Las alianzas con el mundo nos han demostrado que nada bueno queda de ellas y que nada bueno podemos sacar. El egoísmo, la envidia la avaricia tarde o temprano terminan por destruir las relaciones entre gobiernos, sociedades y estructuras naturales de este sistema en el que vivimos. Sin embargo, solo hay un aliado fiel, el único que no nos falla ni nos fallará jamás, y ese es nuestro Dios.