una mala decisión quizás lastimados por una niñez difícil, pero al transcurrir el tiempo nos dejamos etiquetar como inferiores, nos creímos mercancía dañada, mantenemos nuestra mente en los fracasos que tuvimos. Es probable que estemos dañados en el exterior sin embargo estos daños no marcaron nuestro interior, no cambiaron quienes realmente somos mucho menos detuvieron nuestro destino, fuimos maltratados en el exterior, pero
en el interior llevamos la sangre de un ganador.