
«Y él les mandó, diciendo: Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos, y de la levadura de Herodes» (Marcos 8:15). Muchas veces permitimos que las mentiras del enemigo entren a nuestra mente y pensamos: si yo fuese como, si yo tuviera tales cosas, es entonces cuando estas ideas comienzan a fermentar nuestro corazón. Por lo tanto seamos cuidadosos y diligentes para que no seamos llenos de la levadura de este mundo. Mantengamos pues la vista en las cosas del cielo para ver cumplidas sus promesas en la tierra, pensemos como Cristo piensa.
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