Hay voces internas que constantemente nos están hablando o incitando a hacer todo tipo de cosas, pero para que aprendamos a diferenciarlas debemos tener una relación cercana y firme con Dios. El enemigo puede desviarnos de la verdad si no discernimos sus mentiras, pues
cada una de sus palabras son para robar, matar y destruir. Una muestra de esto fue cuando Eva sostuvo una conversación con la serpiente al inicio de la humanidad, satanás primero sedujo su mente, la hizo dudar y luego la reto para que pecara contra Dios.