Nosotros la iglesia somos como una embarcación, y estamos rodeados de mucha maldad. Jesucristo dijo que la maldad se iba a aumentar, pero el propósito y el llamado de Jesús a cada uno de nosotros es que guardemos nuestra salvación, que estemos firmes en Él para que el agua no se meta a esta embarcación. La venida del Señor está cerca, por eso debemos estar preparados para su llegada. ¡Que no se meta el agua en tu barca!