Dios no escogió al pueblo de Israel porque se lo merecía, ni por sus obras, sino por lo que dice la Palabra de Dios «que no es del que corre, ni del que quiere, sino de quien Dios tiene misericordia». Muchas veces nos esforzamos demasiado para cumplir ciertos sueños (no significa que no debamos trabajar en ello), sino que definitivamente nosotros anhelamos algo que sólo Dios puede dar y es su favor y su misericordia.